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#19DOCBUENOSAIRES Stephane Göel "Mis films exploran utopías".

Dentro de la programación del DocBsAs 2019, uno de los focos está puesto en la retrospectiva de la obra de Stéphane Goël, nacido en Suiza y formado en Nueva York, miembro del grupo CLIMAGE, un colectivo de realizadores especializado en producir documentales con temática social, cultural e histórica.

Café de por medio, Marcelo Cafferata conversó con Goël sobre sus tres últimas producciones, que formarán parte de la retrospectiva dentro de la Muestra que del 10 al 16 de octubre inundará Buenos Aires del cine de lo real.

Espectador Avezado: Después de ver “De la cocina al Parlamento” “Insulaire / Isleño” y “Fragments du Paradis”  se perciben, a priori, como obras completamente diferentes. ¿Cuál es el punto en común, la motivación que aparece ante cada nuevo proyecto?

Stéphane Goël: “De la cocina al parlamento” es una película realizada para la televisión, por lo tanto se diferencia de las otras con un estilo más periodístico, pero de todos modos los tres exploran  -como el resto de los films de la retrospectiva-, una idea alrededor de la utopía, la utopía del exilio y la colonización para “Insulaire / Isleño”, la utopía del “más allá de la muerte” en “Fragments…” y más que una utopía, una verdadera necesidad de cambios en el escenario político  en el caso de “De la cocina al Parlamento”, retrato de esas fuerzas en juego que pueden conducir a la modificación en el Sistema. Ya sea dentro un sistema “imaginario” como puede ser el paraíso o un territorio casi ficcional en una pequeña isla en medio del Pacífico,  o en un sistema político como lo es la democracia directa (recordemos que el pueblo suizo vota cuatro veces por año), vivimos en la utopía de la “hiper-democracia”. Sin embargo, la contradicción que trato de mostrar en mi cine y particularmente en “De la cocina al Parlamento” es que prácticamente en el que se concibe como el “país más democrático del mundo”, cuestiones tan evidentes como el derecho de voto de las mujeres han sido postergadas más de cincuenta veces por los hombres (e inclusive algunas mujeres) que han votado justamente para decir “no!”. Con lo cual, incluso dentro de la idea de esta “hiper-democracia” me parece interesante reflejar ese costado reaccionario que sigue tan presente.

EA: En el filme “De la cocina al Parlamento”, Brigitte Studer expone un pensamiento que pertenece claramente al siglo XIX donde se concibe “a los hombres como seres racionales y a las mujeres como seres emocionales”. Sin embargo, algo de esta manera de pensar pareciera seguir vigente en América Latina… ¿Qué sucede en Suiza en relación a este pensamiento?

SG: Felizmente las cosas han evolucionado. Al momento del filme (2012) era importante celebrar el derecho ganado por el voto femenino logrado recién en 1971, tan puesto en cuestión dentro del territorio político. De todos modos, hoy por hoy, la participación sigue siendo minoritaria (hay menos de un 25% de mujeres en el Parlamento) y es innegable la tensión entre un esquema de un mundo privado, doméstico y femenino y ese mundo político, público y masculino.  Pero sigue existiendo un “plafond de verre” –ese techo de cristal invisible difícil de romper, con el que chocan frente al avance de sus carreras o el acceso a lugares de jerarquía- en donde las propias mujeres no se ven legitimadas, y de este modo viven su propia opresión interiorizada.

EA: Una antinomia, una dicotomía entre lo que ellas sienten y lo que realmente tienen el poder de hacer…  

SG: Exactamente. Esto sucede tanto en el plano político como en plano profesional, por supuesto, y acontece justamente en un país que se concibe tan moderno, tan rico y tan democrático como Suiza. Hay casos puntuales en que estas diferencias son marcadas -como el caso de los salarios, hay algo que puede medirse objetivamente- y otros en las cuales son más internas. Estas situaciones, entre otras cosas, han dado origen a la “Huelga de las Mujeres” del 14 de Junio de 2019. Fue un día de una enorme manifestación popular, no mediante el voto como es nuestra costumbre, sino que fueron miles de ellas expresándose en las calles –una forma que para Suiza no representa un espacio acostumbradamente político-, dejando en claro que el combate por la igualdad sigue en pie para las jóvenes generaciones: sus abuelas no tuvieron el derecho al voto, sus madres no tuvieron derecho al aborto y ahora son estas nuevas generaciones las que deben continuar la lucha (por la representación, por la igualdad salarial, la diversidad sexual).

EA: ¿Cómo piensa que puede recibir el público de América Latina un documental como “Fragmentos del Paraíso” –en donde hay una multiplicidad de miradas, con más de 35 testimonios, sobre la idea de la muerte y el paraíso-?

SG: Cuando mostramos el film en Ecuador, hubo una interesante discusión sobre la idea del catolicismo que no aparece en la película, por más que en Suiza hay una importante diversidad de culto. Lo que más me ha sorprendido de los testimonios del filme –que son de gente que por su edad está más cercana a la muerte- es que ninguno de ellos estaba impregnado por el cristianismo. Creo que se debe a que, después de la Segunda Guerra Mundial, hubo una notable baja de la importancia del rol de la Iglesia. Por lo tanto las miradas van más allá de un Dogma: es un retrato de una sociedad de postguerra (en donde sabemos que Suiza se ha enriquecido) y los testimonios son entonces, los de una primera generación que ha tenido acceso al consumo –los baby boomers-, a la seguridad, a los viajes y de los 130 testimonios recogidos no apareció casi en ninguno de ellos la típica expresión del miedo a morir, del dolor, ni de la mirada religiosa. Cerca de la muerte, los testimonios giraron mucho más acerca de “vivir lo que espero poder vivir” –centrados en el aquí y ahora, en vivir el momento- que de la mística del reencuentro con los seres queridos, bastante diferente a una mirada latina, tal como lo fue también en un país musulmán como Marruecos, donde apareció una idea más vinculada con lo religioso. Dentro del shock que produjo el filme, fue interesante ver qué significaba, que representaba el paraíso de acuerdo a la concepción de cada uno de ellos. Sin embargo, como debemos tener una imaginación lo suficientemente vasta como para hablar de paraíso y eternidad, la mayoría de los testimonios, curiosamente, direccionaron a cosas más concretas: a los hijos, a que la familia sea feliz, al amor, al placer, a disfrutar de las pequeñas cosas.

EA: ¿Y después de un film tan poético como aparece la idea de filmar en Chile una película como “Insulaire / Isleño”?

SG: Descubrí, de casualidad, un libro de historia acerca de Robinson Crusoe y de la existencia de una isla que había sido colonizada por un suizo. Busqué en los archivos en Suiza y encontré información, cartas a su familia y me decidí  a iniciar la aventura con un duro trabajo 8 semanas de rodaje en el medio del Pacífico con un bote que sólo arribaba a la isla una vez por mes. Pero apareció esa idea metafórica de la isla: Suiza, como una isla en el medio de Europa tan parecida a esa isla sumida entre el mar y las montañas, solitario en medio del Océano Pacífico. Y en ambos casos, me encontré con la obsesión de proteger los privilegios: así como Suiza quiere seguir siendo rica y moderna, los habitantes de la isla también quieren construir su propia frontera interior, preservar su propio paraíso privado sin que exista la posibilidad de que alguien del exterior penetre en su mundo que parece pertenecerle gracias a sus ancestros. Encuentro de esta forma, ese costado absurdo de la identidad suiza fabricada, artificial, en ese territorio que parece no pertenecer ni a Chile ni a Suiza. Así parece espejarse en los isleños lo  mismo que sucede con la identidad suiza que está conformada por todos pequeños estados que no logran conformar una identidad nacional: tenemos pluralidad de idiomas, de religiones, de perfiles políticos y muy diferentes de acuerdo a cada cantón. Esta es prácticamente la fuente de una fuerte metáfora, casi absurda, de una resistencia identitaria construida. Suizos e isleños se enfrentan en un espejo donde, al mismo tiempo que se rechaza al mundo exterior, se evidencia la necesidad de ese lazo, como un cordón umbilical, vemos ese barco que llega una vez por mes a la isla con provisiones, así como sabemos que Suiza también necesita del resto de los países de Europa y no solo por el turismo, ni por las industrias…, fundamentalmente por los bancos.

Goël es tan cordial y tan ameno en su charla, tan apasionado de su cine que nos hubiésemos quedado horas hablando con él, pero con su apretada agenda, se dispone para su próximo compromiso y nos deja dentro de la muestra un puñado de sus películas, de su cine, para el completo disfrute cinéfilo.