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"Des hommes et des dieux" (De dioses y hombres): fe y dogma desde el campo de batalla

"Des hommes et des Dieux" llega a nuestras salas precedida de un gran recorrido en festivales europeos en los cuales brilló con fuerza. Obtuvo el Gran Premio del Jurado en Cannes, estuvo nominada a los BAFTA (premios que respeto mucho, de la industria británica) en su año de estreno y en febrero de este año, ganó el Cesar de su país, con lo cual era un título que teníamos ganas de ver por estos lares. Reconozco que es el primer largo que veo de Xavier Beauvois, aunque por comentarios de colegas, se que no me debo perder "Le petit lieutenant" (con mi actriz favorita, Natalie Baye, a quien admiro enormemente) para analizar a este cineasta con más perspectiva.

En esta oportunidad, la historia es bastante controversial, un grupo de monjes franceses que tienen un monasterio católico en Argelia (norte de Africa) en la década del 90. Están bien integrados a la comunidad, se sienten parte y comprometidos con ella, pero a poco de comenzar la cinta advertimos cual será la arista filosa del conflicto: terroristas musulmanes comienzan a azotar la zona y se teme por la seguridad de los hombres de fe. Un grupo de trabajadores croatas son asesinados brutalmente y marcan la proximidad del peligro, las fuerzas de seguridad del lugar intentan hacer razonar a los religiosos para que abandonen el lugar. Si bien al principio ofrecen seguridad, lo cierto es que visto y considerando el estado de la situación, sabemos que eso no se va a prolongar en el tiempo. Dentro del recinto, los monjes intercambian ideas sobre cómo enfrentar lo que acecha. Algunos están intranquilos, otros, perturbados. Pero lo cierto es que siguen realizando sus labores diarias y no alteran su rutina a pesar de las severas advertencias de un posible atentado en su contra. De más está decir que son el blanco perfecto, profesan una religión opuesta a la de los terroristas y encima tienen un médico en sus filas, con lo que se vuelven apetecibles en el momento en que los combates arrecian.

 

Ultima actualización (Miércoles 06 de Julio de 2011 16:37)

 

"Transformers 3": los juguetes de Michael Bay abruman pero ya no entretienen

Cuando hablamos de una saga que llega a su tercera entrega, ya sabemos que a la industria el film le cerró. La idea puede estar buena o no , pero fundamentalmente los números dan y entonces, seguimos produciendo porque la rueda gira y la recaudación tienta. "Transformers", la primera, fue realmente original porque salir del universo de Hasbro para crear estos autos-máquinas de guerra y darles vida en algún relato que se pueda digerir, fue un hallazgo. Yo no soy fan de estos vehículos pero si reconozco que el ángel de Shia LeBouf, la sensualidad de Megan Fox y las escenas de metálica y furiosa acción llamaban la atención. Cuando ví la segunda, me costó no verla como un producto forzado, hecho exclusivamente para recaudar y al salir de la tercera, me terminé de convencer que esto no da para más y a no ser que sean espectadores muy livianos (de esos que no van mucho al cine pero abarrotan los complejos en vacaciones de invierno solamente, por ejemplo), les costará irse satisfechos del cine. "Transformers 3" tira por la borda el trabajo bien hecho en la primera parte y profundiza la falta de ideas de la segunda, llevando a tener que generar una escena final de 50 minutos, copiada de otra película.

Advertencia: ustedes saben que yo siempre cuento demasiado del argumento de una película aunque nunca el final. Aquí, habrá alusiones al cierre de la película por lo cual, si quieren verla sí o sí, debo advertirles que dejen de leer. Es lo que dicen en la jerga, una post-crítica. Nunca me gustó separarlas (pre-críticas es cuando no contiene mucho que revele el argumento), porque mi estilo para escribir fluctúa según mi ánimo pero no puedo evitar hacer referencia a todo lo que destruye Michael Bay para que el film evite hundirse en las frías aguas del río que atraviesa Chicago (el que desemboca en el lago Michigan) luego de abrumadores 157 minutos...

Ultima actualización (Viernes 01 de Julio de 2011 16:53)

 

"Midnight in Paris": vuelve la magia

Mientras promediaba la proyección de "Midnight in Paris", hacía un mapa mental de los últimos trabajos de Woody en estos diez años. Todos, excepto "Match point", muy flojos. A ver, alguno de ellos superior a la media, pero del genio que hizo "Manhattan" uno siempre espera producciones de alto vuelo. Ya con "Whatever works", perdí las esperanzas de ver alguna idea nueva  y estaba convencido de que ya no había nada más que ver de él. Duro no? Si, pero llegó Cannes (este año, hace unos meses), las noticias alentadoras de que Allen había frotado la lámpara y... Bueno, fui a confirmar si el milagro se había producido.

Y así fue. Woody Allen rodó uno de sus mejores trabajos de los últimos tiempos. Si bien siento que "Midnight in Paris" se nutre del espíritu y varias de las concepciones ya mostradas en "The purple rose of Cairo" (innegable influencia para la construcción de este universo paralelo), lo cierto es que construye una fábula en tono fantástico que sorprende por su sencillez y contundencia. Sabemos que este prolífico cineasta (47 títulos) hace rato que filma lo que tiene ganas, de hecho, la secuencia de apertura con esos largos minutos de postales parisinas sin diálogo a otro quizás no se la perdonaríamos y en él la subrayamos como "un homenaje a la Ciudad Luz". Allen está enamorado de Paris (no tanto así de Londres y Barcelona, a las cuales deja bien paradas cuando filmó en ellas en este último tiempo pero a las que no le dedica una apertura tan fotográfica) y todos los personajes ilustres que desfilan en esta película, (anclados en aquellos luminosos años 20' y que han recorrido las angostas calles de París), han sido influencia vital para su prodigiosa manera de narrar. Aquí, todos ellos tendrán su espacio y lo llenarán con textos que definen rasgos únicos de sus personalidades, de manera que desde la butaca, por momentos, uno no puede evitar emocionarse ante semejante muestrario de talento. Cada escena donde escritores, pintores, cantantes y musas se relacionan con el protagonista, Gil (Owen Wilson), se vive desde la platea con asombro y goce: nuevamente, como hace tanto tiempo, Woody toca nuestra fibra íntima, se mete debajo de nuestra piel y nos regala un cuento maravilloso que reflexiona sobre la superficialidad del mundo actual, de las clases acomodadas y su pérdida de lo importante y rinde homenaje a una época en la que todos quisiéramos vivir.

Ultima actualización (Lunes 20 de Mayo de 2013 14:32)

 
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