«La inocencia de la araña»: La pubertad, edad difícil…

Tiempo de lectura: 3 minutos

Desde Fornosa y con el sabor de esa tierra, nos llega la ópera prima de Sebastian Caulier, drama centrado en la relación de dos alumnas enamoradas de un apuesto profesor que desde Buenos Aires llega a su escuela. Algunos colegas hablan de «La inocencia de la araña», como una comedia negra. Me resisto a verla así, ya que creo que la línea de trabajo presenta una historia de suspenso, con apuntes serios sobre las motivaciones que las protagonistas tienen y más que sonrisas, en cierta manera, hay cierta tensión en el relato y algunos apuntes oscuros sobre las fantasías infantiles a los que hay que prestarle atención.

Manuel (Juan Gil Navarro), es un docente de biología nuevo en el colegio de dos amigas que son de las más aplicadas de su grupo (y no casualmente, están siempre aisladas del resto (Lourdes Rodas y Renata Mussano). Las chicas están fascinadas con lo apuesto de su profe y fantasean mucho con él. Arman altares, hacen muñequitos, dibujos, etc… Se enamoran, perdidamente de Manuel pero a poco de iniciado el período escolar, se toparán con un problema serio. La profesora de Educación Física, Ana (Gabriela Pastor), rápidamente desarrolla un interés romántico con su objeto de deseo y eso les hará ruido a las chicas. Es más, la veran como un obstáculo en su fantaseada relación con su amor, por lo cual comenzarán una silenciosa guerra contra ella, de consecuencias difíciles de imaginar…

El planteo de la historia es bastante sencillo: las chicas tienen un desorden emocional y van probando diferentes técnicas de acercamiento con Manuel, en principio, pero cuando la relación de él con Ana progresa, las cosas se ponen más complejas y las estrategias para despejar el camino comienzan a ponerse serias.

Decíamos que la idea es interesante, la estructura del relato es bastante lineal y previsible, pero su mayor falencia es la falta de intensidad en los roles de las protagonistas femeninas. Más allá de esfuerzo de Rodas y Mussano, sus roles no terminan nunca por generar la intensidad dramática necesaria para dar fuerza y cuerpo a la historia. Se las escucha vacías, en varios pasajes, como leyendo sus líneas y no logran captar el interés de la audiencia. Gil Navarro apela a todo su oficio para sacar adelante su papel y cumple como profesor desconcertado que se enamora y no logra entender que sucede a su alrededor.

En favor de «La inocencia de la araña» (título que hace referencia a un arácnido que el profe tiene como mascota), hay que decir que describe bien el ritmo cansino de la vida provinciana y su progresión lógica se logra ver clara. Si, le falta fuerza y consistencia al relato, siendo que podría haber sido un thriller oscurísimo de épicas proporciones con otro elenco (o más locura en las acosadoras). El balance es desparejo y nos deja pensando que un cast diferente y alguna vuelta de tuerca en el guión habrían generado un producto más redondo.

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