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“Gone Girl” (Perdida): Cuando ella se fue

Tiempo de lectura: 5 minutos

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Nada es lo que parece. “Perdida” es el nuevo thriller de David Fincher, un hombre que sabe del tema, y por lo que se avistaba, parecía casi un film de manual, uno de más de personas desaparecidas y la búsqueda por parte de un ser querido. Pero no, estamos frente a un film que pone la inteligencia en el primer plano, no nos dejemos engañar, esa premisa quizás sea sólo una excusa. Fincher sabe bucear bien en las aguas de la intriga de gente aparentemente “normal”, “La Habitación del Pánico”, “Zodíaco”, “Pecados Capitales”, y “La chica del dragón tatuado” son firmes ejemplo de ello.

Esta vez abandona la ciudad para adentrarse en los suburbios, en esos barrios en los que pareciera que nada malo puede suceder. Nick Dunne (Ben Affleck, enterrando a todos los que critican sus performances) un día se levanta, se dirige al bar que regentea con su hermana, juega una partida en El juego de la vida, cuando vuelve a su casa, Amy, su esposa, ya no está, desapareció. Todo da a sospechar que fue, o secuestrada, o asesinada y ocultada… y no aparece nadie pidiendo un rescate o algo parecido.

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Esta es su base, cómo una vida que pareciera feliz y tranquila se ve alterada por un hecho inesperado, traumático. Mientras la investigación avanza en manos de la detective Rhonda Boney (Kim Dickens), todo el entorno se verá convulsionado, y la figura de Nick se pondrá en el foco de atención. Todo el barrio ayuda en la búsqueda ¿pero realmente conocen a la pareja?. Inteligentemente, en continuos flashback manejados como un diario personal, en voz y presencia de la propia Amy (que además sirvió de inspiración para que su padre creará un popular personaje literario, lo cual complica más las cosas) recorreremos la historia de este matrimonio, pero también, el espectador puede ser manipulado.

En uno de los tantos picantes parlamentos, Nick asegura “Me compadecieron, me juzgaron, me odiaron, ahora me amarán”. Ese es el principal interés de “Perdida”, como la opinión pública puede ser manipulada, a través de los medios, a través de los rumores; importa más el qué dirán que el qué pasó. Las vueltas de tuerca están servidas y nada de lo que uno suponga será como realmente es. Aun así, el manejo ágil que nos ofrece Fincher, sumado a un guión minucioso de Gillian Flynn (que adaptó libremente su novela), hará que la atención nunca se disperse, y que esas casi dos horas y media pasen mucho más rápido de lo que parece.

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Párrafo aparte para quien le pone su cuerpo a Amy, Rosamund Pike. Si Ben Affleck cumple más que satisfactoriamente con su rol de marido con varias capas, no puede evitar quedar en segundo nivel tras el arrollador nivel de la actriz de Identidad Sustituta en el que puede ser su rol consagratorio luego de algunos pasos por otras películas algo fríos. Pike le pone su cuerpo a esta Amy que tiene más para contar de lo que demuestra, se transforma como un camaleón, cambia su ánimo, su temperamento; verdaderamente una actuación brillante.

Estamos frente a un Finchrerm promedio, puede ser este un film suyo por encargo, pero de todas maneras le alcanza para manejar muy bien su rubro. Para crear ese clima tenso y extraño en un lugar en el que pareciera sólo reinar la paz. “Perdida” es uno de los grandes trhillers del año, adeptos al género, que busquen un poco más allá de la receta habitual no la dejen pasar.

Anexo de Crítica por Rolando Gallego

Bucear en el alicaído American Way of Life para construir una obra cínica, despiadada y feroz de un país que vive de apariencias es lo que logra David Fincher en «Perdida» (USA, 2014). Una vez más su habilidad para deconstruir y denunciar un estado de las cosas inmóvil e intocable funciona durante los 150 minutos de una película, que aun mutando en su forma a lo largo del metraje no decae en interés.

Un hombre, Nick Dunne (Ben Affleck), ve como su suerte cambia de un momento a otro cuando su mujer, Amy (Rosamund Pike), desaparece sin dejar rastro el día de su quinto aniversario de casados. Cuando la detective Rhonda (Kim Dickens) y su asistente (Patrick Fugit) comienzan el proceso de investigación se encontraran con un sinfín de indicios que apuntaran directamente a sospechar sobre Nick y su entorno.

La búsqueda de Amy (Pike) se volverá una cuestión de estado, más aun cuando en el pequeño pueblo de Missouri no hay mucho más por hacer más que criticar al vecino y elucubrar las más ridículas hipótesis y teorías sobre el resto de los habitantes.

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Si en sus obras anteriores Fincher había logrado establecer (excepto en la fallida adaptación de «La chica del Dragón tatuado») una clara línea autoral, es en su acercamiento a la TV con «House of Cards» en donde todo se potencia y «Perdida» bien podría funcionar como un spin off de ésta y continuar algunos de los lineamientos planteados, básicamente los que tienen que ver con el matrimonio.

La denuncia sobre la corrupción del sistema judicial, el desenmascaramiento de la mentira detrás del ideal familiar, la hipocresía de los medios de comunicación, y el cinismo como forma de vida, son solo algunos de los tópicos que se exploran en el filme.

A través de planos detalles, paneos, planos secuencias y una sugerente y envolvente banda sonora, Fincher logra generar una película que por momentos de drama de búsqueda desesperada se transforma en thriller psicológico, película de procedimiento policial, drama a la «Belleza Americana» con vestigios de conspiración circundante y reflexión sobre la realidad social.

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A todo esto hay que destacar que por medio de la narración en off y flashbacks como recurso discursivo principal harán que Amy (Pike), la «perdida» del título, posea una presencia más contundente que la del propio Nick (Affleck), que, aun estando todo el tiempo en pantalla, no logra establecer su protagonismo en el filme.

«Perdida» adapta el best seller de Gillian Flynn en una película cruda, que no da tregua, y que pese a poseer una duración extendida no resiente su visionado, básicamente por la habilidad de Fincher de poder ir cambiando el tono y la temática, como así también la focalización sobre la victimización de sus protagonistas en un eterno loop de conspiración y duda. “Perdida” es una de las películas del año.

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