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"Camino sinuoso": la dama regresa

La opera prima de Juan Pablo Kolodziej intenta construir un thriller dramático alrededor de los complicados vínculos familiares; pero las sucesivas impericias e inverosimilitudes le abren la puerta al temido consumo irónico. Que aún la mala prensa es prensa.

A esta altura explicar lo que es el consumo irónico no tiene sentido. Se disfruta, se consume una obra por el sentido adverso para el que fue creada, por los motivos errados. Si las experiencias cinematográficas las construye uno a pura subjetividad; no puedo decir que "Camino sinuoso" sea una película que no pueda ser disfrutada.

En su no muy extensa duración, "Camino sinuoso" acumula a cada paso errores de todo tipo. En la suma de esos tropiezos, como si fuese una intoxicación que se cura con una sobredosis del veneno, no estoy seguro de que el resultado no pueda ser positivo. Un drama familiar, un thriller, una película cuasi coral situada en el interior del país. Mía Siero (Juana Viale) es una medallista olímpica que hace ya un par de años fue denunciada y descalificada por el hallazgo de dopping positivo.

Una droga suministrada por su padre (Hugo Arana, al que casi no veremos o percibiremos) para mejorar su rendimiento.

Desde ese momento, Mía se convirtió en algo así como la vergüenza de Luis Piedrabuena, el pueblo patagónico que la vio crecer y que abandonó sumida en un escándalo. Ahora ella es profesora de gimnasia en Buenos Aires, dejó atrás su pasado. Pero este regresa en forma de un mensaje que le informa que su padre (con el que no se habla desde entonces) está internado comatoso a la espera de la muerte.

Este hecho la obliga a volver a su ciudad, y allí la esperan su hermano Gustavo (Gustavo Pardi), y la novedad por boca de la nueva pareja de su padre (María Marull) de que en realidad el hombre puede salvarse con un trasplante de riñón, que solamente puede darle Gustavo.

A su vez, Gustavo es cualquier cosa menos trigo limpio. Padre viudo, sumido en deudas de negocios extraños, que se relaciona con el único que le ofrece una salida, David Reynoso (Arturo Puig); un hombre respetado en la comunidad, con una doble cara, o doble moral muy peligrosa, un mafioso con fachada. También está Miny Barrios (Geraldine Chaplin), la ex suegra de Gustavo, mujer acaudalada, fría, resentida, que quiere la custodia de su nieta casi como un trofeo.

No nos olvidemos de Diego (Javier Drolas), el amigo de la infancia de Mía que todavía está interesado en ella. "Camino sinuoso" plantea el entrecruce de estas historias usando el regreso de Mía como disparador. Ella debe volver para sanar sus heridas y reparar los viejos rencores en un pueblo que, aún pasado el tiempo, guarda mucha hipocresía en sus entrañas.

Quizás, de haberse centrado en su vena dramática, la ópera prima de Juan Pablo Kolodziej hubiese ganado en profundidad y peso, centrándose en algo intimista, pequeño y sencillo. Sus principales dificultades están en las exageraciones de tono. A raíz del dopaje, Mía queda infértil.

En una de las primeras escenas asistimos a un diálogo que tiene con su pareja interpretada por Antonio Birabent. El grado de inverosimilitud y exageración que maneja ese parlamento, y la actitud de la pareja, nos marcará lo que nos espera a lo largo de todo "Camino sinuoso". En el elenco no puede decirse que falta talento. No son malos intérpretes, pero son presas de diálogos y situaciones imposibles de desarrollarse con algo de coherencia.

El mejor ejemplo está en la irascible Miny de Geraldine Chaplin, siempre exaltada no se entiende bien por qué. Mía es medallista, deportista, lo que conlleva a que en todo momento la veamos con outfit atlético, equipos de gimnasia varios.

En la calle, en su casa, en el hospital, corriendo, o en una fiesta, siempre con atuendo que demuestre que es deportista. Todo así. Se suman errores de continuidad notorios, un limbo temporal y de locación llamativo, y baches en la narración de todo tipo.

Si bien el tono intenta ser oscuro, ir por los caminos del thriller negro, y mezclar permanentemente el drama íntimo con el policial de pueblo y clásico; a los pocos minutos (la escena del patriarcado e infertilidad es clave) podemos alcanzar el nivel de diversión necesario para que la experiencia se torne placentera.

En este código, la película alcanza diálogos y escenas memorables, dignas de un ver para creer, se va superando así misma, y hasta increíblemente deja con ganas de más. "Camino sinuoso" tiene los elementos necesarios para construir un culto alrededor de su consumo irónico.

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