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BAFICI Animado: entrevista a Alfredo Soderguit (El hombre detrás de "Anina")

Durante el 15° BAFICI tuvimos la oportunidad de charlar con el ilustrador, animador y director uruguayo Alfredo Soderguit, quien estuvo de paso por Buenos Aires para presentar su primer largometraje animado, AninA. En un cruce inédito, la película se exhibió en la sección Baficito y también participó de la Competencia Internacional, donde obtuvo el Premio del Público a Mejor Película Internacional. Hoy, ya está confirmada una nueva presentación de dicho film en la versión invernal del BAFICITO Animado 2013.
Les traemos entonces una charla donde nos adentramos en el mundo de la premiada y singular "Anina". La misma irá el 26 y 27 de julio en el Centro Cultural General San Martín. No dejen de reservar sus entradas!

¿Cómo llegaste al mundo de la animación?

Desde chiquito era de ese grupo de niños que dibujan y de alguna manera, fui quedando en ese lugar. Era al que los compañeros de clase le pedían que dibuje el caballito, el perrito o lo que sea. Entonces medio que vas identificándote con ese rol desde chiquito, con identificarte con un “hacer”, y eso me pasó durante toda la escolaridad. Hacíamos la excursión y hacía el dibujito de la excursión. Muy esporádicamente sin sentir que eso tuviera que ver con una proyección profesional o con un trabajo, pero sí con mucho estímulo en mi casa. Me parece que hay otras personas que son dibujantes también, naturales, por decirlo de alguna manera, creo que les pasa igual.

Y cuando digo dibujantes naturales no me refiero solamente a gente que tiene habilidades naturales si no que han desarrollado el gusto por cualquier razón, por cualquier tipo de estímulo. No tenés por qué ser un habilidoso retratista para ser un gran ilustrador. Entonces eso es una cosa que aprendí tarde. principio yo era de los que creía que si podías dibujar el caballito, y parecía una foto, eras un genio.
Después me di cuenta de que no.
Más allá de que supieras eso, vas ocupando ese lugar. Sos el que tiene la capacidad de representar cosas. Y por eso mismo también, obviamente captaban mucho mi atención los libros ilustrados y las películas dibujadas, las películas de animación. Entonces empezaba a prestar mucha atención a los trazos, a cómo se hacen las cosas, cómo se expresan los personajes, a verlo desde mucho ángulos. Y siempre me resultó muy cercano.

Hasta que llegó Anina a tu vida...

Claro, hasta que llegó Anina en 2003. Y fue algo muy raro, muy fuerte, de amor a primera vista, a primera lectura. En el momento en el que leí el libro, tiene un contenido muy fuerte, tan humano, toda la ternura que nosotros intentamos expresar en la película, en el libro está exponencialmente. Desde un lugar muy serio, muy humano, muy tierno, lo tiene todo.
Se reconoce mucho la intención del autor en la novela. Vos encontrás una persona que conoce sobre lo que está hablando y eso le da mucha autenticidad a los personajes; como que el desarrollo del personaje de Anina y sus sentimientos tan fuertes son muy auténticos, tan sensibles, tan fuertes, que lo hace muy real. No es una de esas típicas novelas más bien descriptivas. No había una descripción de Anina, solamente que tenía cabeza y cola grandes.
Yo lo leí y pensé: éste es el libro que estaba esperando para realmente sentir el amor por este oficio. Me pasó eso. Antes de pensar en hacer la película, agarré el libro y dije: “estos son los libros que yo quiero ilustrar”.

¿Y cómo surgió la idea de la película?

Fue súper progresivo. En realidad la idea vino enseguida; estaba entregando las ilustraciones y ya estaba pensando “qué bueno esto para hacer una película”. Nunca había hecho nada de animación y me gustaba. Recién por esos tiempos empezaba a juntarme con un equipo de amigos a hacer pequeños proyectos más experimentales de animación.
Yo había estado ya en un taller, un colectivo de artistas que hacíamos otro tipo de cosas pero que mezclaba audiovisual también, pero más tipo instalaciones mezclando videoarte, y habíamos pocos trabajos, más concretos, de animación, con una línea narrativa más clásica, con recursos narrativos más clásicos.
En ese tiempo ese grupo se había desarmado y armamos un pequeño estudio con un amigo, que es un animador excelente, y hoy es el director de animación de la película, Alejo Schettini.
Con él venimos trabajando espalda con espalda hace años. Y empezamos a hacer eso; un poco para trabajar; un poco para hacer proyectos.
Entonces era un poco raro porque éramos nosotros dos pero éramos un estudio de animación. Esas cosas raras que pasan en los lugares chicos como Montevideo.
Fue muy poquito tiempo. Y un día me llamó Federico Ivanier, que es el guionista, él publica novelas para adolescentes en Alfaguara también, y es uno de los escritores más prolífico, dentro de ese rango juvenil, que hay en Uruguay. Me dijo: “Hola, soy Federico Ivanier, escribo para adolescentes, tengo muchas novelas, y sé que vos tenés un estudio de animación. Tengo muchas ganas de escribir un guión para animación”.
Eso fue 4 ó 5 meses después de haber publicado Anina.
Obviamente venía con la idea de trabajar con alguna de sus novelas. Y yo ya estaba loco con Anina, entonces le dije: “Me encanta la idea, vamos a trabajar con éste libro”. Y nos pusimos a trabajar. Así durante prácticamente 2 años, porque yo no tenía idea cómo hacer para hacer esa película, entonces no nos obsesionamos con cómo íbamos a hacer para terminar esto, sino con que el guión quedara bien.
 
Un proceso largo… ¿y cómo siguió?

Y así fue quedando hasta que en 2005 ó 2006 hice un taller de dirección de arte en la Universidad del Cine, que fue cuando me acerqué más al mundo de la producción de cine, y conocí a Germán Tejeira y Julián Goyoaga que son los productores, también co-guionistas, porque el guión lo trabajamos todos, y también son los montajistas de la película.
Hice la dirección de arte del corto de egreso de Germán y en ese proceso nos hicimos muy amigos y fue cuando le conté de esto: “yo tengo un guión; tenemos un guión con Federico para una película de dibujos animados”.
Yo estaba pensando en productores con carrera ya en Uruguay para presentárselo, para quien fuera evidente cómo producir una película; tampoco yo lo tenía tan claro a esto, quién era el adecuado.
Pero estaba pensando en eso, a quién se lo iba a mostrar, y aparecieron ellos, que estaban en la misma situación que yo, empezando. Y se coparon con el proyecto y me dijeron: “si querés, nosotros lo producimos”.
Y fue con tiempo y con convicción. Y yo les dije que sí. Y a partir de ahí empezaron a desarrollar las biblias, las carpetas como para presentarse con todo a fondo. Y ese mismo año, 2006, ganamos el FONA, uno de los fondos uruguayos que tiene la película.
Y ahí fue cuando se abrió la puerta y pasamos a estar de otro lado. Era casi el 10% del presupuesto que tuvo finalmente la película, sin embargo en ese momento, era eso.
Empezamos a pensar cómo hacemos un largo de dibujos animados con 70 mil dólares.
Hasta el momento nunca habíamos manejado un presupuesto y dijimos: “sí, es mucha plata”. Después te vas dando cuenta que no. Estuvimos varias veces por empezar a hacer la película, pero seguíamos presentándonos, y en el segundo año ganamos el Fondo de Fomento ICAU, cuando salió la Ley de Cine en Uruguay, que es el más fuerte.
Y presentamos el proyecto a Visions sud est de Suiza y ganamos, que nunca había ganado un proyecto de animación, y fue un espaldarazo fuerte. Ahí se convirtió en internacional el proyecto. Ya repercutió un poco en Uruguay.
Pero la película aún no existía. Era todo el proyecto.
La mamá de Germán, Graciela, que es la productora comercial de la película, se movió muy bien con pequeñas y medianas empresas, y logró un buen paquete de presupuesto que se equipara a algunos fondos de los que hay en concursos, entre todas las empresas privadas que apoyan a la película. Eso también fue una apuesta; hubo empresas que pusieron su apoyo 3 años antes de ver la película. Hoy están todos felices.
Es un proceso largo el de los fondos, entonces cuando llegamos, empezó a crecer.
Nos asociamos con Antorcha, de Colombia, vía Germán. Él había estado en la Fundación Carolina en Madrid. Ahí conoció a Johny Hendrix, el director de Antorcha. Ahí le ofrece Anina. Y Johny tenía algunas dudas, porque había hecho películas de mafia de Cali, y una película de dibujos animados no le cerraba mucho.
Cuando vuelve a Colombia, él tiene un hijo de 8 años, y en un momento está con el nene en la casa y dice que no tenía nada para leerle, entonces le leyó el guión. Le leyó una parte y le contó la historia. Y al otro día el hijo le dice: “papá, quiero que hagas esta película”. Y él le dijo: “¿te gustó tanto?”. Y el hijo le dijo: “no sé, pero como siempre hacés películas para grandes, quiero que hagas una que yo pueda entrar al cine a ver”. película que no fuera más de 13 años. Así que fue el co-productor. Y luego el proyecto se presentó a Ibermedia, en sociedad con Colombia, y a otros, y ahí se redondea.