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Entrevista: Miguel Colombo "Hacer una película es un proceso vivencial fuerte".

La nueva película de Miguel Colombo, “Leónidas”, es un viaje hacia el universo de Leónidas Barletta, impulsor del teatro independiente en Argentina.

El realizador recorre la vida del artista a partir de la personal mirada que se desprende de viejas cartas manuscritas, testimonios de entrevistados y la re creación de fragmentos de su obra. Hablamos con Colombo para conocer más de la propuesta.

¿Cuándo sentiste que tenías que hacer una película sobre Leónidas?

Cuando mi madrina me dijo que quería darme las cartas de Leónidas supe que tenía que hacer “algo” con eso, y sabía que lo más probable es que ese “algo” fuese una película. En ese momento estaba editando “Huellas”, mi segunda película y la primera que hice narrada en primera persona, y empezaba a darme cuenta de que este tipo de relato me servía para elaborar cuestiones personales. Hacer una película es un proceso vivencial fuerte, donde el autor transita un proceso personal que lo lleva a ver o entender algo que no veía antes. Y en el caso de los documentales narrados en primera persona este proceso se hace explícito. En este caso necesitaba entender por qué ella me había dado las cartas y por qué me llamaba la atención Leónidas. Yo sabía de la existencia de las cartas, las había visto por primera vez en 1999, me las mostró en un viaje que hice a Salta, y me habían llamado poderosamente la atención los collages y los dibujos que hacía Leónidas, me resultaba conmovedora la dedicación que ponía en esas cartas familiares.

¿Cuánto tiempo de investigación hiciste previo al rodaje?

Fue un proceso relativamente largo, desde que busqué las cartas de mi madrina, hasta que terminé la película, fueron siete años, por supuesto no de trabajo constante en este proyecto, pero siempre con el tema en mente, a veces con más presencia a veces con menos.  Desde que decidí hacer la película hasta hoy fueron cuatro años. Pero no fue tan largo por la cantidad de datos que hubiese que recabar, sino por la búsqueda de la forma que tenía que tener la película. No quería hacer un relato cronológico de la vida y obra de Leónidas, sino tratar de entender qué era lo que me interesaba de él. Leí algunas de sus novelas y varios artículos periodísticos y en seguida me di cuenta que no era por ese lado que venía el interés que me despertaba el personaje. En sus novelas me costaba mucho entrar y sus artículos me parecían muy valiosos en la coyuntura que los escribía, pero sentía que la mayoría de ellos ya no hacían eco en el presente, no sentía que su legado estuviese en sus textos. Sin embargo el tipo no dejaba de resultarme atractivo, suponía que tenía que ver con la forma que le había dado a sus cartas, esa dedicación tenía que ser la punta del iceberg de algo más. Y por supuesto siempre me pregunté por qué mi madrina me dio esas cartas y por qué a mí. Entender eso también era parte del proceso de búsqueda y una motivación importante para continuarla.

¿Las cartas ayudaron a completar ideas que tenías sobre Leónidas y su obra?

Más bien fue al revés: las cartas comenzaron a formarme una idea de quién podía ser Leónidas, yo no sabía nada de él antes de leer esas cartas. Desde chico supe que el hermano de María Angélica había sido un “escritor importante” y que tenía algo que ver con el Teatro del Pueblo. Pero nada más. Las cartas me dieron una idea de su lucha cotidiana en pos de un objetivo, una idea de su sentido del humor, de no vivir la lucha y la resistencia como trágico o angustioso, sino con alegría. Y en algún momento entendí que eso era lo que me atraía. Era más su manera de hacer las cosas que las cosas en sí que había hecho. Recién después de leer las cartas empecé a buscar completar esa imagen con los materiales más conocidos de él: sus novelas y sus textos periodísticos que publicaba en los cinco periódicos que tuvo.

¿Cuánto tiempo estuviste tras las entrevistas de Kartún y Cossa? Cómo seleccionaste al resto de entrevistados?

Llegar a Mauricio Kartun y a Tito Cossa fue sencillo, sobre todo por la generosidad y predisposición de ellos a hablar sobre Barletta. Yo había estudiado dramaturgia con Kartun, por lo que tenía manera de contactarlo y fue una de las primeras personas a quienes le conté el proyecto y que me dio mucho ánimo para seguir adelante. Luego a través de él pude contactar a los integrantes de la fundación Somigliana, que está a cargo actualmente del Teatro del Pueblo y de la que forma parte Tito Cossa. Ellos me recibieron muy bien y me abrieron las puertas del teatro todas las veces que necesité hablar con ellos.

¿Qué sabías desde el comienzo que ibas a destacar de Leónidas?

Como comentaba antes, la realización de una película es un proceso vivencial en el cual, creo yo, el autor no sabe exactamente lo que busca, solo tiene un impulso que lo lleva a buscar algo, una intuición, y justamente la motivación principal para continuar con ese proceso, que muchas veces es largo y arduo, es no saber qué se busca y sentir la necesidad de descubrirlo. Creo que en la ficción este proceso sucede más durante la etapa de guión. En el documental sucede en rodaje y montaje. Fue durante el proceso que descubrí que lo que más me interesaba de Leóndias era su capacidad de resistencia en el sostenimiento de un proyecto, de un ideal y de una ética. También me interesaba abordar la idea del legado. Hay dos legados principales en la película: el que yo recibí cuando me dio mi madrina las cartas y el que nos deja Leónidas. De ahí se desprenden otros, podríamos pensar en el legado que deja María Angélica al dejarme esas cartas que yo transformo en una película y podemos pensar también en las obras teatrales que surgen inspiradas en la figura de Leónidas, podríamos pensar que esas obras también son en cierta forma el legado de Leónidas que se transforma y se resignifica en otros autores, en otros lugares y en otros tiempos.

¿Cuánto tiempo de rodaje y edición hubo?

El rodaje fue relativamente corto, sobre todo porque ya tenía claro qué quería filmar, eso es algo que trato de hacer desde mi primera película, tal vez porque mi formación es de ficción, trato de saber con la mayor certeza posible, dentro de lo que el género documental permite, lo que necesito obtener en el rodaje, y concentrarlo en pocas semanas. El proceso de montaje en cambio es un proceso más largo, un proceso de prueba y error donde se va descubriendo la forma que tiene la película, que es un cruce entre lo que uno quiere contar y lo que el material mismo sugiere. El montaje duró varios meses y suelo encararlo en etapas, dejando “descansar” el material por unas semanas cada cierto tiempo para tomar distancia, dar tiempo a que maduren algunas ideas y retomarlo más tarde con una nueva perspectiva.

En tiempos en los que es cada vez más complicado defender ideales, ¿qué crees que aporta la película a la hora de recordar a Leónidas y cómo creerías que hoy estaría luchando para hacer valer su manera de hacer dramaturgia?          

Supongo que hoy estaría denunciando desde su rol de periodista todo aquello que él sintiese que atenta contra la ética y contra los intereses nacionales, y desde el teatro estaría tratando de hacer reflexionar al espectador, creo que ese era su objetivo principal: que el público pensara, que se replantease al menos algún aspecto de su forma de ver el mundo y que eventualmente convirtiese esa reflexión en algún tipo de acción al salir del teatro, que de alguna manera la obra vista modificase su forma cotidiana de pensar o de vivir, aunque fuese en un detalle mínimo.

¿Cómo surgió la idea de incorporar representaciones y cómo seleccionaste texto y actores?

Precisamente buscando la forma de la película y reflexionando sobre el legado fue que me encontré con estas obras. Me pareció llamativo que un dramaturgo español se sintiese inspirado a comienzos de los años ’90 por la historia de Leónidas: la figura de un director que resiste contra viento y marea con su teatro en una época en que los cambios políticos y culturales son cada vez más vertiginosos evidentemente resultaba aún conmovedora en ese momento y encerraba un mito y una tensión: la resistencia contra el paso inexorable del tiempo. Creo que no es casual que Sanchís Sinisterra escribiese “El Cerco de Leningrado” pocos años después de la caída del muro de Berlín, supongo que habría en Europa en ese momento una necesidad de refelxionar sobre el comunismo, la resistencia y la necesidad de una transformación que todavía no se sabe bien cuál podría ser. De la misma forma me llamó la atención que Alberto Ajaka, un autor contemporáneo, se fijara en Barletta casi cuarenta años después de su muerte. Ajaka toma el Manual del Director como punto de partida de su obra “El director, la obra, los actores y el amor”, en una época en la cual se replantean las formas del arte constantemente y la sola idea de Manual, que es algo que intenta justamente lo contrario, que intenta fijar las formas, es un buen disparador para abordar la tensión que existe entre lo actual y lo que lo precede, hay como un enfrentamiento generacional como el del hijo que enfrenta a su padre porque necesita poner en crisis el statu quo impuesto por éste, pero que también lo reconoce y que no podría existir si no fuera por ese padre al que ahora necesita enfrentar. En cierta forma creo que la obra de Sanchís aborda el legado de Leónidas desde lo político y la obra de Ajaka hace lo propio desde lo teatral. Aunque ¿dónde está el límite entre lo teatral y lo político? Tal vez ambas obras abordan en definitiva la misma cuestión. Y a través de ellas Barletta sigue existiendo y sigue resistiendo y haciendo teatro.

¿Expectativas con el estreno?

Lo de siempre: que la película se vea, se conozca, y que poco a poco vaya encontrando su lugar y su público. Lamentablemente el sistema clásico de estreno en sala comercial con varias funciones al día por pocas semanas no es lo que más conviene a este tipo de producciones, creo que funcionaría mejor pocas funciones durante mucho más tiempo, sin embargo el estreno comercial en formato clásico es como la presentación en sociedad de la película y sigue siendo una excelente manera de empezar el largo camino de encontrarse con el público.

¿Estás con algún nuevo proyecto?

Por el momento no. Creo que hay momentos en que uno puede producir, entregar lo que tiene para decir y expresar, y momentos para alimentarse, leer, ver cosas, ir al cine, al teatro, ver una serie, escribir cosas para uno mismo, y así se va generando el sustrato en el que eventualmente germinará el nuevo proyecto. Ahora estoy en uno de esos momentos.