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"La Desgracia": la verdadera desgracia es que se la pierdan!

El Galpón de Guevara parece haberse convertido en un templo del musical off de Buenos Aires con producciones de excelente nivel. A la reciente ganadora del premio Hugo “Lo quiero ya” y la puesta de “Mamá está más chiquita” que se repondrá en el mes de Octubre, se suma un musical que ya celebra diez meses a sala llena y que es una muestra de humor irreverente y de poderosa creatividad.

Hablamos de “LA DESGRACIA” de Juan Martin Delgado (libro y letras) y Francisco Martínez Castro (música original), un musical donde los creadores no tienen miedo de disparar ironía e incorrección política sobre temas que parecen ser temas tabú y con los que pocos se han atrevido a encarar de esta manera.

Lo que sucede en el pueblo de Terranova es la excusa perfecta para que Delgado y Martínez Castro se permitan una libertad creativa tal, que se animan tanto a parodiar a otros musicales (se respira un aire de “La Parca” o de “Rocky Horror Show” casi permanente y se ironiza sobre clásicos como “Annie” o “El rey león”) como de mezclar en un mismo musical una reflexión sobre el poder político, la Iglesia, el esquema de “pueblo chico, infierno grande”, el mundo de la medicina, las adicciones, la corrupción, el feminismo y la locura, entre tantos.

Allí en Terranova aparece una enfermedad de transmisión sexual, “la desgracia” del título, que sembrará el pánico y hará que el consultorio del único médico del pueblo (junto con su inseparable enfermera) se vea asediado por quienes crean que pueden contraer ese mal.

Pero será justamente Anita, la hija de la intendente del pueblo, quien sea diagnosticada con la desgracia e internada en un particular centro donde se albergan mujeres con enfermedades irrecuperables (en uno de los cuadros más celebrados y delirantes del show junto con otro en donde la intendente habla sobre los pobres).

Cada una de las situaciones que se van presentando le permiten a Delgado hacer uso de un humor corrosivo y desbocado, con textos y canciones desopilantes, con un ritmo sostenido, timing de comedia del absurdo y que en ningún momento pierden su ojo crítico a la sociedad sobre la que ha puesto su lupa.

No solamente acierta en la mezcla perfecta de texto y canciones (uno de los personajes se burla del género y de sí mismo diciendo “¿dónde estamos? ¿en un musical? Ah, entonces me puedo poner a cantar y aparece la música y la orquesta me sigue, no?) sino que también tiene como principal atractivo una dramaturgia que se estructura desde diversos puntos de vista, que recurre a flashbacks pero por sobre todo a “rebobinar” y volver a contar la escena desde el punto de vista de otro personaje.

El autor se permite el juego y la apertura de diferentes líneas de acción sin dispersarse ni dejar cabos sueltos, pero rompiendo inteligentemente la cronología para que el relato vaya armando el propio rompecabezas que permita resolver un asesinato anunciado. De esta manera, los cuatro intérpretes principales de la obra tendrán su momento de lucimiento dado que la trama va girando sobre su eje al ir pasando “de mano en mano” la narración de la historia.

Mariano Condoluci inicia el relato de “LA DESGRACIA” como Nora, la enfermera que asiste al Dr. del pueblo en un papel que le permite absolutamente desplegar su histrionismo, su manejo corporal y vocal, y de esta forma sumar otro excelente trabajo a los ya desempeñados en “Cita a Ciegas” y “The Rocky Horror Show”.

Patricio Witis (de participaciones en “Smokey Joe´s Café” y “Dr. Jeckyll y Mr Hyde”) es justamente el doctor del pueblo y su composición se basa fundamentalmente en la simpatía y seducción con la que compone su personaje a lo que, sobre el final de la obra, sumará una canción que le permitirá desplegar toda su fuerza vocal para este doctor que es el nexo entre las tres mujeres protagonistas de la obra.

A su consultorio ha llegado Anita, la hija de la intendente del pueblo encarnada por Belén Ucar que es un verdadero torbellino en escena –imposible despegarle la mirada en cada una de las escenas en las que participa- y que tiene la enorme capacidad de mutar desde una nenita indefensa hasta una suicida en potencia con el mismo nervio y la misma perfección, además de lucirse con una voz privilegiada en todas las canciones a cargo de su personaje.

Cierra el cuarteto, Leonor, la intendente del pueblo de Terranova a quien Andrea Lovera (actriz de una amplia trayectoria en musicales con destacados trabajos en “Sweeney Todd” “Forever Young” “El violinista en el tejado” y el infantil “Mi Perro López”) le presta el cuerpo.

Sumando su potencia vocal a su versatilidad para la comedia musical, Lovera compone una caricatura de villana profundamente querible, con pasos de comedia disparatados en los que seduce como juega al filo del absurdo sin perder en ningún momento el registro de su personaje.

Si bien los cuadros musicales en donde aparece el ensamble son visualmente vistosos y las coreografías grupales funcionan a la perfección, merecen destacarse los trabajos de Lula Rosenthal como Samanta (con dosis exactas de incorrección, desborde y una potencia vocal impresionante que la platea celebra con un aplauso cerrado después de su primera canción) y Nahuel Adhami como el cura del pueblo, con otro personaje lleno de detalles, simpáticamente burlón y delirante.

Nada escapa a la mirada sagaz e irreverente del dúo Delgado/Martínez Castro para hacer de “LA DESGRACIA” un musical absolutamente disfrutable, plagado de humor políticamente incorrecto y de una mirada que infrecuentemente aparece en el terreno del musical.

Altamente recomendable, imperdible, quienes puedan acercarse los lunes a El Galpón de Guevara encontrarán un talentoso grupo que ha generado un musical digno de comparar con las mejores puestas del Off-Broadway.

Alejado de las luces de Corrientes y del circuito comercial, quien se anime a asomarse los lunes por la noche al Galpón de Guevara encontrará sencillamente un espacio lleno de talento y que explota de fuerza creativa. Consejo: no se lo pierdan!