«Io sono l’amore (El amante)»: el calor de la gélida Swinton

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Todas las semanas se está estrenando al menos una película italiana en nuestras salas. Está bien, no todas son en fílmico, pero es un hecho que no deja de llamar la atención. En esta oportunidad, le llega el turno a una producción del 2010, ganadora del Globo de Oro como Mejor película extranjera, “Io sono l’amore”, drama pasional de curiosa construcción que tiene como eje a la enorme actriz británica Tilda Swinton.

Lo primero que hay que saber antes de sumergirse en “El amante”, es que Swinton no habla italiano. Es decir, no lo hablaba a la hora de la preproducción del film. Laboriosa y comprometida como pocas en la industria, la pelirroja más gélida del mundo del cine tomó clases para aprenderlo y desenvolverse con naturalidad en su rol. Como además, según el libro su ascendencia era rusa, también tuvo que imitar fonéticamente el acento, lo cual es fácil ver su compromiso con el proyecto… Tanto la entusiasmó que incluso decidió involucrarse como productora ejecutiva, dada la admiración que profesa hacia el director Luca Guadagnino desde su controversial adaptación de «Melissa P» (aquella obra en la que exploraba el despertar sexual de una adolescente dispuesta a vengarse de un amante poco complaciente). Este detalle, no menor, pinta de cuerpo entero como “Io sono l’amore”, se construye casi exclusivamente sobre los hombros de su actriz protagónica.

No es que soslayo los eficientes rubros técnicos, entre los que se encuentran la cuidada banda de sonido (mención especial para el trabajo de John Adams), el manejo de planos y la delicada paleta con la que se filman los distintos momentos del día. Para nada. Eso aporta al equilibrio conceptual de la obra, pero esta película logra interesar, exclusivamente por la composición que hace Swinton de su personaje.  Con otra piel, seguramente esto sería un salto al vacío.

Andrógina y dueña de un magnetismo único, ella compondrá a una mujer rusa, Emma, instalada en la alta sociedad italiana actual. Casada con Tancredi (Pippo Delbono), hijo de un poderoso empresario textil, vive sus cómodos días de burguesa acomodada sin mayores expectativas. La pareja tiene tres hijos. Ella entiende perfectamente cual es su rol en la trama familiar y cómo debe moverse para acompañar los avances de su esposo en el poderoso imperio que lidera. Emma parece distante, pero sus ojos dicen mucho. Está en todos los detalles y tiene una percepción flotante particular: nada se le escapa, es una perfeccionista nata y encaja perfecto en el marco opulento donde vive. O eso parece…Tiene todo lo que se puede desear y hace lo que quiere…

Pero… La vida le deparará una sorpresa. Uno de sus hijos, Edoardo (Flavio Parenti) tiene un amigo chef. El hombre en cuestión es Antonio (otro Edoardo, pero Gabbriellini), un hombre joven, bien parecido y talentoso. Cocina como los dioses y diariamente se enfrenta al desafío de modificar las ideas de quienes financian el restaurant donde trabaja, nada menos que las de sus padres, los propietarios.  Es laborioso, metódico y logra platos increíbles. Luego de un par de encuentros casuales y de los otros, Emma y Antonio serán atraídos por una pasión intensa y tendrán que enfrentar la manera de vivir su relación en un escenario complejo donde las traiciones se pagan caro…

La primera hora, Guadagnino va perfilando a Emma y explorando emocionalmente sus inquietudes y deseos. En la segunda, se vuelca a fotografiarla en la salvaje plenitud de su reverdecer sexual. Este andamiaje le va restando brillo a los secundarios que nutren la trama central y los termina por hacer desaparecer con el correr de los minutos. Tilda deja de lado su costado andrógino y se vuelve la mujer que la historia pide, pero a pesar de su increíble entrega, el film no cobra altitud.

No estoy muy seguro del porqué, si se que el halo de misterio alrededor de Emma se va perdiendo cuando cobra carnadura su deseo, y ahí, la película abandona lo sutil para graficar otra historia, la simple atracción de los amantes desde lo corporal. En pocas palabras, «lo sono l’amore » comienza como un juego de ajedrez y cierra con los jugadores, desnudos y olvidando cualquier posición de las piezas en un feroz encuentro sexual.

No es una apreciación moral, debo decir, sino puramente cinematográfica.

«El amante» es una película fría, calculada, orquestada y pensada para el lucimiento de una gran estrella. Si no la tienen entre sus favoritas, difícilmente les guste. Creo que es un poco artificiosa y está sobrevalorada, también, pero se deja ver. Si la veo lejos de tantos premios y nominaciones…

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