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Love and other drugs: buena química, con o sin drogas.

Tiempo de lectura: 4 minutos

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 Edward Zwick es un director de prestigio. Dentro de sus trabajos en la última década, se encuentran (a modo de ejemplo), «The last Samurai», «Defiance» y  «Blood diamonds». Es un veterano de la industria y cada trabajo suyo ofrece un recorte espacial distinto y una historia bien contada y sólida. Esa es su característica. Por eso, y como venía haciendo films de acción, me llamó la atención la elección de esta historia para filmar. Pero a poco de leer las gacetillas de prensa, entendí su elección: Zwick es un sujeto inquieto e innovador, y «Love and other drugs» se enrola dentro de una idea nueva (o no tanto) en cuanto a las comedias románticas, el formato «evolucionado» del género, incorporar elementos sociales, familiares o humanitarios en la cinta. La idea de esta corriente, (y es solo una definición de algunos criticos, o mejor dicho, una interpretación de como las comedias románticas van mutando en otra cosa), es enriquecer todo aquello que rodea a la pareja central con mucho contexto social e insertos dentro de una problemática sobre la cual hay que reflexionar. El ejemplo que más se acerca a esta corriente es «50 first dates». Digamos que ese fue el film que marcó el rumbo. Aquí, el guión está basado en el libro de Jamie Reidy sobre el desarrollo de la evolución de las ventas del viagra, y tomando ese químico como eje, vamos a girar sobre las sustancias que el público americano consumía en los 90. Y además, al mismo nivel dramático de esa línea, veremos a una enferma de Parkinson luchando con su enfermedad, encarnada por una figura poco usual para este tipo de personajes.

 

 

Veamos, la historia se inicia con la llegada de Jamie Randall (Jake Gyllenhaal) al mundo de las ventas farmacéuticas. Jamie es un tipo con un carisma formidable, es un vendedor nato y está en la plenitud de su edad: siente que nada puede interponerse entre él y su sueño. Ingresa en un grupo de distribuidores de muestras médicas y comienza a relacionarse con médicos, enfermeras y pacientes de distintos consultorios a fin de mejorar la llegada de su producto, que compite con Prozac por una porción del mercado. En una de esas visitas, conocerá a Maggie (Anne Hathaway), una atractiva y joven mujer que extrañamente para su edad, sufre de un Parkinson prematuro. Entre ellos la atracción será inmediata, y su relación estará atravesada por la actividad promocional de Jamie y los conflictos de la enfermedad de Maggie, un cóctel muy interesante para ver.

Y aquí es necesario decir, aunque ya se habrán dado cuenta, que hay dos niveles de trabajo de la cinta. Por un lado, propone una simple historia de amor. Como es habitual, con toques de humor y referencia social. Por el otro, hay una reflexión lateral sobre el desarrollo de la industria farmacéutica en los Estados Unidos en los 90, sus preferencias químicas y la manera en la que esas drogas llegaban a la gente. Todo esto, sumado a la sustancia «estrella», el famoso Viagra. Su aparición en la cinta es cercana al promediar el metraje y revoluciona el mundo de las ventas, su llegada patea el tablero de la industria y afecta definitivamente en la vida laboral de Jamie. En esta dirección se articula la lucha personal de Maggie para enfrentar una enfermedad de carácter irreversible, conflicto que está dotado de mucha tensión y que condimenta la trama de manera muy marcada: al éxito de Jamie se opondrá el dolor por la situación de Maggie.

Ninguno de los aspectos cobra mayor fuerza dado que se van alternando en la historia de manera de generar una suerte de equilibrio entre el dolor, el amor y la felicidad del éxito. En ese sentido, por momento sentí «Love and other drugs» un poco despareja. No es que me parezca mal integrar tantos conflictos a la vez, (las historias corales lo hacen todo el tiempo), sino que es una linea delgada la del equilibrio y no siempre se logra. Aquí, no alcanzo a ver si ese ensamble pasa la prueba por la apabullante química que tiene la pareja central.

Anne Hathaway y Jake Gyllenhaal tienen una llegada al público perfecta. Se complementan dramáticamente sin problemas y logran magníficos momentos cinematográficos en los instantes cumbres de la trama. Están hechos el uno para el otro (fueron pareja en «Brokeback Mountain», de Ang Lee, se acuerdan?), y desde la butaca, las constantes escenas de sexo que desfilan, son aceptadas dentro de este contrato que ellos proponen, intensidad y dulzura en partes iguales. Son un dúo que se sacan chispas cuando desfilan por la pantalla y eso disimula los posibles desniveles de la historia. Han crecido como actores y conservan intacto su instinto, están en ascenso y debemos disfrutar de su trabajo, Maggie y Jamie son el centro de la historia por el peso de su química. Sin dudas.

Para cerrar, me pareció un poco larga, quizás porque la historia, al fin y al cabo, es previsible, pero por otra parte quedé tan impresionado por el trabajo de Hathaway y Gylenhaal que me costó cerrar la cinta. No podía dejar de pensar en «The tourist». Una pareja con un magnetismo desbordante (esta) y otra (Angelina Jolie y Johnny Deep) sin nada de eso. Mucho contraste.

Una buena película, honesta, en cierta manera quizás algo innovadora que parece pasar desapercibida en la cartelera pero que es un plato digno de degustar con placer. 

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