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Entrevista: Gastón Solnicki “Mi estado creativo es gaseoso”

El realizador Gastón Solnicki (Papirosen) presenta su nueva producción “Introduzione all’oscuro”.

La propuesta, presentada internacionalmente en varios festivales, y en el 23 Festival Internacional de Cine de Mar Del Plata, llega al Malba, con su arriesgado “duelo maníaco” a partir de la muerte de su gran amigo Hans Hurch. Hablamos con el realizador para conocer más de la propuesta.

¿Cómo surgió la idea de transformar un duelo en película?

Fue algo muy espontáneo, y si mis películas anteriores no fueron lineales en cuanto a búsqueda narrativa, acá menos, si bien hay un pensamiento sobre los materiales, para que no sea árido, no quise que se transformara el proyecto en algo biográfico de la persona ausente. Esta película no surgió de una idea, sino de la sorpresa de la muerte de un ser querido, era como un padre, no mi padre, sobre mi padre ya hice una película, y más allá que Hans dentro del circuito cinéfilo era una especie de prócer, con una manera libre y política de llevar adelante un festival, que para algunos era de los más importantes, con un glamour, sin ser glamouroso, por como lo llevaba adelante, el trato con invitados y películas, y más allá de sus amistades, que uno podría entrar por ahí, para mí no era la idea hacer una película sobre nicho erudito de quien y quienes lo querían, sino algo más espectral sobre la pérdida de un ser querido, rindiendo homenaje, y que la película sea el mismo homenaje. La hicimos con un pequeño grupo muy sólido, el hecho que esté Rui Pocas es increíble, y que él aceptara viajar a Viena desprovisto de sus herramientas tradicionales sumó. Todo ayudó para que se haga rápidamente, un poco por la orfandad de Hans, el Festival me invitó, junto con otros colegas, a programar y presentar una película, y en el momento de la invitación tuve la visión de hacer esa película. Quería cristalizar el tipo de persona que vivía en Viena y en donde no vivía también. Pensé en las grabaciones que tenía de un viaje de él a un BAFICI, y la película registra todos esos ruidos, que tiene que ver con la música que me interesa, y que da título al film. Mi analista habla de duelo maníaco porque me tuve que fortalecer para hacerla, y ahora que no está la experiencia de su ausencia es distinta.

¿Cómo fue rodar en Viena?

Muy estimulante, es una ciudad muy cinemática y microfílica, loca, y nos abrió muchas puertas a partir de la figura de Hans, como por ejemplo el día del desfile militar, vimos al niño con el globo del tanque, caminamos y vimos muchas situaciones cinematográficas. No había una idea clara de a dónde íbamos a ir, pero sí que el homenaje, el rodaje mismo, tenía que ver con la relación que teníamos con Hans y con el cine. Luego hubo un recorte de lugares significativos en donde mantuve relación con Hans.

¿Cómo seleccionaste, justamente, esos fragmentos de relación y lugares?

En principio hubo un intento con un amigo querido, que es escritor, Sebastián Martinez Daniell, alguien que dijo que mi estado creativo es gaseoso, me gusta la definición, intentamos ordenar en papel en dos semanas las ideas. En otras ya intenté ordenar con la narración en off, para que no parezcan imposibles, y que tengan una estructura, si no es lineal, pero sí afectiva con el espectador. Esas se escribieron en el proceso de montaje. Acá era tan contundente desde dónde iniciaba la película qué íbamos a hacer. Se armaron con fluidez rapidísima, porque sin guion era imposible conseguir financiación, y de hecho los fondos vinieron de parte de Fernando Trocca y un grupo de inversionistas conocidos, que se relacionan conmigo, para canalizar su sensibilidad y cierto fetiche con el arte en la realización de estas obras. Es una película que desde que murió Hans, me invitaron a Viena y fui no hubo más de 70 días, y el auge de las criptomonedas también ayudó. Los lugares tienen que ver también con Hans, con cómo él pensaba la ciudad, que en un momento era centro de un imperio en algún momento, con fragmentos de cosas que no existen, puntos de partida, lo demás se improvisó.

¿Quedó mucho material afuera?

Hubo más puntería por la precisión, había un contexto, y tal vez en otras propuestas tenía secuencias que creía muy importantes y luego las sacaba. Acá usamos casi todo, Rui es un samurái, y todo lo que filma es bellísimo, lo hizo con mucho compromiso. Ayudó a que en poco tiempo de edición la película encuentre su forma. Nos ayudó también que la evocación de Hans no tenga que ver con sus imágenes o su vida. Abel Ferrara hizo un tráiler para el festival y era un tributo con su presencia, no me gustó mucho. De hecho hay algo de la imagen que me generaba rechazo, incorporé algunas, pocas, para que los que no conocían lo vean. Siento que es una película muy difícil para su gente cercana, pero se conectan rápidamente. Para mí era importante el sentido de la relación que yo tenía con él. La película en ese sentido se parece a “Papirosen”, con la ambición de buscar razonar algo tan personal de algo privado.

¿Qué es lo que más extrañas de él?

A veces, dentro de este duelo particular, me sorprende lo llamativo que la angustia que no va a estar ese ser querido, es una abstracción. Este año no estuvo en el BAFICI, no pude compartir todo lo que compartíamos cuando venía, y algo de la abstracción estaba ya presente, porque no vivíamos cerca. Pero cuando nos juntábamos estábamos mucho tiempo compartiendo, de hecho hay gente que pensaba que éramos amantes, era difícil de interpretarla, hasta mi madre la pensó, Hans le divertía que pasara eso. A veces sueño con él, son sueños muy emotivos. Es difícil de contestar la pregunta, porque por la vida que él tuvo, creo que su muerte fue deliberada, hay una melancolía de no compartir cosas con él, hay bronca porque si él se hubiera hecho un controlo podría haber seguido vivo, pero hay que aceptar un poco esa muerte romana, con una edad en la que morían muchos de los romanos, hay una aceptación y prolongación de la longevidad. La película me ayudó a entender su muerte. Todas las películas llevan un proceso de tiempo, de fermentación y de escritura, pero el tiempo yo lo pongo en otro lugar, no en la espera y postergación para que alguien la habilite, sino en no precipitar la finalización y entregarme a encontrarlas. Y valoro eso, porque de hecho se habla de lo “invendible” de mis películas, pero acaba de adquirirlas todas el MOMA y el hecho que las hayan comprado todas juntas habla también de la conexión entre ellas y cierra un ciclo de la manera en que hago las películas.

Pero este no esperar y producir también es una esperanza en un momento en el que está muy complicado hacer cine…

Sí, es verdad, también tiene que ver algo con la tecnología. Antes se esperaba que hagas primero un cortometraje, luego el largo, esperar la financiación. Ese juego yo no lo quise hacer, y he podido contar con el apoyo de personas entusiastas, algo que no he logrado con el INCAA, que no van los mecanismos de validación para hacer cine con el tipo de cine que realizo. Así que o cambia el INCAA o cambio yo.

O no…

O no. Hay algo en el ciclo de estas películas que es muy pesado, porque producir genera mucha responsabilidad. Quiero seguir con películas de riesgo y personales, con una estructura experimental financieramente que es difícil de sostener, es un desafío, porque trabajar sin guion deja un techo muy bajo para los diálogos. Ahora estoy con Rei Cine armando un guion, pero tampoco me interesa hacer una película como se supone que se tiene que ser, es un momento de metamorfosis.