«Los Marziano»: Viaje al corazón de una familia disfuncional

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Cuando terminó la función presentación de «Los Marziano» en el BAFICI, donde la vimos, esperé con ansias la palabra de Ana Katz. La esposa de Daniel Hendler (ahora también devenido en cineasta!) es una figura muy prestigiosa en el pequeño círculo de las jóvenes promesas del cine nacional. Sus trabajos anteriores (en especial «El juego de la silla») han llamado la atención de productores importantes del medio, y «Los Marziano» la lleva a jugar en un nivel en el que no la teníamos: intentar una película masiva, con actores de renombre y gran apoyo publicitario. En estas horas, me han llegado muchísimos mensajes preguntándome que pienso de «Los Marziano» y si bien no tuve la oportunidad de intercambiar con colegas la primer impresión, tengo que decirles que lo último de Ana Katz es una propuesta poco usual en nuestra cartelera y que no todos van a salir de la sala satisfechos.

El cine de Ana Katz es personal y su trabajo va en dirección de crear pequeños momentos y anécdotas, usando planos largos y enmarcándolos en personajes contenidos. Si tuviera que definirla con una imagen, la veo como una relojera, un oficio en el que la paciencia, la exacta ubicación de las piezas y su engranaje son marcas distintivas.  Sin duda, su visión del cine la hace elaborar minuciosamente cada elemento para crear un mecanismo de sobrada precisión, de manera que nada parezca costumbrista, sino perfecta y armoniosamente natural . Es un cine particular, lejos de los estereotipos a los que estamos acostumbrados. Ella construye en función de su deseo personal y tiene muy claro lo que quiere transmitir. Cuando alguien quiso saber si los actores habían tenido la posibilidad de expandir y modificar su guión, ella confirmó que nadie aquí improvisó (se nota y mucho) y la película, a pesar de los prestigiosos intérpretes que tuvo, siempre estuvo bajo su pleno control. Lo que vemos (y esto es bueno saberlo, porque a veces un equipo de gente, transforma el libreto de una película y lo lleva a un lugar nuevo, más grupal y menos, individual), es lo que ella y su hermano (los guionistas) siempre quisieron contar.  Su edición final es cómo la soñó desde el primer plano. Sin anticiparles como cierra, les digo que el público va en una dirección (el deseo se palpa en la sala), y ella en otra, en cuanto al abordaje del climáx de la cinta…

Lo cual no está mal, uno no puede pedirle a un artista, digamos, un pintor, que retrate exactamente lo que la masa quiere. El genio en cada talentoso hace que subraye o se interese por determinados aspectos que no a todos nos parecen atractivos. Quiero decir, Ana Katz hizo un film con su sello distintivo (sin renunciar a ninguna de sus convicciones históricas) y una dirección de actores ajustada y coreografiada al extremo, que los veteranos críticos clasifican como comedia, pero que para el gusto local, dista bastante de serla. Me atrevo a definirla como un drama familiar, con pequeñas pinceladas que dibujan sonrisas, y nada más. Indudablemente, esa fue su intención: alejó a un actor muy popular y televisivo como Guillermo Francella de su registro y lo instaló en un rol donde está experimentando, lejos de lo que mejor hace (su llegada más fuerte se relaciona con el humor directo y picaresco, de gestos, bien porteño). Moldeó perfiles únicos para los otros tres integrantes de peso de la historia (Puig, Cortese y Morán) y se animó a mirar una familia disfuncional desde miúsculos episodios que funcionan como espacio de recorrido, distanciados físicamente entre sí.  Katz creó un universo de ritmo pausado donde la coralidad es reina, pero que a pesar de su validez, no termina por conmover al espectador común. Para ver y disfrutar «Los Marziano», hay que tener claro quien llevó las riendas del asunto y aceptar la visión de su directora como original, a pesar de que nuestro gusto, no esté a tono con la manera en la que la trama se desarrolla.

La historia es la de cualquier familia, donde algo en el pasado, fue separando a los hermanos y disgregándolos por la vida. Tres de ellos, Luis (Arturo Puig), Delfina (Rita Cortese) y Juan (Guillermo Francella) conforman el centro de atención, junto a la esposa del primero, Nena (Mercedes Morán). Al primero, las cosas económicamente le salieron bien en la vida, vive en un country con su mujer y su único problema (no parece trabajar, ni interesarse por nada más), es resolver un tema de sabotaje en los campos de golf de su barrio exclusivo. Luis y Juan están alejados desde hace un tiempo largo y no se hablan siquiera. Las razones, iremos conociéndolas por los anecdotarios que desfilan en los diálogos familiares de los que somos testigos. Cuando arranca la película, Luis se cae en un pozo en el green y a partir de ahí, este accidente acentuará sus rasgos más obsesivos y destructivos. Se lastimará (se rompe el brazo derecho) y eso lo llevará a instalar una pseudo investigación policial con sus limitados recursos.

Su hermano no la pasa mejor. Juan, vive en Misiones, en un pueblo pequeño, y su fracaso laboral y financiero es evidente. Una mañana, misteriosamente, deja de leer los carteles del lugar. Ante el asombro de los suyos, él, se manifiesta incapaz de entender el significado de la combinación de letras. Algo grave parece sucederle y su hermana, Delfina, junto a la esposa de Luis, Nena, lo alientan a venir a Buenos Aires a hacerse atender por algún especialista de peso en el tema.

O sea, los dos hermanos, literalmente, «cayeron en un pozo». Un descenso no deseado concientemente que es emergente de que algo, no anda bien aquí y cada uno, a la distancia, lo vive o lo exterioriza de manera diferente. Esta figura, la del «pozo», marca la intención de Katz: están en crisis, algo salió a la superficie (paradojicamente!) y en estas enfermedades (el brazo quebrado y el extraño problema neurológico o emocional) actúan como disparadoras de lo mucho que hay que resolver para restablecer el equilibrio. En ese sentido, el recorrido es casi terapeútico… Eso si, no olvidarse que los Marziano son una familia con todas las de la ley. La interconexión emocional se ve entre todos y está lograda: hay afecto y ternura pero  también afloran las diferencias, las rencillas, los desencuentros. La familia tramará un encuentro para reunir a los hermanos, pero no será fácil conseguirlo. Además, cada uno irá lidiando con su problema en un tono apenas simpático, cerrado pero muy gráfico y reconocible.

«Los Marziano» es la típica película que le gusta a la crítica (por lo personal, por la búsqueda de lenguajes nuevos o por la inspiración en un cine no comercial) y que el público rechaza. A favor de Katz, tiene un poker de ases impresionante. Los cuatro actores en los que recae la acción hacen un gran trabajo. Sus piezas de ajedrez pueblan un tablero equilibrado y marcado que quienes aprecian el buen cine, agradecen. Pero no dejamos de decir, que si no están acostumbrados al sentimiento que esta directora imprime a sus productos, quizás sea bueno ver sus trabajos anteriores antes de ir a ver este último. Es un cine distinto. El espectador, como yo lo llamo, «inmediato», que busca entretenimiento puro y rápido, no encontrará aquí un film de su paladar. Si les gusta lo nuevo, si lo suyo es la emoción contenida y si están abiertos a conocer a una gran directora, bueno, esta es su oportunidad. Una auténtica prueba de fuego a la hora de ver cuán masiva puede volverse una cineasta que elige no contar sus historias desde los enfoques tradicionales, en ustedes, está la respuesta…

 

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