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Gustavo Fontán nos presenta "El rostro" (y anticipa su retrospectiva)

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Coincidiendo con la presentación de una importante retrospectiva del prestigioso Gustavo Fontán en el Museo Malba, tuvimos la oportunidad de charlar con el cineasta a fin de conocer sus sensaciones sobre su último trabajo, presentado en el último BAFICI y todo lo que rodeó esta realización.

¿Cómo fue la preparación para “El Rostro”?

“El rostro” es la segunda película de lo que llamamos “El ciclo del río”. Es un regreso a un paisaje que ya habíamos mirado en “La orilla que se abisma” y que volvimos a mirar en “El rostro”, convencidos que en este procedimiento uno exige la mirada y ve más allá de las apariencias. Lo hicimos con el mismo grupo de trabajo: Luis Cámara, en la fotografía, el propio Cámara y Gustavo Schiaffino en la cámara, Abel Tortorelli en el sonido y Mario Bocchichio en el montaje. Éramos los mismos en el mismo sitio, pero ya no podíamos mirar de la misma manera.

¿Cómo elegiste al elenco?

Ninguna de las personas del elenco son actores. Gustavo Hennekens, el protagonista, es mi amigo. Desde el principio de la escritura el personaje era él. Gustavo tiene un fuerte magnetismo, su presencia irradia algo especial; eso personal es lo que se trata de aprovechar, algo que no está actuado. María del Huerto Ghiggi es capaz de ser muy enigmática, su presencia es misteriosa siempre. La capacidad expresiva natural, más la pertenencia al mundo, a ese mundo de la orilla, de las islas, fue el motivo de elección en otros casos. Se elijen personas por algo especial que poseen, es de ellos, no lo actúan. Aunque claro, esto es relativo porque uno puede pensar que el hecho de ponerse frente a la cámara siempre lo es, siempre es una actuación en un sentido estricto.

¿Hubo un guión ajustado o permitiste la improvisación?

Desde “El árbol” en adelante mis guiones fueron estructuras abiertas, que nunca tienen más de veinte páginas. En ese guión defino la estructura, cierto trazado del relato, el modo de narrar, y dejo abierto todo un conjunto de cosas que deberán ser descubiertas en el mundo real recortado por el relato. No diría que es improvisación… definida la estructura y el principio poético, el contacto con el mundo está planteado como una actividad de descubrimiento: encontrar astillas en el mundo que serán inscriptas en nuestro relato, no cualquiera, sólo aquellas que permitan profundizar la idea.

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¿La elección del Blanco y Negro responde a una idea de contrarrestar un poco de la felicidad con la que se ve a los protagonistas?

En realidad responde a la idea del tiempo que manejábamos, una idea de deriva, un presente que contiene varios pasados. Teníamos unas imágenes de archivo, en blanco y negro, y sabíamos que esa idea de deriva en el tiempo la conseguiríamos desde la percepción si nos deslizábamos desde y hacia esos materiales originales. Por eso todo está filmado no sólo en blanco y negro sino en 16 milímetros y súper 8. El digital color frente a los archivos, un poco rotos, en blanco y negro, trazaría las fronteras con mucha precisión entre pasado y presente y no queríamos eso.

Por momentos el silencio dice más que ese río que eternamente circula, ¿cómo surgió la idea de manifestar esos momentos en el filme?

La capacidad expresiva del silencio es enorme, y el trabajo de Abel Tortorelli también. La presencia del hombre repone el mundo, rancho, animales, personas, y también el mundo sonoro. Ese reponer el mundo es siempre en tensión, tensión entre distancias y cercanías, presencias y ausencias, y también entre murmullo y silencio. Y Abel grabó una enorme cantidad de archivos en el espacio de rodaje de la película, pero a la hora del trabajo final, recibió la película muda, el montaje completo de la imagen visual absolutamente mudo. No mutado, sino en absoluto silencio. Es decir que su trabajo es una creación a partir del silencio.

Hay otro concepto que es el del rumor, que envuelve a los protagonistas sin mostrarlos, ¿cómo llegaste a ese punto?

Está vinculado a la misma idea de tiempo que te decía. El tiempo del relato, aunque por el principio y el final de la película parezca que sí, no es cronológico. El tiempo está concebido a partir de la idea de deriva, donde las fronteras entre presente y pasado no son precisas. Es un presente que contiene los pasados, una especie de memoria incapaz de distinguir entre el antes y el después. Desde esta idea de tiempo, el sonido debía operar del mismo modo, por eso también el asincronismo: todos los sonidos pertenecen al mismo ámbito pero no vienen exactamente desde el mismo momento histórico. Alejadas o desfasadas en el tiempo, las palabras se transforman en murmullo.

Hay un eterno deambular en los personajes que me recuerdan a la idea del Flaneur de Baudelaire, ¿te inspiraste en él?

El flaneur deambula en la ciudad, en paisajes urbanos, en este caso el paisaje de la película es otro, el río, la orilla, las islas. La idea de deambular, de movimiento, la podríamos asociar en la película a la idea del devenir, físicamente desde el río, desde el movimiento propio del río, y también desde la idea del tiempo (no cronológico) que está en la construcción del relato.

.¿La vuelta a la naturaleza y a lo básico es necesaria para poder subsistir en la sociedad actual?

Si nos ponemos románticos tal vez sí. Pero no lo sé. Es muy difícil volver a aquello de lo que nos hemos separado

Muchos planos, principalmente los que representan a las mujeres, recuperan cierta estética de vanguardia de los años sesenta del siglo pasado, ¿esto fue premeditado?

Como te decía, teníamos unos planos de archivo de esa época, una forma de mirar muy ligada a una descripción si se quiere antropológica; seguramente reconociste esos planos, unos niños, uno de ellos empuja un carrito con un hilo, unos hombres que se meten al monte, y decidimos acercarnos a esta forma de mirar, intentar recuperar cierta mirada inocente en el plano. Vemos dos perros, un chico sobre un bote, el hombre cocina pescado, la mujer barre, un plano que nos ponga en contacto directo con el mundo. No porque creamos que aquella mirada era inocente, sino por las estrategias de registro que despliega, por lo que era válido que contuviera un plano.

Hay algo ahí que me gusta pensar, ¿cómo nos acercamos al mundo?

Luego, el montaje, desde la idea de deriva, y sobre todo a partir de la relación entre la imagen visual y la imagen sonora, tenía que enrarecer este naturalismo, ponerla en una instancia si se quiere metafísica. Contanos cómo fue la experiencia de exhibir El Rostro en el Bafici y ser elegido como mejor director de la edición 16? En principio siempre es hermoso exhibir la película en casa, las primeras proyecciones habían sido en Roma y México. El compartir la película con los que participaron en ella y con la gente querida, es muy lindo y emotivo. El público del Bafici por otro lado es muy especial. Y el premio fue una gran alegría, fundamentalmente por el jurado que lo otorgó.

¿Cuáles son tus expectativas frente al estreno comercial y la retrospectiva que se hará en el Malba?

Todo estreno está cargado de ilusión, de la ilusión del encuentro con el espectador. Y ése es el momento en que la obra adquiere su verdadero sentido. ¿Estás trabajando en algún proyecto? Sí, estamos empezando con la post producción de sonido de la tercera de las películas que conforman lo que llamamos “el ciclo del río”. Se llama “El día nuevo”. Y también comenzando la pre producción de lo que será la película que cierre esta tetralogía: “El limonero real”, una adaptación de la enorme novela de Juan José Saer.