«Libano»: mirada claustrofóbica y letal desde el campo de batalla

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En general, el cine bélico moderno está estableciendo parámetros más interesantes en esta última década, a partir de muchos procesos autorreflexivos intensos, en las distintas geografías donde se filman. A ver, «The hurt locker» (ganadora del Oscar), «Waltz con Bashir», «Black hawk down» la francesa «Joyeux Noël (Noche de paz)» , la coreana «Taegukgi (Lazos de guerra)», y más allá, en los 80 y 70’s, las increíbles «Das boot», «Apocalypse now» y alguna otra que se me escapa. En todas ellas, lo que les da sustento es la descripción del corazón de cada combatiente y su relación con camaradas y enemigos. La mirada está siempre puesta en el sufrimiento y dolor que cada hombre que participa en una contienda armada atraviesa, señalando su humanidad, resaltando sus miedos, subrayando su temperamento. Este cine (alejado del típico producto Hollywoodense que suprime las emociones y trae héroes fríos y sanguinarios) colabora a traer luz sobre los aspectos oscuros de la guerra. No importa si es en Irak, Corea o Medio Oriente. Lo cierto es que los conflictos bélicos son estúpidos, inútiles y es bueno que eso lo tengamos presente siempre. Películas como «Lebanon» refuerzan esa concepción y siempre son bienvenidas.

La historia está basada en las experiencias del director, Samuel Maoz, como soldado en el primer día de la Primer Guerra del Líbano, allá por 1982. Nosotros acompañamos el ingreso de Shmulik (Yoav Donat), soldado artillero, a un blindado de su ejército. No tiene mucha experiencia en combate (de hecho, ninguna), aunque todos creen que debería saber que hacer en circunstancias de enfrentamiento con el enemigo. El será nuestros ojos, como se une a la compañía justo sobre el incio de las acciones belicas, nos fundimos con él ante la adversidad de la circunstancia, ninguno de nosotros entiende muy bien como funciona todo (Shmulik y los espectadores), pero está claro que no será un viaje de placer meterse en un tanque e ir a zona de combate. Para quienes no recuerden el conflicto armado, tropas israelíes invadieron el sur del Líbano, en busca de desestabilizar a la OLP, en ese año. Hubo una enorme cantidad de civiles muertos en ese ataque y pasó un tiempo hasta que los invasores revisaron su accionar para dar pasos en relación con la retirada y la negociación. Volviendo al campo de batalla, nos subimos al tanque con el resto del equipo y estamos listos para la contienda. Allí, desde el blindado mismo, seguiremos las directivas radiales que durante un día completo recibe ese grupo: apoyar a la infantería, entregar heridos, atacar ciertos sectores, barrer un territorio que ya fue bombardeado por la fuerza aérea. Tareas que al decirlas, parecen fáciles (el poder de fuego del vehículo es importante), pero llegado el momento, se volverán titánicas y con resultados inciertos.

Como en el comienzo del film mismo, cuando Shmulik, no dispara a una presunto enemigo por no tener valor y temple para ejecutar la orden de matar. Ya en terreno enemigo, el tanque apoyará a sus fuerzas con todo lo que tiene, pero cada paso en busca de su objetivo tendrá un precio, y ninguno querrá pagarlo a la hora de abonar semejante trayecto plagado de peligros y regado de sangre inocente.

«Lebanon» cuenta con una cámara particular. Vemos el exterior como si fueramos el artillero, a través de una mirilla que nos señala el objetivo, y además percibimos los movimientos metálicos de la torreta a cada instante, mientras nos desplazamos barriendo el terreno. Estamos dentro del tanque, así de simple. Este encuadre nos posiciona de manera peculiar, somos parte de la tripulación y lo sentimos en el cuerpo. Ese efecto apoya y destaca cada fotograma de la acción, no dando resquicio para huir de lo que estamos presenciando. Participamos de las discusiones dentro del blindado y nos conmovemos a cada paso de la tarea: la guerra nos atraviesa y entendemos la gravedad del conflicto a medida que avanzamos en el trayecto. El team militar funciona como un reloj, las acutaciones (Itay Irán, Oshri Cohen y Michael Moshonov) son sólidas,  se respira electricidad en el ambiente, hay tensión y enojo, vivimos la guerra con nuestras peores angustias y luchamos por sobrevivir a cualquier precio. Sentimos los tableteos de las ametralladoras y seremos testigos de masacres y enfrentamientos muy sangrientos. La sensación de miedo y claustrofobia está lograda en su máxima expresión.

Esta es una de esas películas que aparecen de vez en cuando en nuestras salas, una joya antibélica que nos humaniza, trayendonos historia y reflexionando sobre el crudo drama de la guerra, para todos y desde el ángulo de quienes la sufren, sean soldados o civiles. No hay ganadores en ningún conflicto armado y eso «Líbano» lo deja claro. De lo más intenso que vimos este año en el género. Pulgares y cascos arriba.

Calificación:

 

(4 Espectadores sobre 5)

 

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