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"Tiempos menos modernos" : civilización o barbarie?

Me costó la película. Debo reconocer que sus primeros 40 minutos de proyección me parecieron anodinos, descriptivos (lindos paisajes sureños) y sin mayor relieve. Con un fuerte sesgo documental, "Tiempos menos modernos" hasta ahí me parecía un film sin mayores atractivos, hasta que un elemento se incorpora a la discusión (la televisión satelital como medio de comunicación y entrada a la globalización) y detona la cuestión. Ahí, si, cambia el panorama casi instantáneamente.

Lo que hasta ese momento era pausado y hasta, podría decirse, naturalista, toma forma y cobra sentido. La historia comienza a brillar, hasta plantearse como un claro ejercicio de confrontación teórica: ¿modificamos la vida de los sujetos si los invitamos a conectarse con un medio electrónico y lo exponemos a él?

Esa es la pregunta (que se toma bastante tiempo en aparecer, digamos) que se juega en el film. La respuesta, previsible, es lo de menos. El camino, cinematográficamente, es lo que importa. Lo rico está en degustar cómo se va dando el proceso.

Oscar (Payaguala) vive en una zona montañosa (cordillerana?) del sur. Tiene una existencia simple, es un hombre de campo y sus actividades son todas, de tipo rural. Nos adentramos en su casa y somos testigos de su rutina hasta que cierto día, un amigo chileno le recuerda que en su galpón hay un regalo para él. No sabemos muy bien cómo, pero llegó a su hogar un aparato de televisión satelital. Así es que Oscar, poco conmovido por la noticia, deja que Felipe (Nicolás Saavedra) instale la antena y lo ponga en funcionamiento.

De más está decir que es la puerta a un mundo que Oscar no sospechaba que podía existir.

"Tiempos menos modernos" cuenta, en definitiva, la historia de un proceso de incorporación de un hombre de campo a la cultura global. Para bien, o para mal (eso tendrán que decidirlo ustedes). Payaguala es un ejemplo ideal para graficar este proceso.

Desde lo técnico, una película correcta, modesta y honesta. Como Oscar. Así de simple. Su director, Simón Franco nos convence a través de su lente, de la importancia de reflexionar sobre la anécdota y darle sentido.

Una alternativa interesante si son espectadores ávido por las historias personales con sesgo documental.

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