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«Eso que llaman amor»: la insoportable levedad del ser

Tiempo de lectura: 5 minutos

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La guionista y directora Victoria Miranda se pone tras las cámaras de tres historias de ¿amor? que se van cruzando entre sí, con ciertos paralelismos. Financiada gracias a la plataforma de crowfunding Idea.me, «Eso que llaman amor» es una película pequeña, rodada sólo en 20 días, que no pretende retratar qué es el amor (tarea difícil si me preguntan) sino que se enfoca en relaciones en que sus propios protagonistas gritan las palabras «amor» pero sin parecer saber realmente de qué están hablando. Es por eso que más que retratos de historias de amor, parece ser la obsesión el tema principal.

Miranda pone como protagonistas de cada una de estas tres historias a tres mujeres, de vidas y ambientes diferentes, pero que terminan dependiendo demasiado de una pareja, de un hombre, que en general no las valoran y no se portan bien con ellas, pero esa obsesión a la que hacía referencia previamente no las deja avanzar sin ellos.

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Las tres mujeres son personajes rotos, frágiles, que al no estar bien con ellas mismas no logran nunca formar una relación estable y caen en esas relaciones más bien enfermizas.

La directora presenta a cada personaje por un lado y luego va y viene en el tiempo para ir conectándolos. En general estas conexiones están bien, no se sienten forzadas, y las historias, a la larga muy parecidas, en especial las dos primeras, al menos en las actitudes de ellas, terminan reforzando la idea.

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El guión tiene algunas flojezas, como ciertas cosas muy subrayadas y obvias, pero en general presenta, sin necesidad de ninguna historia muy original (a la larga son historias que en el cine vimos muchas veces), un lindo abanico de personajes femeninos acompañada por una linda banda sonora original. El problema es que el género femenino termina pintado como un poco débil, sabemos que en el fondo todos queremos ser amados pero acá está todo tan subrayado que se le siente un poco la falta de dimensión especialmente a las dos primeras historias.

Chiquita, honesta y sin muchas pretensiones, un retrato sobre lo que la falta de amor y la necesidad imperiosa de amar y ser amados puede provocar en las personas.

Anexo de Crítica por Pluma Paz

Cuántas veces habremos escuchado, -incluso experimentado-, que del amor al odio hay un solo paso o bien, del sentimiento de un amor no correspondido, mal interpretado o el corazón «partío», como cantaba Alejandro Sanz. Este es el camino que eligió Victoria Chaya Miranda para contar la historia de 3 mujeres con conflictos propios que afectan sus relaciones de pareja.

Vamos a encontrarnos con Zara, una artista plástica obsesiva, celosa, -con razón-, que quiere tener un hijo, pero su par no concuerda y de hecho, su negativa es porque él no es fiel, no quiere entablar un compromiso y no se siente con la responsabilidad para ser padre. Por otro lado, está Mora, una niña mujer, con su conejito tamborillero y sus crisis asmáticas y alérgicas con la asfixia que le causa su madre; ha encontrado a un buen hombre, pero sus temores pueden más que el afecto que le puedan brindar. También está Verónica, una chica más que complicada, con tendencias suicidas, se está alejando de su novio y está acercándose a otra persona, que le salvó la vida, que la rescató y que es parte de su trabajo como bailarina contemporánea.

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Las tres unidas por el arte, -pintura, fotografía, teatro y danza-, las 3 en crisis por el amor y por la maduración. La peli tiene dos puntos de encuentro entre estas protagonistas femeninas que no se conocen entre sí pero que se relacionan indirectamente por los hombres que las tienen en vilo o por algún encuentro casual: el primero (no cronológicamente aunque aparezca de esta manera en la estructura) es la vernisage de Zara, en donde, exhibe su trabajo y se muestra más tranquila y equilibrada; lo mismo que Verónica, que estará acompañada por Alberto mirando su retrato de cuerpo entero y Mora, expectante y sobresaltada por reconocer a alguien entre el público. Otro punto de encuentro es cuando se desata un desafortunado episodio en un bar, allí confluirá el raconto en mirada retrospectiva de cómo fueron evolucionando los asuntos hasta llegar a esa escena y desde los puntos de vista de los personajes intervinientes.

Por momentos creí estar viendo «Relatos Salvajes» por la fuerza y la violencia de algunas peleas. En otros instantes, es como un filme de Tarantino pues la edición no lineal de la trama hace trabajar al espectador para componer el rompecabezas de los tres relatos.

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La banda sonora con temas preparados especialmente para el filme fue compuesta por David Bensimon y Mauro Cambarieri. Es uno de los puntos fuertes además de las actuaciones de Diana Lamas (Zara), Laura Cymer (Mora) y Véronica Intile (Véronica). Asimismo destaco la presencia de Carlos Portaluppi, Roberto Vallejos, Gustavo Pardi, Lucas Ferraro, Martín Crespo y Matías Marmorato.

En cuanto al desarrollo de la peli, si bien es interesante, me pareció un poco confusa en las idas y venidas de los distintos conflictos internos y cuando se producen los encuentros.

Es un trabajo dramático que tiene lo suyo, en mi opinión, podría haber dado un poco más en cuanto al tratamiento del guión, que reitero, por momentos me resultó poco claro. Digo que es mi óptica pues se trata de un largometraje que viene del exterior cargado con una serie de premios importantes a nivel nacional e internacional. Punto aparte, tiene un destino incierto en el mercado local, que es donde nació y al que pertenece. Un toque de atención, teniendo en cuenta el esfuerzo económico para un proyecto que llega a la pantalla con breve aliento para dar lugar a aquellos que siguen teniendo ventaja en cuanto a producción y distribución como muchas otras pelis que sufren esta misma condición.

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