«Call me by your name» (Llámame por tu nombre): un verano de amor

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Luca Guadagnino dirige esta película escrita ni más ni menos que por James Ivory, adaptación de la novela de André Aciman. Protagonizada por Timothée Chalamet y Armie Hammer, “Llámame por tu nombre” es la historia de un amor de verano que además es, como si no fuera suficiente ese calor, el primero de esos amores.

En el norte de Italia un verano de 1983, Elio espera que esa estación se termine entre algunas salidas con su novia de verano (Esther Garrel), interminable cantidad de libros, y zambullidas a la pileta. Como todos los años, en medio de una familia de eruditos, su padre arqueólogo (interpretado por un brillante Michael Stuhlbarg) contrata a un asistente durante el verano.

Este año quien llega es Oliver. Elio y Oliver no parecen llevarse bien desde el primer minuto pero en realidad es una especie de inocente histerequeo lo que se va dando entre ellos hasta que Elio, sin dudarlo, descubre lo que le sucede realmente. Es un adolescente, hace calor, y sus hormonas estallan.

Nadie mejor que él para saber las cosas que convulsan en su interior. Entre ellos se va generando, de a poco, de manera sutil pero siempre muy genuina y creíble, una relación emocional. Una complicidad que prescindirá de muchas palabras. Juntos desprenden mucha dulzura y calidez, aun en las escenas sexuales (escenas nunca explícitas y de mucha delicadeza), aun en la famosa escena del durazno.

A Guadagnino ya le tocó retratar el despertar sexual en “Melissa P.” o la sexualidad que aflora durante un caluroso verano en la remake de “La piscina”.

No obstante, es acá donde encontramos la mayor muestra de madurez como realizador. Retratando esta parte de italiana con su temperatura pero también la belleza de algo efímero, no destinado a durar. Y además utilizando a la escultura o la presencia constante de frutas como ideas para reforzar la sensualidad. Aparte del guión, las actuaciones ayudan a darle dimensión a estos personajes y así lograr química, una buena conexión entre ellos.

No sólo entre Oliver y Elio (quienes juntos logran a veces con muy poco, apenas un roce, un gesto o un abrazo antes de ni siquiera tener sexo), sino entre los personajes que los rodean, especialmente con los padres de Elio, especialmente con su padre.

Un padre que todos quisiéramos tener, y con un Stuhlbarg protagonizando una de las mejores escenas de la película. Hammer y Chalamet son la dupla ideal para retratar este amor tan intenso como todo amor de verano y tan perdurable como todo primer amor.

Y es ese plano final, ese terrible en el mejor de los sentidos, plano final que tiene a lo mejor de Chalamet frente a cámara, provocando mil emociones, revolucionando cada fibra de nuestro ser. Un actor al que sin dudas vamos a ver mucho (se lo podrá ver pronto en “Lady Bird” y un poco después en lo próximo de Woody Allen), y al que vamos a querer seguir viendo mucho.

Hermosa y sensual, “Llámame por tu nombre” no es más que una bella e intensa historia de un primer amor, un amor adolescente que además tiene la mala fortuna de ser un amor de verano (¿y cuánto dura un amor de verano? Adivinaron). Es nada más que eso y al mismo tiempo es todo lo que queríamos de eso: una historia contada de manera delicada y sutil, sin clichés ni lugares comunes.

La pareja que conforman Elio y Oliver es una de las más dulces y tiernas que se ha visto últimamente, y eso es en gran parte porque detrás están Chalamet y Hammer entregando lo mejor de sí y en sintonía entre ellos.

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