«La última mirada»: Lugares comunes

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Llegué al cine tarde, con la expectativa de ver lo que sería el último estreno nacional del año. Y mientras apuraba un café para despabilarme (muchas reuniones de celebración y cierre en poco tiempo), pensaba que había visto unas 24 argentinas este 2011 que se va. De las 166 que llevo vistas, representan menos del 20% del total. Es el año que creo que más ví pero aún estoy lejos de poder ver todo lo que el INCAA produce. Especialmente cuando va a parar a salas como el Arte Cinema con una función diaria, o el Cosmos, incluso el Malba. Que quede claro que me gustan estos lugares para ver cine argentino, pero los horarios y días, complican. No son datos menores, dispongo de cierto tiempo para ver cine y muchas veces no llego a ver lo que se estrena por estos temas… Estoy seguro que necesitan reformulación.

Pero volvamos al tema. Como últimamente, llego a la butaca sin leer material de prensa. Pasan los minutos y la primera impresión que tengo es que este es un lugar común en nuestra filmografía. Demasiado. Y si bien creo que está bien consolidar memoria (los desaparecidos, la dictadura del 76 y sus nefasto accionar), también me da la impresión de que hay que tener mucho ingenio para estructurar una historia que sorprenda, desde ese lugar. Las producciones que han ganado premios importantes en el extranjero en general han sido sobre este tema, o sea que es un universo bastante familiar para el espectador local.

Como al parecer esta es una coproducción con España, tenemos un escritor (periodista) español de nombre Gonzalo (Eugenio Roig) que regresa a la Argentina a terminar un libro que está escribiendo sobre el asesinato de sus progenitores, asesinados por el ex comisario Cadrinelli (Arturo Bonín). Se aloja en las afueras de Buenos Aires, en la casa de familiares que intentan que él deje de lado su tarea y pueda seguir adelante con su vida. Mientras eso sucede, el se trabará en una historia amorosa justamente con la (supuesta) hija del matador de sus padres, Marta (Victoria Almeida), quien con el devenir de los hechos irá cuestionándose su origen para obrar en busca de la verdad.

Lo que sentí en la sala es como que al film le faltaba unidad. A ver, hay varios enfoques que parecen buscar la misma intensidad, y que parecen válidos en sus recorridos, aunque sin lograr ensamblarse con acierto. Esto es, por un lado, está la historia de amor de Gonzalo y Marta, por el otro, la venganza del primero hacia el personaje de Bonín y por el otro, lo que surge cuando la hija del represor decide indagar sobre su origen. Falta amalgama en la línea narrativa porque parece que cada una va por un carril distinto, aunque las tres corresponden al mismo conflicto que las engloba: el pasado y las heridas que dejaron los genocidas en la trama de nuestra sociedad.

Víctor Jorge Ruiz escribe y dirige «La última mirada» con nobles intenciones de plantear una película de fuste, pero queda lejos de tan noble objetivo. Las actuaciones del elenco son lo esperable, pero ninguno descolla. Asimismo, encontramos alguna estridencia en la banda de sonido que también conspira contra la atmósfera que se intenta lograr.  Se que este guión ganó el Concurso organizado en ocasión del Bicentenario, por lo que deduzco que podría haberse extraído mucho más de él. Ruiz seguramente tendrá oportunidades de seguir rodando y apostamos a que la próxima producción supere las previsibilidades que se anticipaban en «La última mirada» y que se cumplieron, casi inexorablemente.

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