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Entrevista: Daniela Hinestroza “Era un gran compromiso para mí llevar la leyenda al cine"

El Silbón Orígenes (2018), de Gisberg Bermudez Molero es una supreproduccion venezolana que está pisando fuerte en varios países.

Ganadora del premio a la Mejor Película Iberoamericana del 19 Festival Rojo Sangre, hablamos con Daniela Hinestroza, su directora de arte, una especialista en el género (“La casa del fin de los tiempos”) para conocer más de la propuesta.

Te llega la propuesta, ¿cómo imaginaste la puesta en escena para hacerla atractiva para las nuevas generaciones?

Pensé en atrapar a las nuevas generaciones con colores y texturas, pensando en el HD y levando al mainstream la propuesta. Los millenials, centennials no conocen la leyenda y está bueno que se lance para que la conozcan. A nivel de dirección de arte reflejar los pintores de la época, poniéndola en la línea del tiempo de El Silbón en el siglo XIX y el siglo XX.

¿Qué cosas sabías que no ibas a hacer?

Era una preocupación no caer en lo ridículo, porque hacer género tiene mucho riesgo, me aferré a las referencias naturales que había, que es anacrónico. Traté que el silbón fuera lo más actual posible, en cuanto a texturas y brillos, ligándolo con lo natural y lógico de la física y viendo referencias de cine actual para pensar cómo tenían que ser. El monstruo aparece en pocos momentos, pero tenía que ser contundente su aparición, porque si no se arruina todo. El trabajo del departamento de arte tiene que pasar desapercibido, porque si no es evidente. Esta es mi segunda película de género, antes hice “La casa del fin de los tiempos”.

¿Qué diferencias hubo entre una y otra?

En la anterior todo se daba en un set, la casa, y en vez de erigir, se decoraba. En “El Silbón Orígenes” se  armó todo de cero, en torno al guion técnico. En “La casa…” fue todo hecho a partir de algo que ya existía. En esta se pudo jugar mucho más.

¿Quedaron ideas afuera?

Casi todo lo que imaginé está y se pudo hacer. El cine venezolano se caracteriza por tener bajo presupuesto, pero en esta el departamento de arte tuvo el mayor presupuesto y libertad creativa. Quise lograr una estética romántica más allá del género, de lo gore. Quería aprovechar que era una película sobre un drama familiar y existencial, y el espectador queda marcado por la estética. Aproveché el dinero que tuve y la libertad, el apoyo del resto del equipo, y con eso logramos una imagen bellas por más agresivas que sean.

¿Adaptaste las ideas cuando apareció Vladimir García?

Fue una grata sorpresa, porque él vino a reemplazar a la primera elección, un actor que se enfermó. Cuando se hizo el segundo casting y vino el, nos enamoramos y empezamos a crear a partir de su fisonomía. Él cumplia con la altura y delgadez, y además lo pusimos a dieta para que se vea desmedrado, realista, orgánico, no que sea una cuestión de maquillaje. Vladimir fue un lienzo increíble, con una estructura ósea para aprovechar. También pensando luego la transformación, los dibujos se hicieron con más rapidez y pasión.

¿Es la primera vez que la leyenda llega al cine?

No, hay otras producciones , pero hay mucha distancia con las otras. Era un gran compromiso para mí llevarla al cine.

¿Cómo sigue tu carrera?

No regresé a Venezuela desde “El Silbón Orígenes”, me llegan propuestas, pero es todo muy cuesta arriba. Acá hice algunos cortometrajes, publicidad, quiero seguir. El reciente premio hace que se me renueven las ganas y la fe.

¿Por qué la gente tiene que ver “El Silbón”?

Por varias razones, porque es cine latinoamericano, maduro, con mucha potencia. La leyenda es sudamericana, no sólo venezolana, y tiene elementos que nos puede unir, idiosincráticamente, con ciertas supersticiones, que se llevan de una generación a otra, por una