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"Sin filtros" : Intensa-Mente!

Quien haya visto “El Padre” de Florian Zeller, en la puesta de Daniel Veronese con Pepe Soriano y Carola Reyna sabe de la profundidad y la hondura con que este autor francés, multipremiado internacionalmente, aborda situaciones dramáticas con total contundencia y una mirada impiadosa, con la enorme virtud de no caer en absoluto en el melodrama. Cabe entonces la pregunta: “Zeller escribiendo comedia?”. Asombra, desde un primer momento, la ductilidad con la que puede cambiar de registro.

Desde un drama desgarrador hasta la comedia aparentemente más liviana, Zeller se maneja con un común denominador: personajes con los que uno fácilmente pueda sentirse reflejado rápidamente, cargados de su mirada plena de ironía para abordar las situaciones cotidianas que quiere plantear.

En “SIN FILTRO” se presenta un panorama similar al de esa gran película de Alan Alda “Las cuatro estaciones” donde tres parejas iban juntas de vacaciones y dos de ellas tenían que convivir con una tercera donde su amigo de toda la vida presentaba a su nueva novia con la que tenía una diferencia de edad más que considerable.

El contrapunto de la pareja con casi veinte años de convivencia -con el desgaste natural que eso presupone- versus la potencia sexual y los nuevos bríos de la pareja que recién se está conociendo, será apenas el primer disparador de los mecanismos de la comedia.

Sumado a esto el hecho de que un cincuentón “cambie de modelo” por una mujer muchísimo más joven (“Mujer? Que mujer??! Es una nena” dirá uno de los personajes) crea el clima idea para que Zeller clave su bisturí sobre las relaciones de pareja, la zona de confort, la rutina, los sueños personales y los deseos íntimos, todos bajo el cristal de su peculiar mirada que no se calla nada.

Gabriel Goity es Daniel, un editor literario casado con Valeria (Carola Reyna) una profesora de historia con varios doctorados en su haber y conforman desde hace casi veinte años una típica pareja intelectual de clase media-alta.

Un amigo en común Martin (Carlos Santamaría) ha dejado intempestivamente a su mujer de toda la vida, íntima amiga de Valeria –lo que no es un dato menor- por una chica de 28 años completamente infartante (Muni Seligmann).

Daniel y Martin se encuentran por la calle y pactan una cena entre los cuatro para un sábado a la noche, justamente en la casa de Daniel y Valeria, quien está obviamente enfurecida con que traigan a su propio living a la rival de su íntima amiga.

El nuevo concepto que Zeller introduce en el escenario para despegar de una mera cena entre amigos en la que se cruzarán varios dardos envenenados, es el de conocer no sólo lo que los personajes dicen sino que también conoceremos lo que los personajes piensan.

Jugando con romper la cuarta pared y mediante el uso del recurso del “aparte” (donde los personajes hablan consigo mismo, pensando en voz alta para ser oídos por el espectador) sabremos perfectamente que en la gran mayoría de la situaciones nadie expresa lo que realmente piensa.

Justamente esa dicotomía entre el pensar y el decir va a ser el principal atractivo con que cuente la pieza, en donde la hipocresía con la que se manejan los personajes -y la que nos hará sentirnos invariablemente reflejados- irá marcando el tono vertiginoso y el ritmo de comedia de este Zeller que desnuda y expone a sus personajes completamente “SIN FILTRO”.

Carlos Santamaría es quien aparece con menos lucimiento con un Martín al que el texto no le da las mejores líneas. Aún con un correcto manejo de su personaje, pareciera que no logra subirse en ningún momento al tono de comedia irónica y despiadada con el que se maneja la pieza.

Muni Seligmann, por su parte, compone una Eva con la dosis justa de sensualidad, desprejuicio y frescura, se maneja muy cómoda en el escenario con este personaje entre naïf y vamp, luciéndose más aún con el juego que se propone en las escenas que comparte con Goity.

Carola Reyna compone una Valeria con muchos matices y si bien su punto fuerte es el drama, también sabe sacar partido de la comedia. Una vez pasado el inicio del primer acto donde parece que el recurso del “aparte” sobreabunda y facilita un tono algo exagerado, a medida que transcurre la obra, su criatura va tomando cuerpo y Reyna saca partido con solvencia y su talento escénico.

Vale destacar que, en este caso, la meticulosa versión de Masllorens y Del Pino, favorece a que los personajes puedan lucirse con pequeñas referencias locales que hacen más efectivo cada latiguillo y permiten que los diálogos luzcan naturales y espontáneos.

Pero sin lugar a dudas es Goity quien no solamente tiene las situaciones mejor escritas por Zeller sino además quien disfruta y paladea cada línea de su Daniel sumando otro trabajo excelente dentro de la comedia como ya lo ha hecho en “Gorda” dirigido por Veronese, en “El método Gronholm” o en “Un dios salvaje” de Jasmina Reza.

Aprovecha hábilmente la desaparición de la cuarta pared para meterse al público en el bolsillo y encuentra el tono justo tanto en el juego con Seligmann como en las discusiones y en la seducción con su esposa. Una comedia en donde la inteligente mirada de Zeller no solamente nos invita a pasar un rato divertido sino a plantearnos entre carcajada y carcajada cuánto escondemos y cuán auténticos podemos ser en nuestros vínculos más cercanos.