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"Estrella" (el aire entra, el aire sale) : Recuerdos de Provincia

El unipersonal es, indudablemente, un espacio de creación que requiere, por parte del actor, de una pericia y una capacidad singular, de una total entrega y de la sagacidad de encontrar un texto potente que nos transporte, nos movilice, y del que el protagonista absoluto, sea una perfecta caja de resonancia. Todo esto pasa, en todos y cada uno de los espectáculos del talentosísimo Juan Pablo Geretto.

Y quien lo haya visto en escena (más allá de poder conocerlo por sus intervenciones televisivas) sabe perfectamente a lo que me estoy refiriendo, porque su paso por el escenario es un hecho teatral absolutamente conmovedor.

Desde su galería de mujeres al borde de un ataque de nervios en “Solo como una perra”, el homenaje delicado y profundo que hizo a la figura femenina y maternal en su excelente “Como quien oye llover”, hasta su capacidad de observación con una mirada aguda y desbordante de humor -que logró unir calidad con popularidad, en su tercer espectáculo que tuvo un enorme suceso con más de seis años en cartel-, en su querida y entrañable “Yo amo a mi maestra normal”.

En esta oportunidad, Geretto vuelve a un espacio intimista como el del Camarín de las Musas y desde la propia puesta (que firma junto con Virginia Martinez, quien es también co-autora de la dramaturgia) apela a su dote actoral como (casi) único instrumento para volver a cautivarnos con sus narraciones.

Un espacio colmado de naranjas, aún antes de comenzar la función, ya nos da una idea de campo, de arboledas, de naturaleza y nos transporta a algún pueblo del interior: Estrella, la protagonista de su nuevo espectáculo, es justamente una mujer de pueblo.

Revendedora de cosméticos a domicilio, se ha ganado un viaje hacia uno de esos eventos exclusivos para revendedoras y líderes exitosas y ese tema, por estos días, la tiene tan alterada como entusiasmada, en partes iguales.

Estrella/Geretto no tardará más de dos escenas en meterse al público completamente en el bolsillo, cuando confiese -con su toque naif y sin ningún pudor- que justamente la mejores revendedoras se encuentran en las zonas inundadas de la provincia por lo que fue ese “golpe de suerte” el que quiso que ella se hiciese acreedora de este premio que disfrutará en breve. 

Es así como nos irá contando lo que sueña sobre ese viaje -aunque en rigor de verdad vuelve al tono confesional para decirnos que hubiese preferido otro destino y vincula recuerdos con un Bariloche soñado-, cómo es su relación con sus clientas… y salta de contarnos las bondades de sus productos a alguna anécdota disparatada de su entorno familiar y algunas otras situaciones que la han marcado a fuego.

Fundamentalmente, si queremos abordar enteramente al personaje, podemos definir a Estrella en una sola palabra: vulnerable. Una mujer condicionada fuertemente por la mirada estigmatizante de su madre -que aún hoy, muchos años después, sigue habitando en su cabeza e indudablemente dejando una herida incurable-, tironeada siempre por la voluntad de los demás sin dejar el espacio para la suya propia y que encuentra en este relato en primera persona, un espacio de catarsis liberadora con el público.

Es así que, a medida que cuenta diversas vicisitudes de su vida a través de un exquisito monólogo, vamos viendo también sus frustraciones, sus espacios relegados, la nostalgia de lo que no pudo ser, las postergaciones, los anhelos y su necesidad de tomar aire, de respirar, de inflarse los pulmones de vida y de comenzar a tomar las riendas de su propio destino.

¿Todo eso puede contarse en tan sólo una hora? Si, por supuesto! Juan Pablo Geretto puede eso y más aún. Porque no sólo encarna a Estrella con fragilidad y desparpajo al mismo tiempo, con un tono completamente honesto y profundo, pero pleno de humor y de ingenuidad, de secretos y de confesiones, sino que además a través de su relato, de su voz, de su expresión vendrán a escena junto con Estrella su madre, su padre, su marido, las amigas, las parientes más cercanas.

Y fundamentalmente las amigas revendedoras con las que se cruzará en este ansiado viaje.

Geretto es uno y muchos en escena y para nosotros como espectadores, es una fiesta y una admiración por la exactitud en el manejo del espacio escénico y sus composiciones llenas de matices. No solamente vemos al actor entregado a su pasión, sino que además cuenta con un texto inteligente, delicado, preciso, con un detalle en la búsqueda de cada palabra que calce con cada anécdota, con cada pincelada con la que va construyendo su personaje y que poco a poco va desnudando su alma ante nuestros ojos.

No es tarea sencilla que, al mismo tiempo que estallamos en una carcajada por las ocurrencias de Estrella y sus comentarios, en su frase siguiente nos quebremos y se haga un nudo en la garganta.

Eso sólo puede lograrlo un actor de la talla de Geretto, de una sencillez y de una multiplicidad de recursos pocas veces vista sobre el escenario. Su Estrella no es excéntrica, ni dice textos complejos, ni presume de lo que no es.

Así también es Geretto y desde su humildad trabaja el personaje con pequeñas capas que va hilvanando con sobrado oficio y logra una pieza de sesenta minutos absolutamente cautivantes.   El aroma a naranjas y campo parece invadir el espacio confesional de Estrella y para cuando hayamos terminado el recorrido, habremos sido testigos de una mujer que, a pesar de todos los pronósticos, comienza a encontrarse a ella misma, a tomar decisiones y a empezar a intuir y a permitirse lo que quiere.

Tomen este humilde consejo, no se pierdan esta maravilla teatral por nada del mundo.