«Cerro Bayo»: temporada fría y baja en la visión del NCA

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Presentada hace unos meses en Pantalla Pinamar, varios colegas me recomendaron «Cerro Bayo». Para ser absolutamente sincero, me dijeron «si te gustó Los Marziano, de Ana Katz, esta es una historia con la misma perspectiva, pero en el sur». Elijo empezar mi crítica con esa frase porque después de leer el material de prensa y haber visto la película, es imposible rebatir el valor de esa frase. A ver, vamos a descomponerla para entender que se quiere decir con eso, pero es cierto que Victoria Galardi debuta en la dirección en solitario (ya hizo «Amorosa Soledad» junto Martín Carranza) con un film correcto, aunque demasiado frío, a tono con los helados paisajes de Villa La Angostura donde fue rodado.

El Nuevo Cine Argentino elige despegarse de una tradición de costumbrismo y drama. Hay una preocupación en esta camada de jóvenes que encarnan el cambio por romper con los paradigmas originales que fundaron nuestra historia cinematográfica. En esa línea, vemos productos que observan familias disfuncionales y de las otras, con una mirada distante y curiosa, en la que no hay una preocupación por detonar los resortes emocionales a través de la estridencia de los diálogos, como siempre se hizo hasta fines de los 90. Todo es lento, pausado. Economía de recursos visuales, pocas líneas, muchas miradas. Otra mirada, una perspectiva distinta encarnada por nombres que vienen en ascenso y obteniendo logros en todo el mundo. «Cerro Bayo» cumple con todas estas premisas descriptas, por lo que si bien hay subcategorías dentro de esta corriente (no es lo mismo Daniel Burman, Israel Caetano que la ya nombrada Katz, o Celina Murga y Agustina Carri, por nombrar mis favoritos), es bueno saber que cuando entramos al cine, veremos algo no masivo y estéticamente singular.

Lo primero que hay que decir, en el haber, es que Galardi filma con soltura y tiene clara la historia que pretende contar. Es una historia que ella escribió, inspirada en sucesos de su vida personal, y que retratara el espíritu de una comunidad en el sur, con sus particulares características. Ya sabemos, hay grandes distancias, paisajes bellos, atmósfera de pueblo pequeño, sueños de llegar a las grandes ciudades y escapar de la rutina. Por ahí pasa el marco en el que se apoya el relato, y es innegable que está bien construido. Para llevar adelante su proyecto, se nutrió de importantes actores que se hiceron carne en sus personajes, redondeando una película que además de tener claro que quiere decir, cuenta con los intérpretes justos para llevarlo adelante.

«Cerro Bayo» arranca con gran naturalidad, una anciana mujer va preparando todo para su intento de suicidio. No sabemos porqué, pero la vemos decidida. A las pocas horas lo lleva a cabo y la tragedia se resuelve a medias, ya que no fallece y cae en un coma profundo. Su familia inmediata, su hija, el esposo y sus dos nietos se sorprenden (pero no mucho) de lo ocurrido, en general, dicen que era una mujer extraña y reservada la abuela. La actriz mexicana Adriana Barraza (Marta en los papeles) juega aquí a ser la sufriente hija cercana de la delicada enferma, quien ante la emergencia llama a su hermana en Buenos Aires para que viaje a asistirla. Así es como llegará vía aérea, Mercedes (Verónica Llinás). Ella arrastra una vida complicada, está sola, tiene muchas deudas y venirse a su tierra natal no era algo que hubiese preferido, pero sin embargo… le puede servir para conseguir algo de efectivo, cosa que necesita deseperadamente. Los dos hijos de Marta son dos chicos queribles y simpáticos, Inés (la increíble Efrón de «XXY») y Lucas (Nahuel Pérez Biscayart), quienes tienen proyectos personales que apuntar a salir del lugar donde viven. Cuando los días pasen y Mercedes se entere de que su madre había ganado en el casino de Bariloche una importante suma, comenzará a movilizar a todos para que la ayuden a dar con ese dinero. El vil metal comenzará a jugar en las relaciones y aparecerán, sutilmente, las razones que fueron delineando el cuadro de situación presente de aquella familia extendida.

Todo se resolverá para bien, o para mal. No importa mucho. Lo que sí quiere Galardi es que miremos a través de sus ojos, las relaciones que se dan entre esos sujetos, sus sueños y aspiraciones, y la dura adversidad que soportan al vivir en un pubelo chico y tener que desarrollarse en él.

En el debe, todo está prolijo y bien contado pero…

La historia nunca logra interesar. Es tan chiquita, tan común… No hay emociones fuertes, conflictos que conmuevan, perfiles carismáticos que impacten a la audiencia. Nada de eso. No presenta para el espectador corriente, relatos individuales que atraigan. El NCA puede ganar festivales, pero pocas de sus películas llevarán gente a las salas si profundizan esta línea. Lo cual, si me preguntan, no me parece mal. En «Cerro Bayo», siento que hay una economía de recursos (seguramente pensada, no la veo casual) visuales y dramáticos llamativa. Por ejemplo, se habla mucho de la noche inauguración de la temporada alta en la montaña, pero no la vemos. No se nos presenta nada que altere el clima denso y minimalista que recorre el film. Todo es interiores, diálogos tranquilos, sonrisas evasivas, preguntas sin respuestas… No es que no haya emoción, (la hay, da fe el gran trabajo de Barraza, por ejemplo) sólo que las historias que se van tejiendo son tan simples que no revisten mucho interés y terminan por llevar el film a un letargo peligroso donde la película termina, y nos sentimos igual que al principio de la proyección. Nada pasó.

Creo que a pesar de todo,  «Cerro Bayo» es una buena película y hay que saludar el enorme esfuerzo de Galardi para contar una historia que la atravesó, venciendo todas las dificultades de producción. También creo que está muy bien actuada y tiene un guión estructurado en la mirada de la directora. El único problema es que lo que cuenta, no moviliza. No genera nada. Es demasiado… fría.

Y eso fue lo que hizo que «Los Marziano» de Ana Katz no reventara la taquilla (aunque Francella garantizó que el film hiciera un número que se acerque al medio millón de espectadores), no es esta una escuela que la gente elija a la hora de ver cine. La gente prefiere otros temas y películas más directas, en cuanto al planteo.

Ir entonces advertidos de que «Cerro Bayo» es exponente fiel de esta corriente. Con sus pros, y sus contras.

 

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