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"Midsommar": el solsticio infernal

Después de su promisorio debut, “Heredero del Diablo”, con “Midsommar” Ari Aster repite varias de esas fórmulas que le funcionaron en su obra previa, aunque aquí cambia el drama familiar oscuro por unos luminosos espacios abiertos durante un solsticio de verano en Suecia. Dani (Florence Pugh) es una joven que al comienzo de la película sufre el suicidio de sus padres y su hermana, en conjunto.

Esto la hace aferrarse aún más a su novio, su pilar, quien siempre se muestra dispuesto a acompañarla y entenderla pero en realidad comienza a sentirse agobiado.

Y con su grupo de amigos planean un viaje a Europa con el fin de completar una tesis. A ese viaje termina siendo invitada, por cordialidad más que por deseo, Dani. Y así llegan a un pueblo rural en Suecia, a un festival que celebra un solsticio de verano que llega cada 90 años. Aunque siempre sea de día, siempre esté soleado, todos vistan de blanco, el film está cargado de una tensión que intensifica la banda sonora y una elección de planos muy cuidada y prolija.

Desde el primer momento la película nos hace saber que se la va a pasar mal. No es sin embargo lo único que anticipa. El film está cargado de detalles, algunos bastante obvios, que adelantan lo que va a ir pasando después, algo que ya sucedía un poco también con “Heredero del Diablo”. En ese sentido, la tensión es bastante uniforme, no está trabajada de un modo muy gradual.

Sí se suman en el medio algunas escenas más fuertes que funcionan más bien como golpe de efecto. Este viaje que está disfrazado de trabajo para un ellos de tesis pero en realidad buscaba ser un escape, una distracción, se termina convirtiendo en algo extraño y con tintes oscuros opuestos a la luz que emana todo el tiempo de esos exteriores.

Dani, que viene de sufrir una terrible pérdida en su familia, se sentirá poco cómoda y fuera de lugar, en especial cuando su novio se olvide de su cumpleaños o lo vea coquetear con una de las jóvenes del grupo, hasta que de a poco comienza a insertarse y encontrar su lugar. En esta película de terror que reniega de serlo, el horror no es siempre igual. Aunque algunas escenas sorprenden e impactan por lo terrible, otras resultan un poco bizarras como para generar una sensación similar.

Ni siquiera funciona para la incomodidad a la que aspira Aster. Florence Pugh se entrega por completo a su Dani, llegando a una interpretación a la altura de Toni Collette en “Herederos del Diablo”, bastante parecida en cuanto a intensidad y a todo lo que va transitando. Lo de Pugh es un poco más sutil de todos modos.

Aunque Ari Aster y su director de fotografía Pawel Pogorzelski nos entregan unos planos muy logrados, de una simetría perfecta, el guion que escribe el propio director no termina de desarrollar a sus personajes y, aunque lo que plantee pretenda estar siempre dentro de un ambiente enrarecido, estos se mueven muchas veces de una manera bastante inverosímil.

Aunque “Midsommar” es una película atractiva más en forma que en su contenido consigue generar buenos ambientes siniestros y desarrollar el conflicto interno de una perturbada joven. Para las ambiciones que tenía se queda corta y durante las dos horas y media que dura se la siente reiterativa de a ratos. Aster se erige como un director muy consciente de su estilo.

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