Biutiful: jorrid, intens an sadist

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He aquí un director controversial. Alejandro González Iñárritu ha generado desde siempre, reacciones encontradas con su trabajo. «Amores perros» y «Babel» han sido premiadas, discutidas y alabadas por la crítica mundial aunque con la llegada de Biutiful, muchos de quienes apoyábamos su línea de trabajo empezamos a pensar que quizás, en algún lugar estabamos equivocados.

¿Cómo  definiríamos su cine? Historias corales (aunque esta no lo sea), preferencia por mostrar la fragilidad del cuerpo humano, descenso a los abismos morales, contradicciones intensas en sus personajes, dolor, oscuridad, desconcierto. Se me ocurren muchos más, pero creo que ya tenemos una idea desde donde partir. ¿Es un cine para todos? No, indudablemente. No siento que, como otros directores, uno necesite estar preparado «intelectualmente» para apreciarlo, pero si que uno debe estar predispuesto a sufrir desde la emocionalidad, el mismo camino que los protagonistas de la historia. Iñárritu logra unirnos con la suerte de sus peones y en ese tablero que domina, siempre transitaremos por senderos dolorosos, intensos y lacerantes. Si están dispuestos a ese viaje, quizás «Biutiful» sea una película para que no se pierdan.

Estamos en Barcelona, pero una poco cercana a las imágnes bellas que habitualmente conocemos de la ciudad. La Barcelona que nos traen es la que no miramos, la del delito, la pobreza, los adictos, los ilegales y la basura. Alli conoceremos a Uxbal (Javier Bardem), nuestro paladín según el plan de Iñárritu, un pobre tipo que vive una existencia miserable en un barrio marginal. Es padre de dos niños y su mujer es una persona adicta y con severos trastornos psicológicos. Extrañamente, Uxbal posee una especie de cualidad que lo hace unico, puede conectarse con un mundo distinto y percibe la presencia de la muerte a cada instante. Su trabajo no lo ayuda: trata con ilegales inducumentados, africanos y chinos, y sirve de mano de obra barata a unos asiáticos mafiosos que explotan dicha gente en talleres textiles no declarados. Hay rastros de su anterior vida (de la que suponemos que compartió con su esposa el tema de las drogas) y el dinero nunca alcanza, por lo cual hay que trabajar muchas horas sin ver a los niños.

 

 

Para colmo, le detectan cáncer. Es irreversible y le dan pocos meses de vida. Cuando él entiende la gravedad de su enfermedad, decide cambiar su vida y tratar de dejar sus temas resueltos para cuando no esté. A eso abocará su energía a lo largo de la película.

Y ya está. De ahí en más, Irrárritu se hace un festival con lo escabroso y siniestro de la historia. Uxbal se irá muriendo en cámara, mágnificamente interpretado por Bardem, y esto será registrado con una mezcla de crueldad y poesía, cuanto menos, macabra.

La degradación física del protagonista y la adversidad constante de lo que tiene que enfrentar son constantes a lo largo del film, y hay que tener mucho estómago para soportarlas. Y lo dice un crítico de cine eh!

Era un film especial para este cineasta. Se nota. El director logró reunirse con un equipo técnico maravilloso que apoyó su concepción y revistió a la cinta de un profesionalismo acabado y personal. Pero esto, lejos de enriquecer la mirada, la cerró, inexplicablemente. Sólo mirando la lista de sus colaboradores encontramos a Rodrigo Prieto, (director de fotografia de «Brokeback mountain») y a Gustavo Santaolalla, componiendo una lujosa banda de sonido, así que imaginen… Alejandro González Iñárritu pudo utilizar todo su arsenal para dotar a la historia de la profunidad que quiso. Y contando con estos elementos, potenció todos sus vicios, al punto de que «Biutiful» se convierte en un viaje al dolor puro, sin ningún tipo de matiz (como sí tenían sus trabajos anteriores).

Visceral al extremo, sádica hasta el límite de lo tolerable y criminalmente cruel, esta película no es «Biutiful», sino «Agli», como diría mi colega Diego Battle.

Un film controversial y una actuación de Javier Bardem inolvidable, sólo si pueden llegar hasta el final de los eternos 148 minutos que dura la proyección. Una operación a corazón abierto, sin anestesia y con los profesionales más sádicos del nosocomio.

 

  

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