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"Alicia" (review 1): el legado de una luchadora

Hace bastante tiempo que el cine nacional de ficción no se animaba a introducir en su narración la política como eje central, y mucho menos que esas apreciaciones o ideas acerca de lo político puedan construir un relato que evite juzgar decisiones y que permita sumar ese aspecto como uno más de las múltiples dimensiones de los personajes.

“Alicia”, de Alejandro Rath, protagonizada por Martín Vega, Leonor Manso, Patricio Contreras y Paloma Contreras, bucean en la vida de personajes que deben y debieron afrontar una pérdida en medio de su vida cotidiana, donde, justamente, la política, es parte esencial de sus días.

El título refiere al personaje que interpreta una inmensa Leonor Manso, pocas actrices se permiten trabajar desde tan dentro su rol y ofrecer a cada momento de su aparición una lección de talento y calidad, una mujer al borde de la muerte que sigue aferrada a ideas del pasado y que, seguramente, terminen por dejar hasta el último momento sin respuestas ni certezas.

Alicia tiene un hijo llamado por sus pares Jotta (Vega), un hombre que deambula entre sus convicciones, el dolor de la pérdida y saber que su legado más profundo, el amor que le dio su madre por la política, tal vez le permitan continuar la vida sin muchos sobresaltos ni cuestionamientos.

Pero los tiene, y mientras su padre (Patricio Contreras) se mantiene en un segundo plano frente a la situación que madre e hijo viven, el triángulo que configuran permite responder desde la pantalla cuestiones asociadas a vínculos, lazos indisolubles, la política como forma de vida y el amor profundo e incuestionable de una madre por su hijo.

Alicia no fue fácil, pero Jotta tampoco, hereda de ella la convicción de luchar por ideales y de cuestionarse todo. Así es como que a partir de la enfermedad de su madre, Jotta comenzará a deambular ya no por marchas y movilizaciones políticas, sino por templos, iglesias, sinagogas y cualquier espacio con el nombre que sea en el que se dicta o imparte algún credo.

Mientras reparte su tiempo entre la religión y su madre, una enfermera le acercará una vez más la posibilidad de imaginarse con otro asociado, pero aun escapándole a la situación, su fuertes ideales lo llevarán a contradecirse y a buscar escapatoria frente a lo que ya se hace inevitable, la despedida.

Rath acompaña a Jotta, cámara en mano, detrás de él, ingresa a cada espacio en el que el hombre busca respuestas, y como un igual, ofrece el testimonio de aquellos que en el camino han perdido las certezas de defender ideales en tiempos de crisis y cambios.

La estructura de flashbacks, además, le posibilita al relato ofrecer una mirada distinta de la temporalidad y agobio del largo proceso de enfermedad de Alicia, en un relato tan vital y pulsional que, además de ofrecer las imágenes más verosímiles de marchas y manifestaciones de los últimos tiempos, se apoya en el talento de sus intérpretes para decirnos que no estamos solos en la búsqueda y defensa de nuestros sueños y anhelos.

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