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"L'exercise de l'etat" (El ministro): el auténtico valor de la gestión

En general, uno tiene una fantasía sobre cómo se maneja el mundo de la política, y también alguna idea, basada en lo que se conoce sobre el ejercicio de la función pública a través de los medios.  Ese concepto, convengamos, es un poco… nefasto? Digamos que hay códigos propios que se juegan en ese mundo y los ciudadanos comunes, estamos ajenos a esa realidad. Bien,  luego de “Versailles”, Pierre Schoeller se ocupa de traernos un thriller de escritorio de altísimo voltaje que se lee como la segunda parte de una trilogía que aún no cerró y que muestra el rostro oscuro de la administración gubernamental.

La película arranca con una pesadilla muy lograda (de carácter erótico) que tiene el Ministro de Transportes francés. Inmediatamente habrá un accidente serio que conmoverá al país y Saint Jean (Oliver Gourmet), nuestro protagonista y hombre de extraños equilibrios, nos invitará a sumarnos a su mundo: el manejo de la gestión desde el manejo real atendiendo a todos los actores involucrados.

"Un amor de película": estás listo para ella?

Con tan sólo seis películas en más de quince años, Diego Musiak (Fotos del ama, Te besaré mañana, Cartas para Jenny) se hizo de un nombre dentro del cine argentino. A no confundir, no es que el hombre haya hecho una obra laureada, alabada; casi todo lo contrario, fácilmente puede ser “catalogado” como uno de los más controversiales directores de nuestro país (por lo menos en la actualidad), y si vieron alguna de sus películas reconocerán que son memorables en un sentido particular. Aún así no se puede dejar de reconocer que cuenta con un sello muy personal, de alguna manera es un cineasta que deja huella, y hasta podría llegar a entender que tenga algunos seguidores. Su último film, "Un amor de película" (estrenada internacionalmente como Hostia), es un claro de ejemplo de todo esto.

"Amor a mares": naufragando...

La comedia romántica siempre ha sido un género difícil para el cine argentino, por lo menos en el sentido que EE.UU. le impuso al género. En un principio era encarado de un modo teatral, folletinesco; después se giró hacia lo picaresco, la comedia cuasi erótica pero con trasfondo amoroso; para finalmente recaer en los últimos años en una suerte de telecomedia compactada y reducida  a la duración de una película promedio, es más o menos lo mismo ver una tira diaria de Pol-Ka que cualquiera de los films producidos por Adrián Suar. "Amor a mares" no es nada de esto, es un híbrido, y es que comedia romántica que pretende ser no es ni lo uno ni lotro, no es romántica y mucho menos cómica.

En su segundo film como director Ezequiel Crupnicoff (Erreway, Cuatro Caminos) desde el vamos no pretende ser original, y eso de por sí no está mal, pareciera querer lograr una película romántica común a la época, o sea televisiva, y esto se evidencia en el elenco más que nada; pero la impericia y/o falta de experiencia hace que el producto esté bajo aún para esos estándares.

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