«J’Accuse»: Otra perspectiva del caso Dreyfus

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Después de la poco lograda adaptación de la novela de Delphine de Vigan, Basada en hechos reales, Roman Polanski se vuelca a un thriller de época que justamente se basa en un conocido caso real: el de Alfred Dreyfus, un militar francés judío al que el ejército y gobierno de su propio país acusa de traidor y lo sentencia de por vida a causa de pruebas manipuladas.

«Todos los eventos y personajes en esta película son reales», avisa una leyenda en pantalla ni bien empieza. Hay una reconstrucción histórica que pretende ser lo más precisa posible pero no por eso se deja de lado lo cinematográfico. La primera escena, la de la degradación de Dreyfus en el patio de armas, ya nos pone en tono.

Sin embargo en esta película se opta por un foco diferente y el verdadero protagonista es el Coronel Picquart, interpretado por Jean Dujardin, que de repente se ve atrapado en el laberinto de abuso del poder y termina enfrentándose al sistema a causa de sus valores. De acusador antisemita a defensor de la inocencia cuando decide dejar de ser una herramienta manejada por otras manos. Seguiremos a este personaje y cómo se va transformando tanto la persona como la percepción de su entorno.

Conspiraciones, paranoias, tentaciones. Polanski retrata un mundo y una época llena de ambigüedades y contradicciones. Y ahí está Dreyfus, en la piel de Louis Garrel, quien es sentenciado y encerrado, desposeído de sus rangos, sin posibilidades de un juicio justo, con menos minutos de pantalla pero la presencia a la que el actor nos tiene acostumbrados, aún aquí con un maquillaje que lo aleja por completo de su rol de seductor. Quizás se agradecería un poco más de interés y profundidad en este personaje pero, como dije, no es el verdadero protagonista, es quien lo mueve a él.

Al verdadero villano lo interpreta Grégory Gadebois, el Teniente Coronel Henry, hombre oscuro e impiadoso. Después no podía faltar la incondicional Emmanuelle Seigner con el único personaje femenino de esta historia entre hombres. Una mujer seductora y confiable que parece fuera de época.

Entre el drama histórico y el thriller judicial, J’accuse quizás se toma un poco de tiempo en desarrollar los movimientos de sus hilos pero se va solidificando hasta convertirse en una película tan prolija como potente. Su fuerza radica no sólo en esa recreación de época desde una perspectiva oscura sino en el manejo de la tensión que logra y que va in crescendo. Allí también hay que agradecer la fotografía de Pawel Edelman mayormente en tonos fríos, a un Desplat más funcional que otras veces y cuya música es utilizada a cuentagotas en precisos momentos, y a Robert Harris, que además de estar el film basado en su novela escribe él mismo el guion. No obstante, el título de esa novela sólo se utilizó para la película en Estados Unidos. Acá llega con su título original que fue el nombre del artículo que escribió Emile Zola y dejó en evidencia ante todo el país las fracturas de la Tercera República Francesa.

¿Es posible separar la obra del artista? Sí. ¿Resulta fácil? No siempre. Lucrecia Martel expresó su postura de manera clara cuando fue presidenta de un jurado que le terminó otorgando varios premios: la vio en privado para no tener que aplaudirla pero no evitó que se la premiara tras la decisión de sus compañeros de jurado.

Lo cierto es que J’accuse es un thriller sólido y eficaz que demuestra que Polanski tiene cosas para decir y una gran capacidad para estas tramas oscuras y llenas de matices.

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