«El cielo elegido»: Misterio en el monasterio

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La verdad, a los curas, en el mundo del cine, bien no les va. O son víctimas de ataques, o son perversos o mueren en circunstancias horrendas en muchos films. Hay pocos ejemplos en los cuales los cineastas abordan la complejidad de las relaciones que se dan dede lo filosófico y moral, en estos hombres (y mujeres) (ojo, los hay, no dije que no los hubiera). En la década del 80 pululaban ejemplos, hoy en día, no. De ahí que me adentré con curiosidad en «El cielo elegido».

Para empezar, hay que decir que tiene un cast excelente, con Juan Minujín (director de «Vaquero», además de actor aquí) a la cabeza y Omar Nuñez y Osvaldo Bonet secundandolo, en gran forma. La historia nos trae a un joven sacerdote (Minujín) quien llega a un monasterio con la firme intención de dejar atrás un hecho que él considera particularmente luctoso. Dentro de esa pequeña comundad, conocerá a Orbe (Nuñez) y Cluadio (Bonet).  Pero claro, hay demasiados secretos en el lugar, más de los que nuestro protagonista sospecha…

En la secuencia de apertura el cineasta plantea su línea de trabajo… Qué valor tiene el hombre de fe en los tiempos que corren? Esa pregunta atraviesa todo el relato y la verdad, contestar es una aventura compleja…

El protagonista intenta intervenir en un motín (un lugar que todos recordamos) y detener el enfrentamiento feroz entre presos y guardicárceles, aunque esté más allá de sus posibilidades: algo se quiebra en él cuando la tragedia se precipita y necesita refugio, una nueva casa religiosa, un lugar donde se lo oriente, contenga y pueda fortalecer su fe. Claro, no termina en el adecuado pero… eventos movilizantes no le van a faltar!

Desde ya claro, el conflicto carnal que parece repetirse en muchas oportunidades, más cuando hay un sacerdote apuesto… Alguna muerte, dinero, presencias engimáticas, de todo un poco, dentro del registro sórdido que Víctor González (el director) propone.

Lo visual de «El cielo elegido», es sólido y convincente. Gran fotografía y ambientación, actuaciones a la altura y un guión que, seguramente, necesitaba más trabajo de depuración (su extensión es un paso en falso). El problema de la historia es que va abriendo muchas puntas, y en algún momento, tantos elementos no dichos en juego, terminan por confundir al espectador (y defraudarlo, con sus resoluciones, de alguna manera). Más allá de eso, lo sentí un trabajo cuidado (un poco denso), serio, pausado… Seguramente su impronta de thriller le permitirá acercar público a las salas. El valor de sus interpretaciones, lo amerita.

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