Entrevista: Gonzalo Justiniano «Unos pocos deciden qué cine se debe hacer y ver».

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De reciente visita invitado por el 4 FICIP, el director Gonzalo Justiniano presentó "Cabros de Mierda" su última realización

El mítico realizador chileno presentó el film, de tintes autobiográficos, que desnunda el proceso de dictadura en Chile. Nos reunimos con él para hablar de su obra y compartir ideas sobre el cine como hecho político.

¿Cuál es tu mirada sobre el Festival?

Creo que es fantástico que existan festivales como este, en momentos en donde se muestran sólo productos estandarizados en una región en donde los difusores eligen no hablar de la vida real, escapando a la realidad económica y líderes como Trump o Putin, en ese sentido yo hago cine para, si llevo espectadores fantástico, tomar partido. Necesitamos un tipo de cine que vaya más allá de la estupidez, del éxito, que hizo tanto, que llevó tantos espectadores, eso es grave. Necesitamos comunicarnos, porque vivimos en islas en solitario y hay que comunicar.

¿Por qué crees que muchos no comprenden aún que el cine es un hecho político?

Porque, por ejemplo, en el reciente Festival de Cannes, unos pocos deciden qué cine se debe hacer y ver, eso le quita la idiosincrasia y particularidades de la región, riquísimas para el resto del mundo. El cine tiene que financiarse, al inversor privado le interesa hacer dinero, es más fácil hacer hamburguesas. Los productos tienen que invitarte a ver la realidad.

Y dentro de este contexto ¿cuán complicado se te hace conseguir dinero para rodar?

Es muy complicado, tengo que acudir a coproductores. Cuando estuve en el exilio en Francia, por ejemplo, allí ellos tienen otro sistema de producción, obligando a televisoras a producir una cantidad de horas por año. Allí el Estado tiene otro rol. Pero es muy complicado, igual se avanza, pero en la esencia está todo concebido para que nuestras producciones no tengan mucho éxito, porque lo diseñan las grandes multinacionales de cine, con dinero, mucho, para publicidad, y nosotros somos un mercado más chico. Nos quejamos pero el cine latinoamericano existe, nuevos directores, tendencias, el aporte de la mujer, pero todo en una cancha que no está diseñada por nosotros, y el modelo está pensado para que no existamos, como cuando surgía la TV por Cable y pensábamos que allí íbamos a poder mostrar nuestro trabajo.

¿Cómo fue regresar a La Victoria para narrar la historia de Gladys?

Muy duro, de hecho yo regresé a Chile pero nunca volví allí. Lo evitaba. Lo que me motivó a hacer la película fue que el Museo de la Memoria a 25 años del golpe se enteró que tenía imágenes en u matic, ellos me invitaron luego a ver en una proyección y participaron como 30 de La Victoria. Tenía como “una protección” y empecé a mirar y los reconocí, y más cuando empecé a ver el material, terrible, era mi película, lo había filmado yo, pero lo veía con distancia. En Chile hubo algunas películas sobre la problemática, algunos lo entienden y otros no. Pero hay que entender que las películas deben comprenderse desde el corazón como dicen los franceses. Hay que saber que hubo una dictadura que mataba, que otros tenían que esconder y ayudar, y para mí fue un desafío, porque los datos duros están, las discusiones siempre son si se mató a 5 mil cuatro o 5 mil ocho. Y eso no es el foco, aunque se haya matado uno. La dictadura financió una búsqueda de enemigos, y se inventó al enemigo. Es bueno dejar rastros sobre esto, los americanos financiaron todo, como la Escuela de las Américas, que adiestraron gente para matar a los de izquierda. Eso es un hecho, la bestialidad del ser humano que llega a eso.

¿Es difícil llegar a las nuevas generaciones narrando de una manera para que lo comprendan?

El problema es otro, los medios como están diseñados hacen una campaña para que se crea que a las nuevas generaciones el pasado no les interesa, y no es así. A mí me pasó con “Amnesia” y me “mataron”, acá estuve más preparado, una periodista me decía eso y le dije “es mi vida, la quiero contar, y quién dice que a la gente no les gusta ver esto?”, en Chile no hay muchas películas sobre la dictadura, en Estados Unidos hay mil sobre la guerra de Vietnam. Ella respondía a un editor, el problema es de ellos, porque responden a un diseño comunicacional que mata a aquellos que queremos revisar el pasado.

¿Cómo sigue el recorrido del film?

Se estrenó en agosto en chile y estuvo como cinco meses, aunque no se debe contar hoy sólo lo de las salas, porque en el mundo el box office está liderado por cine infantil o para jóvenes adultos, no hay autores, dramas, lo que a mi concierne fue una agradable sorpresa por lo que provoca, mucha emoción, la película conecta y comunica, uno intenta hacer películas que lleguen a la gente. Estamos invitados a muchos festivales y se está vendiendo.

 

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