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"De tiburones y otras rémoras": ¿Qué somos?

De impacto inmediato, "De tiburones y otras rémoras" es una obra que atraviesa al espectador hasta sacudirlo en un shock de realidad. Hay obras que son productos del efecto/coyuntura del momento y lugar. Hay otras que son atemporales y universales.

Obras como "De tiburones y otras rémoras", que se presenta todos los viernes 20.30hs en la sala Patio de actores (Lerma 568, Palermo) pertenecen a ambos polos. Son dueñas de una potencia que traspasará generaciones, que cruza continentes; pero que causan efecto aún mayor en determinados momentos y circunstancias. Sergio Villanueva es un actor, director, y autor valenciano perteneciente a la generación post franquista y de desarrollo cultural actual.

Cuenta con varias novelas en su haber como "Tránsitos y denominaciones", y "Laberintos de celuloide". En cine, además de destacarse como actor, se alzó con el Premio del público en el Festival de Málaga con Los comensales, película semi documental que dirigió y guionó, en la cual demuestra toda su pasión por el teatro signado por lo social.

"De tiburones y otras rémoras" es una obra de su autoría, con la que vuelve a demostrar su profunda sensibilidad. La compañía teatral Vacío fértil la presenta ahora en Argentina, luego de una exitosa gira por España e Italia. Demostrando que su contenido es tan actual como transcontinental. Dos actores en escena, una puesta minimalista que decide hacer foco en los detalles.

Su directora Marina Wainer sabe que lo fundamental es el texto y la libertad de los intérpretes. Un primer cuadro nos ubicará de inmediato.

Una clase instructiva sobre los tiburones, no necesariamente los que habitan en aguas saladas, estos pueden nadar en el peor de los charcos. Los actores Romina Pinto e Iván Steinhardt contarán una historia en cinco viñetas, no exactamente actos, nunca saldrán de escena. Pueden ser historias independientes, partes de un conjunto.

Unidas por lo temático, y por un personaje, el femenino que irá sufriendo una transformación en vivo, si es que ya no la sufrió.

Las participaciones o acciones preferentes son un instrumento de deuda emitido por una sociedad que no otorga derechos societarios al inversor, ofreciendo una retribución fija. Suertes de plazo fijo mucho más vulnerables, no ofreciendo ningún respaldo frente a la eventual quiebra de la entidad financiera.

A fines de 2011 los bancos españoles salieron a ofrecer estas “tentadoras” participaciones a sus clientes, dándoles la oportunidad de transformar sus ahorros en estos valores. Los clientes mayoritarios fueron los sectores más vulnerables, obreros y ancianos. Adivinen qué pasó después con esos bancos ¿Les suena corralito y crisis argentina de 2001/02? De tiburones y otras rémoras habla de España, pero podría hablar de Argentina, de Estados Unidos con las estafas inmobiliarias, de Italia, o de cualquier parte del mundo.

El sistema financiero es predador en todas partes, y mejor acostumbrarse a nadar en esas aguas duras. Eso es lo que sufre el personaje de Romina Pinto, una empleada bancaria que se encuentra en la encrucijada de tener que vender este nuevo “producto”. Sabe que son una estafa, sabe que no hay respaldo. Pero hay que vender, hay que trabajar, hay que vivir ¿a costa de qué/quienes?

"De tiburones y otras rémoras" tiene todos los elementos para ser una tragedia irrespirable. Sin embargo, Villanueva optó por la comedia, por el grotesco, recordando a los locales Jacobo Langsner o Roberto Cossa.

El espectador se ríe, a carcajadas, pero hay un cosquilleo interno, incómodo, que no abandona nunca. No es casualidad, durante nuestra última crisis económico social – y un período posterior a modo de revisión –, aquí también salieron títulos (películas como "1 peso 1 dólar", "La cola", "Un minuto de silencio", y hasta la tardía secuela de "Esperando la carroza") que funcionaban como reflejo de lo que nos sucedía.

La comedia siempre es el recurso más eficaz, como diría la recordada Susana de Musicardi, para reírnos de nosotros. Marina Wainer dota al escenario de lo mínimo indispensable, dos silla, una mesa/escritorio, algunos utensilios, y cadenas que funcionarán como anzuelos y contenedores de la ropa que Pinto y Steinhardt deberán ir probándose.

"De tiburones y otras rémoras" convoca a la recreación visual. Una mesa puede ser mesa, escritorio, o pileta. Un recipiente puede ser plato, taza, o pelela. Todo en un tour de forcé en el que los dos actores contarán con segundos para entrar y salir de personaje. En esa vorágine el espectador se siente contenido, y logra transmitir la desesperación que se palpa en el aire. Ambos actores serán llevados al extremo interpretativo, y saldrán victoriosos de semejante hazaña.

Steinhardt cambiará sus personajes, cada uno con un estado de ánimo y personalidad diferente. Hasta jugará a ser alguien senil de avanzada edad. Su composición es más contenida, centrada; entendiéndose como la contrafigura que debe expresar las sensaciones más racionales, o pusilánimes. Puede hacerse odiar en la primer historia, y llevarnos al llanto y al desasosiego en los posteriores.

Logrando su climax ideal como un marido al mejor estilo Federico Luppi en El arreglo.

Pinto es fuego puro, un estallido permanente. Si bien podemos entender que su personaje siempre es la misma mujer, sus cambios son permanentes. Es desenfreno, desesperación, ataque, casi una chica del mejor Almodóvar.

Crean un aura hipnótica alrededor de ella y nos conduce por todos sus estadíos. Entre ambos personajes siempre existe la dualidad, y ahí es donde "De tiburones y otras rémoras" interpela al espectador, lo hace partícipe de su juego. Dejándolo absorto y pasmado ante todo lo que está viendo y viviendo. Es asombro y desolación.

Otro acierto de la puesta de Wainer serán las luces, como protagonistas más. Ante un escenario necesaria y estilísticamente despojado, las luces nos indican qué ver, crean una marcación, enfocan lo fundamental, aunque no siempre sea donde ocurre la acción. Corrosiva, negra, profunda, actual y permanente, universal, hilarante, y desoladora.

"De tiburones y otras rémoras" es una propuesta única en nuestra cartelera teatral. Invita a no ser simples espectadores de una obra, convoca a una experiencia necesaria e imperdible.