«Dark Waters» (El precio de la verdad): Las aguas bajan turbias

Tiempo de lectura: 5 minutos

Todd Haynes («Velvet Goldmine» «Carol») impone una corrección muy lejos de su personal estilo en un film basado en hechos reales que no depara demasiadas sorpresas.

Corre el año 1998: Robert Billot es un típico abogado corporativo de Ohio que es uno de los socios de un afamado y lujoso estudio. Todo cambiará cuando aparezca en sus oficinas pidiendo desesperadamente ayuda, un granjero que indudablemente no pertenece al universo de clientes que suelen contratar los servicios de un gran buffet.  

Se presenta como un viejo conocido de la madre de Robert y, un poco por esta referencia y un poco por la curiosidad que termina despertándole el caso, se verá comprometido a tomar cartas en el asunto, aun cuando notoriamente ese cliente no tiene el perfil de su esquema de trabajo.  

Wilbur Tennant, el granjero en cuestión, le presenta una gran cantidad de información y de pruebas de todo tipo sobre el daño que ha sufrido su ganado en el último tiempo, habiendo prácticamente perdido casi 200 cabezas en un corto plazo.

Atando cabos, todo apunta hacia la fábrica de DuPont que se encuentra instalada en las proximidades y poco a poco van apareciendo más y más damnificados cuyos testimonios conducen irreversiblemente a uno de los componentes que utilizar la firma en la producción del teflón.

Como toda corporación poderosa, DuPont ha hecho oídos sordos a todos los exámenes que indicaban que este componente afectaba directamente a la salud sus empleados y también, obviamente a los animales que beben de los ríos en donde la empresa desecha su residuos tóxicos envenenando el agua, el suelo y enfermando a los empleados que trabajaban directamente en la línea de producción donde se evidenciaron casos de problemas sexuales, cardíacos, cáncer y malformaciones en los hijos de la empleadas que había cursado el embarazo trabajando en las líneas de producción.

A medida que Robert avanza en el caso, se irá internando en un entramado que lo va conduciendo a muchas más víctimas de lo que había sospechado, reforzando en cada paso lo que este modesto granjero quería denunciar.

DARK WATERS – EL PRECIO DE LA VERDAD” trabaja desde el modelo de película basada en hechos reales, los flagelos a los que las diversas compañías nos someten a costa de maximizar sus beneficios sin tener en cuenta en ningún punto, los graves daños que infringen sobre la población y el medio ambiente (el caso local ya tratado en el cine en películas como “Respira” o “El Rocío” es el tema de la fumigación con agrotóxicos en las poblaciones de las provincias donde se han evidenciado flagelos similares pero el Estado sigue sin accionar ni dictaminar sobre el tema). En este caso, Robert quedará como encargado de desenmascarar lo que realmente está sucediendo, una especie de héroe judicial que desarticulará los negociados y los ocultamientos de los empresarios más poderosos.

Si bien primeramente Robert, atraviesa un dilema ético porque justamente DuPont es el estilo de clientes de los que tiene el estudio y ahora justamente tendrá que litigar en su contra, el film de Todd Haynes no se apoya precisamente en este tema de la ética profesional y el bien común, sino que toma esto como punto de partida por el cual Robert se irá involucrando más y más en este caso, aún a riesgo de comenzar a tener problemas familiares y corriendo peligro dado que las poderosas corporaciones tomarán las consabidas represalias no sólo contra él sino justamente contra los denunciantes originales.

Basada en el artículo del New York Times titulado “El abogado que se transformó en la peor pesadilla de DuPont” de Nathaniel Rich, la película de Haynes navega con corrección entre una película de tribunales y la típica historia de hechos reales que casi desde el primer momento podremos saber en qué desembocará por más que no conozcamos el caso.

El cine de Haynes, desde sus primeras películas como “Poison” y “Safe” llamó poderosamente la atención no solamente por su estilo narrativo novedoso e irreverente sino que además fue cimentando su filmografía en base a películas con una cierta temática como común denominador, pero por sobre todo con una estética que ha marcado fuertemente su estilo personal.

La mirada de Haynes está completamente alejada de las convenciones y se nota  libre de cualquier prejuicio y cineastas de la talla de Gus Van Sant o Rose Troche han formado parte junto a él del movimiento de New Queer Cinema, dando a luz películas con una posición transgresora, sin perder una cuidada estética más apegada a lo clásico y  reversionada a los tiempos que corren, por la mano de Haynes.

Así conocimos “Velvet Goldmine” “Lejos del Paraíso”, su Bob Dylan de “I´m not there”, su serie para televisión “Mildred Pierce” o la exquisita “Carol”, romance lésbico con Cate Blanchett y Rooney Mara, todas películas que dan cuenta de un recorrido en un sentido del que “DARK WATERS – EL PRECIO DE LA VERDAD” carece por completo.  

La película es correcta, cumple con su objetivo y el pulso de Haynes hace que sea interesante en todo su recorrido, pero hay algo de fuerza, de pasión, de conflicto nodular en los personajes que no termina de emerger y todo guarda un tono correctamente tibio, hasta apático.

Es también la oportunidad de que Mark Ruffalo como Robert Billot, vuelva a destacarse una vez más, componiendo con completa corrección un personaje que no le implica demasiados desafíos pero que lleva el peso central de la película y lo enriquece con su presencia.

Ruffalo tiene carisma y sostiene perfectamente la tensión del filme, acompañado además por un elenco secundario de primer nivel entre los que se destacan Bill Pullman, Tim Robbins, Ann Hathaway –en un papel que no le permite el lucimiento que ella podría tener- y las participaciones de Mare Winningham y Victor Garber.

Después del traspié de “Wonderstruck”, Haynes logra un relato que capta el interés del espectador, aunque al mismo tiempo se lo percibe distante, algo frío, como si fuese una película de encargo para un gran estudio en la que él no ha logrado transmitir casi nada de su impronta o de los conflictos más profundos que suelen atravesar a sus personajes, diluyendo rápidamente el dilema moral del personaje central, adhiriéndolo a lo políticamente correcto y a lo que debía moralmente hacer.

Y no mucho más que eso…

Aún no hay votos.
Please wait...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Follow by Email