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«Los Amantes Pasajeros»: Todos los azafatos van al cielo

Tiempo de lectura: 5 minutos

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Siempre han dicho que hacer reír es mucho más difícil que hacer llorar, y Pedro Almodóvar es un realizador que siempre ha manejado con gran acierto los dos registros. Si bien en una primera etapa de su carrera, es explícitamente un ávido realizador de comedias,  luego de “Mujeres al borde de un ataque de nervios” (España, 1988), construyó una línea discursiva mucho más melodramática.

Con “Los Amantes Pasajeros” (España, 2013) el realizador intenta volver a la comedia y a la espontaneidad de sus primeras cintas. La película relata la historia de un grupo de personajes bien disímiles entre sí que intentarán en un vuelo a más de 10 mil metros de altura superar sus diferencias y, en algunos casos, explorar o reafirmar su sexualidad

En el vuelo P259 de la aerolínea PENINSULA, la acción tendrá como protagonistas a tres “azafatos” bastante particulares (Javier Cámara, Carlos Areces y Raúl Arévalo) quienes intentarán que los pasajeros reciban el mejor trato durante el viaje (logradísima la escena coreográfica del tema “I’m So Excited” de Pointer Sisters de la que todos hablan) pero sin dejar de molestarse mutuamente para ver quien la pasa mejor (con todas las letras).

Es que al enterarse el piloto (Antonio de la Torre) que uno de los trenes de aterrizaje no funciona, y que deben girar sin rumbo hasta que les den una pista en algún lugar de España, la tripulación y el pasaje se predisponen a todo.

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Claro, ante la perspectiva de un final feo (que el avión se desplome), los azafatos deciden: 1º dormir a toda la clase turista. 2º emborracharse y drogarse, 3° tener sexo desenfrenado con quien sea, 4° hacerles pasar una buena despedida a los que viajan en primera.

En “primera” ó “business” tenemos: una “médium” cuarentona y virgen (Lola Dueñas) que “huele” la muerte, una pareja de recién casados muy ardiente (Miguel Ángel Silvestre y Laya Martí), una dominatriz con secretos (Cecilia Roth), un empresario corrupto (José Luis Torrijo), un hombre con doble vida (Guillermo Toledo) y un mexicano misterioso que lee a Bolaño (José María Yazpik).

La cinta se divide en dos partes. Una primera más clásica y tranquila, en la que poco a poco nos vamos acercando a los protagonistas (y hasta conocemos detalles de las relaciones de algunos de los personajes en “tierra”), y esto obviamente lleva un tiempo porque es una película coral (las mejores películas de Almodóvar, excepto “Todo sobre mi madre” y “Atame!”, han sido corales).

Luego de la noticia de los problemas en el tren de aterrizaje, comienza la segunda parte de la película, la del descontrol. Claramente, la mejor lograda.

Si bien “Los amantes pasajeros” no es de las mejores comedias del director, es una buena oportunidad para acercarse a su universo pop y kitch, en el nuevo siglo, porque sosteniéndose en grandes actuaciones (Cámara, Areces, Roth, Dueñas, por nombras sólo a algunos) y haciendo partícipes una vez más a grandes protagonistas de filmes anteriores en pequeños cameos (Penélope Cruz y Antonio Banderas interpretando a unos maleteros en la escena que abre la cinta, Blanca Suárez), Almodóvar narra una vez más algunos momentos de la movida madrileña de los ochenta (mezcalina, agua de valencia, coreografías, etc.).

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Con esta película intenta darle algún respiro al cine español que crisis mediante, ha marcado uno de los más bajos niveles de producción y asistencia. Dato curioso, las escenas del aeropuerto final han sido rodadas en “Ciudad Real”, un lugar actualmente en desuso y en concurso de acreedores, monstruoso ejemplo de la crisis que el país ibérico atravesó luego de la burbuja inmobiliaria.

Y por qué ese lugar fue el escogido para finalizar la cinta? Porque más allá de la comedia, la música y el sexo, en “Los Amantes…” hay una denuncia, a los medios, a los gobernantes, a los dirigentes, a las clases que no reaccionan frente al desconcierto, el desempleo y demás.

En ese avión imaginario (reconstruido especialmente para la filmación) hay una metáfora de un país que está luchando para “volar” nuevamente, con una clase baja “narcotizada” que nada entiende y compra un discurso conformista, una clase media que intenta desesperadamente cambiar su situación (tripulación) y una clase alta que sólo se queja de sus propios problemas sin ayudar al otro (businnes class).

Para ir al cine sin prejuicios y buscar más allá del humor las pistas para entender el porqué se le hacia necesario a Almodóvar volver a la comedia, a sus títulos coloridos y a contar una vez más con sus actores fetiche.

Anexo de Crítica por Rodrigo Chavero

Fui con muchas expectativa a sala a ver «Los Amantes Pasajeros». Sabía que Pedro (Almodovar), había hecho un producto muy internacional, global, comercial y después de «La piel que habito», estaba convencido de que iba a pasarla muy bien en sala: comedia de enrededos con tinte sexual, actores predispuestos a abordar la homosexualidad desde un costado simpático y divertido… Pero no.

Es cierto que este nuevo opus de uno de los grandes cineastas españoles de las últimas décadas, está filmado con oficio, conserva todas sus marcas de calidad (esas que lo hicieron ser quien es), y presenta un conglomerado de estrellas dispuestas a reirse de sí mismas, en voz alta.

Sin embargo, la liviandad de los conflictos presentados, el tono de desparpajo presentado y los previsibles líneas que traen los protagonistas de esta comedia pseudo coral, la alejan de los mejores trabajos del director. «Los amantes pasajeros» es un film de transición, un espacio chiquito donde hay una historia simple, algunas pequeñas vueltas de tuerca, y mucho colorido, pero poca sustancia. Si el propósito es sólo divertir, cuesta encontrar escenas desopilantes.

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Hay un puñado de cuadros bien planteados (el ya conocido de los azafatos haciendo la coreografía de «I’m so excited», que terminó dando su título en inglés para el estreno en USA), algunos personajes muy almodovarianos (Javier Cámara, algún rasgo de Cecilia Roth), pero lejos del histrionismo de sus perfiles más agudos. En definitiva, la cuestión es entenderla como un divertimento personal del director. Un recreo, dentro de una filmografía increíble. Porque nadie va aquí a negar los valores de Almodovar. Es más, sólo por eso, uno ya debería pagar entrada e ir a sala. La historia, ya la conocen, un vuelo a México.

En el avión, muchos personajes que van por distintos negocios a América Central (desde España), pero, a poco de despegar, vamos entendiendo que los que conducen los destinos del avión, no son precisamente muy confiables. La tripulación, es… bueno, muy especial. Hay un poco de todo, romances de toda clase, dramas personales, intercambios pasionales, el menú habitual de Pedro, sin preocuparse mucho ni por la prolijidad en el relato ni por la intensidad.

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El vuelo tendrá problemas y a partir de estar en el aire mucho tiempo, aflorarán los conflictos entre la tripulación principal y algunos pasajeros. Todo, matizado con buena música y tragos, por supuesto (jugo de naranja con todo lo que se les ocurra…)… Si buscan pasar un buen rato, es probable que «Los amantes pasajeros» les robe alguna sonrisa. También, si no son habitués del cine de Almodovar, que haya algún giro que los sorprenda en el final. En cambio, si lo siguen desde sus inicios, les parecerá una propuesta sin fibra, con poco sabor.

Tiene todos los elementos de la receta clásica a los que nos acostumbró, pero dista de ser de sus más logrados trabajos. Aún así, puede que les regale un buen rato si van predispuestos.

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