«El Loro y el Cisne»: un amor…no convencional

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Me habían hablado muy bien del cine de Alejo Moguillansky y debo reconocer que no ví «Castro», su gran impacto en el BAFICI de 2009. En exclusividad en la Sala Lugones, se puede ver en estos días, otro trabajo de uno de los directores menos ¿convencionales? que tiene el NCA. Aquí tenemos un relato que arranca como un documental de formato que parece clásico, sobre la danza local, realizada por un cineasta para la tevé del gran país del norte. En esa vuelta, los grupos que serán visitados, entrevistados y registrados en su actividad son de renombre para la escena local: los del Teatro San Martín, el Argentino de La Plata y el Ballet Folklórico Nacional, nada menos.

Allí conoceremos al Loro (el sonidista jugado por Rodrigo Sánchez Mariño), un integrante de la troupe que filma quien haciendo su trabajo, posa su mirada en una mujer muy especial… una bailarina (Luciana Acuña, esposa del director) de la que se terminará enamorando, pero cuidado, nada cercano a lo tradicional, ni mucho menos.

O sea, el inicio plantea un escenario que sutilmente se va mutando en una ficción, habitada por los mismos protagonistas del documental. Ese viraje es una apuesta riesgosa, sin dudas. En «El loro y el cisne» todo parece estar dispuesto de manera que desconcierte al espectador. De a ratos, parece que «va en serio» y en otros, la escena se descontractura y sorprende (las coreografías y la espontaneidad le dan un toque extraño y sutil a la vez) por justamente no ir en esa dirección.

Hay una inmersión en una propuesta donde las reglas, si es que las hay, las marca Moguillansky. Sólo él parece saber hacia donde vamos y si bien de a ratos al espectador corriente las cosas no le parece que le cuadren (y el ritmo de la narración, no sea su punto fuerte, convengamos) lo cierto es que es a todas luces un producto único y original.

El crossover de estilos le da a este opus una personalidad, destacada. «El loro y el cisne» tiene vida propia. Es una película dentro de otra. O dos, unidas, ensambladas. En lo personal, me costó darle unidad a su visionado. Pero entiendo que la «transgresión» de las reglas es válida y necesaria en época de pocas buenas ideas en la escena local.

Desde ya, sí puedo decir que si van a verla relajados y predispuestos, la van a pasar realmente de primera.

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