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#BAFICI21 (VIII): llega el #GodOfThePiano (Comp. Int)

Para Anat el piano es absolutamente el eje central de su vida. Ella es no solamente una reconocida pianista, sino que además, alrededor de este instrumento se entrecruzan diferentes niveles emocionales.

La exigencia de llegar a un altísimo rendimiento, la sensación de agradar a su padre y seguir su legado (él es también un reconocido músico, compositor y jurado de certámenes de renombre internacional), el precio de la fama y de una impecable trayectoria y por sobre todo esto, la imperiosa necesidad de que el hijo que está por nacer siga ese designio y sea un digno heredero del virtuosismo familiar. Al nacer su hijo y enterarse que es sordo, el universo de Anat se desmorona y la hará cometer un acto impulsivo, impensado, un acto de locura.

Planteadas las cosas en este tono tan cercano al desborde y la insania, todo haría prever que “GOD OF THE PIANO” se conducirá por carriles cercanos a lo demencial y lo extremo.

Sin embargo, Itay Tal (director, guionista y editor del filme) prefiere que su ópera prima navegue en aguas más mansas, más tranquilas y que en vez de construirse desde un tono de thriller crispado, aborde la historia con cierto nervio, pero que se encuentre atravesada por una temática más relacionada con ciertos dilemas morales y por los cuestionamientos éticos que surgen de la premisa de inicio.

El impacto del mandato familiar en nuestra propia vida y la transmisión de ese “pacto” a nuestros hijos –o la decisión de romper con la estructura y liberarse- será entonces el tema central que elige el director para encauzar la propuesta.

Esa búsqueda desesperada de Anat por controlarlo todo, será entonces el principal disparador con el que trabaje Itay Tal, para poder montar una película que por momentos logra inquietarnos al extremo de no saber hasta qué punto la protagonista será capaz de seguir presionando a su hijo y a todo su entorno para ajustarse a su rígida estructura en la que ella misma queda fuertemente atrapada y casi sin posibilidad de salida.

La culpa, el remordimiento, la exigencia, la deshumanización de su hijo al que sólo ve como un vehículo de sus propias ansiedades y objetivos son algunos de los elementos que el guion pone en juego en el momento de desarrollar la historia. Naama Preis construye una Anat con todos los matices y su actuación es el eje sobre el que se basa gran parte del acierto de “GOD OF THE PIANO”, dado que su creíble composición nos hace partícipes de su angustia y de su dualidad y nos enfrenta en los momentos de tensión.

Sin embargo, hay ciertas decisiones de la puesta, ciertas escenas que nos hacen pensar que el director está a punto de tomar mayores riesgos y llevar las cosas a un límite más extremos. Momentos de tensión familiar, de discusiones en un auto o de decisiones al filo de la navaja, que nos inducen a sentir que Tal abandonará las estructuras. Alejada de la prolijidad, seguramente esta película israelí que forma parte de la Competencia Internacional del BAFICI, hubiese ganado contundencia y fuerza.

De todos modos, sin la erupción ni la locura que a veces se plantea más saludable para un cine independiente donde se pueden tomar mayores riesgos, la propuesta de “GOD OF THE PIANO” en su reflexión sobre los legados, la trama de pertenencia familiar y el punto hasta donde uno está dispuesto a llegar para satisfacer sus pulsiones, se construye como una ópera prima interesante y con muchos puntos de reflexión.