«8½ (Otto e mezzo)» : El regreso del que nunca se fue

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Es muy difícil hacer una review de «Ocho y medio» de Federico Fellini. Podemos discutir si hoy el público masivo o que no la vio en su tiempo, puede disfrutarla de la misma manera que lo hace los y las cinéfilos/as de todo el mundo. Pero creemos que su valor es tan alto, que no nos queda más que celebrar su llegada a salas en un momento tan delicado para nuestra industria. ¿Pero por qué esta cinta es tan especial?
Podrán leer mucho sobre ella, desde su nombre (habla sobre la cantidad de obras que el cineasta había rodado hasta el momento), hasta cómo fue el rodaje y la convivencia entre actores y el director. Pero nada se puede comparar a disfrutarla en pantalla grande.

Intentaré definir esta cuestión con una mirada, quizás menos técnica, pero más de espectador nato. Primero, esta cinta está increíblemente filmada. Para quienes amamos el cine, impresiona el trabajo de fotografía y montaje del film.

Hoy en día ver películas en blanco y negro le cuesta a la gente, pero dejenme decirles que se sentirán cómodos en la atmósfera que propone el film, ya que si bien pueden empatizar o no con el protagonista y sus problemas, lo cierto es que es una propuesta nítida sobre la crisis que sufren los genios cuando la usina creativa se apaga o ralentiza.

Segundo, el aire melancólico que emana de la historia (ahora entraremos en ella), le da un brillo singular, triste pero luminoso. Sabemos que Guido Anselmi (Marcelo Mastroianni) está perdido y angustiado, pero a la vez, presto a ser salvado de esa angustia existencial que supone sentirse vacío y fuera de su zona de confort. ¿Lo salvarán las mujeres de su vida (¿las pasadas, presentes y las que podrían venir?)
Sabemos que Anselmi sale de una situación donde su salud empieza a llamar su atención y detiene su próximo proyecto por unas semanas, mientras busca recuperar la magia perdida. Lo que él no sabe es que el escenario se desdibujará en su mente a medida que la historia avance…¿Será que este estado ilusorio y divergente le permitirá resolver su desequilibrio?


Hay en la actuación de Mastroianni, una cadencia fantástica, natural y enigmática. ¿Cuán perdido está realmente? ¿Cómo se vive el éxito cuando sólo eso generás en tu vida? ¿Qué cosas conmueven a los creadores hasta sus cimientos? ¿El amor… impulsa o entierra tus aspiraciones?

Fellini instala sus propias inquietudes en ese personaje y trata de que refleje no sólo sus contradicciones, sino su luz particular y única. Y lo logra.
Tercero, la teatralidad que emana de «Ocho y medio». No logro explicar porqué, pero si bien es una gran producción (ganó incluso el Oscar a la mejor película extranjera en su tiempo), ofrece un registro tan íntimo de cuestiones no tan comunes que sorprende incluso hoy en día. ¿Será que esa situación que presenta puede transpolarse con otras de nuestra cotidianeidad?
No todos tenemos crisis creativas. Sí, transitamos por situaciones complejas. Pero esta encrucijada del artista perdido, parece hasta ser coreografiada para exponerse con todas las luces. Las mujeres de la vida de Anselmi se van sucediendo como salvavidas de plomo, en tanto suman pero restan, de alguna manera, a la solución de su ansiedad. Hay conflicto y a su tiempo, las piezas terminarán encajando de una manera tan extraña, que te sorprenderá…


Y tarde, pero sí, ¿De qué va la película? En pocas palabras, es la historia de un cineasta en conflicto existencial. «Ocho y medio» desarrolla ese recorrido, el de un hombre perdido, que tiene fantasías sobre mujeres, que ama y desea y por sobre todas las cosas, anhela ser rescatado, simbólicamente, por alguien o algo que ordene su desconcierto personal… Quizás sea que sus mujeres (ya sean formales, amantes, musas) no logran anclar su amor y transformar su angustia en algo más que placer mundano…
¿Qué les falta a los que poseen todo? ¿Cómo obtienen aquello que realmente desean con toda el alma?

Este re-lanzamiento del súper clásico del gran maestro italiano se pensaba para conmemorar el aniversario de su natalicio, allá por principios de 2020. No llegó en los cines a su tiempo, pero pueden disfrutar hoy, de esta pequeña gema del cine italiano moderno. Posee tanto para contar, que preferimos dejar todas esas sorpresas, sin mencionar, para que las descubran en la inmersión que propone su compleja y onírica trama.
Un deleite, la verdad. Puede que no conectes rápido con ella, pero si aceptás su color y singularidad, descubrirás porque Federico Fellini fue un maestro de maestros. Vale la pena, tenerlo presente y reencontrarse con él hoy, luego de tanto tiempo sin proyecciones en sala…

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