«Final destination 5»: inevitable, marcado retorno de la franquicia

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Es muy difícil hacer una crítica de un producto que va por su quinta entrega, en una saga cuya característica saliente es la no-innovación. Excepto, claro, el tema del 3-D en las dos últimas entregas, con la novedad de que en Estados Unidos, esta quinta tiene su versión IMAX (que creo que aquí no llegará). Esta es una historia que todos sabemos de memoria y se cumple inexorablemente, al pie de la letra en cada capítulo. La primera «Final Destination» del 2000 fue una gran película de terror. Original, irrepetible. Nacida de un manuscrito descartado de la serie televisiva X-Files, aquella película sorpendió en su tiempo por ofrecer suspenso bien dosificado y el suficiente «gore» para atrapar a la audiencia más clásica del género. Pero lo que la hizo singular, para alguno de nosotros, es que siempre dejó en el aire un debate metafísico inconcluso sobre si se puede escapar de la muerte cuando ella llama a tu puerta…

Para los que no están familiarizados con el tema, en las «Final destination», todo siempre comienza de la misma manera. Un lugar concurrido, (en general un medio de transporte), una visión de alguien de que algo muy malo va a ocurrir, la salida apresurada del mismo y la tragedia. Siempre una escena fantásticamente filmada donde vemos como la Parca se lleva a una pila de gente para sus filas. Los sobrevivientes (que varían entre 6 y 8, más o menos), una vez repuestos de la emoción de haber escapado de una muerte segura, comienzan a sufrir «accidentes», que los llevan a asumir una verdad inexorable, según la franquicia: «no podés engañarla, si tu hora llegó, andá despidiéndote».

Ustedes se preguntarán… Si siempre sucede lo mismo, ¿por qué la gente sigue yendo a verlas? En general, todas tienen su punto fuerte en la escena central (la que permite identificar al grupo de sobrevivientes), siempre muy bien filmada, y en la laboriosidad del equipo técnico para recrear muertes donde no hay un asesino «físico» que las ejecute. De manera que si hay un complicado mecanismo de relojería que desatar para que esa entidad que se lleva a los vivos pueda capturar a aquellos que gambetearon su destino. Cada muerte es, «artesanal», por decirlo de alguna manera. Hay un cuidado proceso de eventos que se dan simultáneamente que los guionistas arman para dotar de espectacularidad cada episodio. No hagamos interpretaciones del éxito de la saga (prometo hacerlas en otro espacio), pero asumamos que este es su sello y hasta ahora, les ha dado cuantiosos resultados.

¿Qué hay de nuevo en esta quinta entrega? Vuelve Tony Todd, como presencia osucra (había estado en la 1 y la 2 y había prestado la voz en la 3) en la piel de un forense que advierte a los que se salvaron de lo que viene… Mmmmm… ¿Algo más? Sí, al parecer, de alguna manera en esta oportunidad quizás se podría «engañar» a la muerte. No más. Cero innovación.

Abrimos en un puente ( toma que paga gran parte del precio de la entrada, debo decir), donde los protagonistas (¿importan realmente los nombres?) están en un colectivo en el medio de una aparente congestión vehicular. Sam (Nicholas D’Agosto) percibe en una especie de sueño, que el puente se caerá, por lo que al abrir los ojos iniciará una frenética salida del mismo para lograr sobrevivir, en compañía de su amigo Peter (Miles Fischer) y su novia Molly (Emma Bell), entre otros. Lograrán su objetivo pero a la muerte no le gusta ser engañada, por lo que vendrá por ellos, en el orden en que habrían perdido la vida ese día en la tragedia. Cuando estos extraños sucesos se repitan entre los sobrevivientes y  estos marquen al grupo, un forense , Bludworth (Todd, como ya dijimos en su retorno) les dará alguna pista sobre lo que sucede y quizás, sobre como evitarlo…

El director Steven Quale trabajó con James Cameron en «Avatar» como jefe de segunda unidad y sabe como filmar. Hay mucha espectacularidad en los accidentes y estos harán las delicias del público que disfruta ese tipo de escenas. Hay, como siempre, caídas, cuerpos empalados, lasers, muchos objetos filosos, cables sueltos, agua para electrocutarse, armas y todo lo que ya conocemos. Las interpretaciones, no existen (como siempre). Son sólo actores de bolo que van a morir y sus frases jamás llegan a generar empatía: sabemos cuál es su final. Los fans no buscan conectarse con ellos sino presenciar sus ejecuciones, así que ¿para qué preocuparnos por lo que dicen? El resultado, será exactamente el mismo.

Que quede claro que a mi la idea original de la saga me parece muy buena. Y siempre deseé que le pudieran dar una vuelta «metafísica» a la cuestión de porqué no se puede «torcer» el destino que supuestamente tenemos marcados. Como hacedor de mi propia vida, es muy duro aceptar que hay realidades que no se pueden cambiar, por lo que creo que la serie podría cobrar interés si los guionistas la dejan de pensar como una máquina de picar carne y le dan un par de vueltas a la idea que subyace en el film… ¿Por qué logran escapar a la muerte? ¿Alguien o algo les avisa? ¿Y cómo se podría explorar esa posibilidad para ponerla de su lado y enfrentarla? Ninguno de estos interrogantes ni remotamente aparecen en las cinco entregas, por lo que ir a ver «Final Destination» es casi como… ir a la carnicería y presenciar como el hombre detrás del mostrador hace su trabajo. Corta, mutila, rebana, desmembra…

Los seguidores del género, la amarán. Los ilusos, como yo, seguiremos esperando algún planteo que aborde la cuestión subliminal que plantea la historia. En esa, parece que tendremos que seguir esperando…

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