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“Get out” (¡Huye!): Los afroamericanos perfectos

Uno de los más grandes éxitos de terror de este año, ¡Huye! Llega finalmente a nuestra cartelera con algunos meses de retraso y luego de certeras dudas sobre su arribo a nuestras salas. ¡Huye! Viene precedida de una fuerte campaña publicitaria que la elevó a la categoría de ser casi un fenómeno sorpresivo.

¿Es en realidad ¡Huye! una renovación dentro del cine de terror? Lo primero que llama la atención es la presencia detrás de cámara de Jordan Peele, conocido como actor comediante tanto en cine como en televisión. Este dato no será menor en el tono escogido para ese film que se ubica en una línea fina entre el terror, el suspenso y tintes de comedia; ¡Huye! Se caracteriza por ser un film relajado pese a sus momentos de gran tensión.

Lo cierto es que sus antecedentes son bastante simples de encontrarlos. La novela de 1972 The Stepford Wives, de Ira Levin, es uno de los best sellers de género más famosos de los últimos cincuenta años; y por supuesto, no ha sido ajena al cine.

La historia de un pueblo de suburbio en el que las mujeres eran remplazadas por robots de perfecta conducta marital, maternal, y como amas de casa; tuvo su primera y célebre adaptación en 1975; tres secuelas directas en el que no solo volvieron las esposas robots, sino que se las cambió por los hijos, y por los esposos; una nueva versión en clave de comedia realizada en 2004; más otras adaptaciones encubiertas o indirectas como Disturbing Behavior o Perfect Little Angels. ¡Huye! Cómodamente se halla dentro de estas últimas.

Chris (Daniel Kaluuya) se encuentra encaminando una relación seria con Rose (Allison Williams), a ambos se los ve feliz y es hora de que Chris conozca a sus futuros suegros. Esto podría ser La familia de mi novia, pero hay algunos datos particulares, Chris es afroamericano y tanto Rose como su familia son caucásicas.

Esto solo, pone en gran nerviosismo a Chris que debe viajar a un suburbio de clase acomodada a conocer a este matrimonio y al hermano de su novia. Missy y Dean Armitage (Catherine Keener y Bradley Whitford) se muestran amigables y educados, aunque algo exigentes, ambos pertenecen al mundo de la psicología y la neurociencia; y parecieran no tener ningún conflicto con el color de piel de Chris. Jeremy (Caleb Landry Jones), el hermano menor sí es un poco más conflictivo.

Pero algo raro hay en esa comunidad, (casi) todos son de piel blanca, y los pocos que hay de piel negra ocupan una posición servil totalmente aceptada con condescendencia. Son jardineros, empleadas domésticas, o amantes complacientes de mujeres mayores ¿Chris viajo varias décadas en el tiempo? No, y los Armitage tienen mucho que ver con la situación de ese suburbio.

Los hilos de ¡Huye! se ven desde el principio, con solo haber visto algunas de las adaptaciones o referenciales de Stepford Wives sabremos qué es lo que traman los Armitage. De todos modos, ¡Huye! no necesita de gran originalidad para mantener altos estándares.

Si no se espera un terror abundante en sangre, y se aprecian más los climas creados en suspenso, el film de Peele es una interesante experiencia, por lo menos hasta promediar su final. Kaluuya tiene el carisma suficiente para soportar el protagónico, pero quien se lleva todas las palmas, nuevamente, es esa luz cinematográfica llamada Catherine Keener.

Una verdadera todoterreno que demostró grandes dotes para la comedia y el drama, ahora compone a una villana sin exageraciones que mete un profundo miedo desde las sutilezas; alcanza con una escena, LA escena, para que nos deje con los pies temblando. Cada intervención suya eleva el resultado a niveles más altos. Marcus Henderson compone a Walter, un policía aeroportuario, amigo de Chris, y que se carga toda la comicidad del film al hombro.

Su participación puede resultar algo anti climática, pero resulta efectiva en el tono del film que nunca apuesta a algo extremo. ¡Huye! se mantiene en un nivel interesante, más que aceptable, pero a la hora de resolver su entuerto pretende ser más compleja de lo necesario, quizás algo similar a lo ocurrido con Las mujeres perfectas del 2004.

Cuando todas sus cartas ya estaban jugadas y el asunto pudo encaminarse a resolverse de un modo simple pero convincente, le suma unas vueltas de tuerca que caen entre lo obvio y lo demasiado embrollado, comienzan a aparecer los baches inocultables, y así, el resultado si bien no termina por desagradar no finaliza con el entusiasmo que mantuvo durante la mayoría de su metraje.

Ultima actualización (Jueves 11 de Mayo de 2017 10:23)

 

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