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“The Wife” (La esposa): Detrás de todo gran hombre…

 

La primera incursión hollywoodense del director sueco Björn Runge, "La esposa", es un drama que intenta llevar el candente mensaje feminista a un público mayor, apoyándose en un dúo interpretativo que es pura potencia. … hay una gran mujer...¿Y por qué no a la par?

Basada en el best seller de Meg Wolitzer, "The wife" aborda el rol del género femenino dentro de la sociedad, del mundillo literario académico, y también en los juegos internos de una relación establecida. ¿Es posible hacer una deconstrucción y, en perspectiva, revisar los roles impuestos?

Esa quizás sea el interrogante que aqueja a Joan Castleman (Glenn Close), esposa desde hace varias décadas del escritor Joe Castleman (Jonathan Pryce). Durante años Joan calló. Se dedicó a ser la figura decorativa detrás del intelecto de la familia. Joe es un patriarca hecho y derecho.

Ejerce su poder sobre cada miembro de su familia, su esposa, y sus dos hijos, David (Max Irons) y Susannah (Alix Wilton Regan). Joan no solo soporta esa posición de su marido, la avala, apoya, y pareciera hacer todo para que así sea frente a la vista pública. Claro, en soledad es otra cosa, pero se debe mantener el statu quo.

El escenario abre con el anuncio desde Suecia sobre la premiación de Joe como Nobel de literatura. El matrimonio de ancianos festeja, hasta tienen sexo, pero de inmediato comenzamos a percibir los gestos de Joan. Al igual que sucedía en "Big Eye" de Tim Burton, Joe se está llevando un crédito que no le pertenece.

El espectador lo intuye certeramente desde el primer momento, aunque se explicite más adelante, por más evidente que sea. Joan se condenó a sí misma a soportar ser una sombra, un adorno, por esa admiración hacia su hombre, por el que peleó por poseer. La esposa nos habla de feminismo.

Pero no lo hace mediante el lenguaje de la lucha social. Tampoco pareciera apuntar al target generacional que se animó a poner los reclamos feministas en boca de la opinión pública mayoritaria. No, La esposa le habla a esas mujeres como Joan. Tanto la puesta de Runge, como la adaptación de Jane Anderson, manejan un ámbito elegante, amable, de ritmo no lento pero sí calmo, y en un primer tramo cargado de sutilezas.

La esposa es lo que prejuiciosamente se conoce como “cine para la tercera edad”, como una "Hotel Marigold", pero con visión feminista en el medio.

La historia se maneja en dos tiempos. Mediante constantes flashbacks, recorreremos la historia de cómo Joan y Joe se conocieron, siendo ella su estudiante en la universidad.

Él estando casado, y ella introduciéndose de a poco dentro de esa familia. Cómo ella pasó de ser una mujer con carácter, e ir apagándose, hasta un lugar en el que su esposo la ningunea como escritora, la destrata, la relega a charlas banales con otras mujeres “de sociedad”, y hasta su hijo le quita peso a su opinión. Entre esos dos tiempos, a medida que avanza, "La esposa" va perdiendo algo de fuerza, y lo sutil comienza a volverse más obvio, previsible y reiterativo.

Sin embargo, hay que decirlo, nunca llega a desbarrancar. Para cuando el secreto ya sea revelado en la historia, aunque el espectador ya lo sepa, La esposa tomará algunos tintes melodramáticos innecesarios, que quizás se justifiquen en la mirada del público al que apunta. Pero que restan profundidad narrativa. Inteligentemente, Runge se apoya en sus protagonistas. Pryce y Close actúan mediante técnica y química; logrando conexión inmediata.

Era esencial creerles la farsa del matrimonio, y lo logran. A Joe había que odiarlo, y lo hacemos, tarea cumplida para Pryce. Hay una observación también sobre la mirada de la persona de tercera de edad de acuerdo al género; la mujer es una viejita decorativa, el hombre adquiere sabiduría y prestancia sensual.

Pero quien se lleva las palmas es Glenn Close, mediante su gestualidad permanente, su decir, y su caminar, casi que podría no hablar (y ahorrarnos algunos diálogos rimbombantes) y la aplaudiríamos igual. Si desde el segundo cero sabemos que algo huele mal en esa apariencia feliz, es gracias a ella; y ni siquiera hace falta que le dediquen puros primeros planos, se destaca aún en escenas abiertas.

Christian Slater, como el insistente biógrafo no autorizado de Joe también logra una interpretación contundente, pese a que su personaje no está perfectamente construido. Para quienes tienen conceptos más avanzados, progresistas, "La esposa", puede no sumar un gran material innovador en sus planteos. Su público serán esas mujeres que aún se encuentran en la posición de su protagonista y necesitan ver que nunca es tarde para recuperar el rol que se merecen.

Si Joan es su espejo, bienvenido sea el aporte de "La esposa".

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