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Entrevista: Lisandro González Ursi y Diego Carabelli "Tenemos en claro que el registro documental de observación parte del vínculo que se establece entre los realizadores, la cámara y las personas registradas",

Lisandro González Ursi y Diego Carabelli estrenan “La escuela contra el margen” en el CCC (Centro Cultural de la Cooperación).

En la propuesta veremos cómo un proyecto escolar demuestra que con acompañamiento y apoyo el cambio es posible. Este documental es una evidente muestra de pasión por la docencia y el amor al trabajo. Hablamos con los directores para conocer más de la película

 ¿Cómo conocieron a Florencia?

La conocimos hace varios años trabajando como docentes. Ella trabajaba en el programa “Jóvenes y Memoria” y nosotros en el programa socioeducativo de producción de cine (CineZAP) en escuelas secundarias en el que trabajamos actualmente. Realizamos algunas actividades en conjunto y a partir de ahí empatizamos en muchas cuestiones referidas a la forma de ver la enseñanza, sus prácticas y teníamos una mirada común sobre cómo debería plantearse la escuela. Y además, todxs veníamos trabajando a partir de la producción audiovisual dentro del ámbito escolar.

¿Aceptó en seguida ser objeto del documental?

Si bien la propuesta le interesó mucho desde el comienzo, se tomó un tiempo para pensarlo porque le generaba cierta vergüenza o pudor  el hecho de tener que ser registrada por una cámara todo el tiempo, y ciertamente era entendible. Sin embargo, siempre vio en la propuesta del documental un valor en la idea de poder mostrar el proceso del taller que se proponía, la posibilidad de visibilizar una experiencia que, tanto ella como nosotros, considerábamos relevante poder mostrar. Y terminó privilegiando esta importancia a la hora de aceptar el compromiso.

¿Y los alumnos?

Lxs estudiantes en general no tuvieron reparos en ser registrados. Al comienzo existieron algunos momentos de cierta resistencia por parte de algunos pocos, alguno de estos momentos se muestra en la película, sin embargo, resultaron situaciones aisladas. Y ante esas situaciones, siempre se optó por dejar de registrar. En ese punto, tenemos en claro que el registro documental de observación parte del vínculo que se establece entre los realizadores, la cámara y las personas registradas. No puede pensarse como algo que se impone, sino como algo que se va construyendo conjuntamente. Esa construcción es, en definitiva, una relación de confianza. De esta manera, los protagonistas del relato, que son quienes ponen el cuerpo frente a la cámara, serán más genuinos en tanto sepan que quienes los están registrando respetarán sus acciones, sus formas, su imagen.

¿Cómo fue el día a día del rodaje?

La película fue filmada a lo largo de casi todo un año, que fue lo que duró el taller en la escuela junto con el viaje a Chapadmalal. Todas las semanas íbamos una vez por semana, en el día y horario en que se daba el taller , y algunas veces fuimos antes para poder registrar actividades o situaciones que se daban fuera del aula: recreos, sala docente, reparto de viandas, etc. Realizamos un registro muy pormenorizado de todo lo que sucedía en el aula, porque desde el primer momento supimos que era importante tener un registro de cómo los vínculos entre lxs estudiantes y también con el equipo docente se iban a ir transformando a lo largo de la producción escolar. Para poder tener esta cercanía y cotidianeidad dentro de aula, armamos un equipo muy reducido de filmación de tres personas (alguno de nosotros con una cámara, otra cámara a cargo de Loreley Unamuno, la Directora de Fotografía, y José Tapia Garzón a cargo del Sonido Directo). Esto nos permitió estar en el curso sin tener una presencia invasiva y de esa manera poder ir generando un vínculo de confianza con lxs jóvenes.

Además de desestigmatizar, la propuesta demuestra que el camino de la educación no es sólo impartir conocimiento, sino acompañar y adaptar ¿cómo llegaron a esas conclusiones?

A través de nuestra propia experiencia como docentes de cine en las escuelas, trabajamos constantemente con este tipo de prácticas pedagógicas en las cuales lxs jóvenes se ven involucrados en una participación y producción muy activa. En este sentido, estas conclusiones que surgen de la película ya las teníamos presentes desde antes y era nuestra intención poder plasmarlas en la película a través de una propuesta pedagógica similar. Cuando uno como docente genera situaciones donde lxs chicxs pueden volcar sus propios conocimientos, sus vivencias, dejando un rol pasivo, eso lxs fortalece en su propia confianza en el poder hacer y lxs lleva a entusiasmarse con el proyecto y con el aprendizaje.

¿Cuántas horas de rodaje tuvieron y qué quedó afuera que les hubiese gustado sumar?

Terminamos con 90 horas de material, teníamos casi todas las clases grabadas a dos cámaras y también con sonido de un corbatero puesto con Flori y un boom para tomar el sonido de lxs estudiantes. El trabajo minucioso de nuestro montajista, Eduardo López López, fue fundamental para poder ir definiendo cómo construir cada situación de aula, ya que era fácil perderse en esa inmensidad. A partir de un primer armado básico de cada escena, fuimos seleccionando cuáles nos parecía que funcionaban y cuáles no. En ese proceso de descarte, tuvimos que dejar afuera cosas muy interesantes, una escena era la de una amenaza de bomba en la escuela (cosa que ese año se produjo muchas veces), donde se desalojó a todxs mientras la policía y los servicios antibombas entraban con sus perros. Esa imagen de escuela tomada por la policía y la gendarmería era muy fuerte.  Otra situación que nos lamentamos dejar afuera tenía que ver con una discusión de un chico llamado Brandon con Flori, porque no había sido votado para ir a Chapadmalal y sentía que había sido una decisión injusta. En esa discusión se daban algunos momentos muy interesantes, donde se veían cómo eran los  vínculos entre los compañeros del aula, según el barrio al que pertenecieran.

¿Siguen en contacto con los alumnos/Florencia? ¿Qué devolución les hicieron cuando les mostraron la película?

Luego de la filmación perdimos el contacto con la mayoría de lxs estudiantes, ya que un año después ya habían terminado la escuela y nosotros estábamos abocados a la edición de la película. Cuando terminamos esa etapa, pudimos recuperar el contacto con algunxs, con la intención de mostrarles qué habíamos hecho. Cuando vieron lo que habíamos armado estuvieron muy contentos, no tenían idea de qué iba a quedar de todo lo que habíamos registrado y los sorprendió gratamente. Igualmente nos falta que una gran parte del curso vea la película. Deseamos poder proyectarla en la escuela a todos los estudiantes de ahí y quizás entonces podamos convocar al resto del curso. Con respecto a Flori, el contacto se mantuvo siempre y de parte de ella también tuvimos una buena respuesta, a pesar de que tanta exposición le incómoda.

¿Fue más fácil el rodaje de a dos?

Este es un documental de observación y como tal, uno no sabe a ciencia cierta qué es lo que va a ocurrir durante el registro. En este caso, solamente teníamos en cuenta que era un proceso que duraría un tiempo estipulado y en un espacio áulico en su gran mayoría. Pero el resto de lo que sucedería, que era en definitiva lo que íbamos a buscar, no lo sabíamos. Y esa búsqueda era semana a semana y durante el rodaje. De alguna manera, es un método de documentar donde el guión se construye en rodaje, no antes. En este sentido, poder trabajar de a dos resulta importante a la hora de poder poner en discusión lo que va ocurriendo, tomar decisiones a la hora de seguir tal o cual personaje o línea narrativa. Este proceso dialéctico, sin dudas, enriquece el trabajo y permite, además, duplicar las miradas de lo que ocurre. Por otro lado, en general siempre uno de los dos operaba una cámara, así que resultaba importante que otro pudiera tener una mirada más macro del rodaje.

¿Expectativas con el estreno?

La expectativa está puesta en que la película pueda llegar a un público que creemos que tiene, porque nos parece que toca temáticas que a un sector importante de la sociedad le interesa o le genera curiosidad. El tema de la educación es algo que siempre tiene relevancia en nuestro imaginario, entre otras cosas, porque prácticamente todos tenemos o tuvimos experiencias vinculadas a alguna etapa de escolarización. En ese punto, la película podrá conectar de manera singular con aquellas personas que habitan diariamente espacios escolares, pero también,  generar interesantes contrapuntos con aquellas generaciones que tienen un registro muy distinto de su propia escolarización, y que permitirá confrontar nuevas formas, y abrir discusiones sobre el rol de la escuela y los vínculos entre docentes y estudiantes. Por otro lado, en momentos donde, desde las políticas públicas, se vienen reduciendo y desalentando los espacios de exhibición de documentales, nos parece fundamental seguir defendiendo su lugar e importancia como dispositivo, y como producción invalorable a la hora de aportar a la discusión de rasgos, temas y problemáticas que configuran y tensionan a nuestra sociedad.