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#BAFICI21 (XI): #L’HommeFidele de Louis Garrel (Comp.Int)

Louis Garrel es un rostro tan presente en el cine francés actual, que muchos lo recordarán por sus participaciones en el cine de Christophe Honoré (“Les bien- aimés” “Mi madre” con Isabelle Huppert o en “Canciones de Amor”), o acompañando a su padre Philippe Garrel (en “Los amantes regulares” “Un verano ardiente” o “La Jalousie”, vista justamente en otro BAFICI).

Hay quienes lo identifiquen por su luminosa intervención en “Los Amantes Imaginarios” de Xavier Dolan, a las órdenes de otro gran cineasta francés, Arnaud Desplechin en “Los fantasmas de Ismael”, como uno de “Los soñadores” de Bertolucci o quizás por su recientemente personificación de Jean Luc-Gordard en “Godard, Mon Amour”.

En esta ocasión Garrel no solamente estará delante de las cámaras en el centro del triángulo amoroso de “L’HOMME FIDÈLE” sino que además este proyecto lo convoca como co-guionista y en el rol de director, detrás de las cámaras por segunda vez –su primer filme “Los dos amigos” no ha sido estrenado en Argentina-.

Garrel en este caso apuesta a una película de estructura tradicional y que se basa fundamentalmente en el juego con los posibles universos cuando se entrecrucen los personajes, guardándose para sí el personaje protagónico de Abel.

La trama es simple: Abel está en pareja con Marianne (Laetitia Casta) cuando ella le confiesa que está embarazada. El bebé que está en camino no es suyo sino de su mejor amigo Paul, con lo cual esta confesión empujará a que Abel tome la decisión de abandonarla.

La historia avanza diez años hacia adelante cuando Paul fallece repentinamente y el vínculo entre Marianne y Abel vuelve a reconstruirse a partir de su reencuentro en el funeral. Si bien la historia está contada en un tono clásico de triángulo romántico, la pluma virtuosa de Jean-Claude Carrière plantea mucho más que un simple triángulo en la escasa hora y cuarto del filme.

Tan sólo 75 minutos le bastarán a un dramaturgo experimentado para explorar las múltiples combinatorias de los personajes, haciendo entrar en el juego triangular tanto al fantasma de Paul cuya presencia física obviamente no se materializa pero que si está presente en forma casi permanente en las pulsiones y en las sensaciones de los personajes.

Y todo se complicará un poco más cuando aparezca Eve, la hermana de Paul, que de pequeña siempre ha visto a Abel como un objeto de deseo y admiración algo lejano, pero que, ahora, pasado el tiempo, pareciese que su deseo podría llegar a materializarse.

Otra pieza fundamental en este rompecabezas que plantea el guion es la del hijo que han tenido Paul y Marianne (a cargo de un vivaz y simpático Joseph Engel) que permite presentar dentro del relato el tema de los roles filiales, el activo ejercicio de la paternidad y, además, a través de las fabulaciones que este hijo hace a partir de la muerte de su padre y los comportamientos de su madre, aportar en iguales dosis, tanto el misterio como la comedia.

Jugando con los diálogos, las voces en off, los pensamientos en primera persona y sobre todo, exquisitamente, introduciendo en el relato de Abel un tiempo verbal que es muy usado en la literatura francesa pero que no tiene correlato con la oralidad cotidiana, la dupla Garrel - Carrière, nutre de ciertos fragmentos de la película de un espíritu literario que es armónico y aporta esa búsqueda de diferentes lenguajes que se plantean los guionistas para salir de la estructura más tradicional.

Louis Garrel sabe que este tipo de personajes le calzan como un guante y aprovecha y explota todas las aristas, en una construcción similar a la de los personajes masculinos conflictuados que construye el cine de su padre. Aquí no es la culpa ni los celos los que mueven al personaje, sino que el planteo va de la mano de la fidelidad, no sólo por oposición a la infidelidad de Marianne sino una fidelidad que va de la mano de los principios, de la ética y de la construcción interna de Abel.

A su lado, Laetitia Casta no solamente despliega toda su belleza, sino que aprovecha los matices que le brinda el personaje y subraya aún más con su actuación esa veta enigmática que plantea el guión sobre la muerte de su esposo.

Eve, “la tercera en discorida” está a cargo de Lily-Rose Depp (hija de Johnny Depp y Vanessa Paradis) que tiene el tono perfecto de esa niña que ahora es mujer, con una fuerte carga de sensualidad que remite a algunos personajes de Christina Ricci en “The Opposite of Sex” o “Pecker”, con quien incluso se parece hasta físicamente.

Quizás muchos puedan pensar que es la menos “BAFICI” de la competencia internacional, pero lo cierto es que “L’HOMME FIDÈLE” acierta tanto en la duración (sin estirar situaciones ni plantear múltiples historias secundarias que frecuentemente quedan en la nada), como en la construcción de los personajes y en esos momentos que tiene un tono de homenaje a la nouvelle vague o de esa voz en off tan típica del cine de Truffaut, que le sienta muy pero muy bien.