«Prometheus»: El origen

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Les cuento que ví las tres «Alien», como todo buen amante de la ciencia ficción que se precie debería hacer y pienso que la primera es, francamente, insuperable. No es que Ridley Scott no haya hecho buenas cosas, pero aquel «octavo pasajero» de 1979, es una de las páginas grandes en la historia del cine de género. La franquicia fue cosa seria, siempre tuvo alto nivel y transformó en estrella a Sigourney Weaver, sus cuatro episodios (más allá de los desniveles en las últimas dos), tuvieron lo suyo… (no vamos a contar «Alien vs Depredator» aquí).

«Prometheus» es, aunque a Scott no le guste reconocerlo abiertamente, una precuela. El origen de «Alien». De ahí que, si bien podés verla perfectamente sin haber visto las anteriores de la saga, lo ideal es que tengas presente ese universo para que te sea familiar y no te distraiga de lo que vas a vivir.

Extrañamente, al salir de la sala, los colegas intercambiabamos impresiones (no siempre lo hacemos), decodificabamos signos, conductas, pequeñas escenas y homenajes que habíamos percibido durante la película. Cada uno de nosotros tenía un registro distinto de lo que habíamos experimentado. Hay tanta sutileza en el escenario y los recursos desplegados que puede que haya información vital que se te filtre, si no estás atento.

Lo primero que hay que decir, es que este film tiene cierta envergadura filosófica que deja mucha tela para cortar.

Indudablemente, el tema del monstruo en el espacio exterior, atacando a los tripulantes de una nave (lo que ya conocíamos como recorrido, la lucha contra el extraterrestre hostil), era bastante familiar y estaba casi agotado, así que para generar interés en la potencial audiencia, había que instalar una cuestión novedosa, metafísica, que envolviera la trama y la elevara por encima de, al menos, los productos que pueblan el mercado en este tiempo. Sabíamos que a Scott le sobraba pasta para dar batalla. A todo nivel.

Las secuencias de apertura (prestar atención y llegar temprano a la sala, llegar unos minutos más tarde puede ser fatal) preludian lo que será el tono de la película: la búsqueda del origen de la humanidad y las conjeturas que surgen en un grupo de científicos acerca de cómo fue creada nuestra raza.

Una pareja de científicos, Elizabeth (Noomi Rapace) y Holloway (Logan Marshall-Green) descubren en el año 2058 excavaciones que contienen restos que podrían demostrar que los humanos fueron creados genéticamente por una raza alienígena avanzada. Encuentran en varios lugares del planeta una especie de secuencia que podría funcionar como «mapa estelar» para ubicar a quienes crearon vida sobre la tierra. Una corporación privada se hace cargo de la investigación de esa hipótesis y envía a la nave espacial Prometheus a explorar el planeta donde supuestamente se hallan los creadores de la humanidad.

A la cabeza de este equipo corporativo encontramos a Meredith (Charlize Theron), jefa de la expedición y a un particular androide, David (Michael Fassbender), quien será pieza vital para entender mucho de lo que sucede dentro y fuera de la nave.

El resto, se lo imaginan. La nave llega a destino y al comenzar a explorar una cueva particular, comenzarán los eventos esperados…

Es importante si destacar que, al instalar este escenario, «Prometheus» tratará de llevar adelante dos misiones paralelas:

Por un lado, ofrecerse como vehículo de ideas sobre este apasionante tópico (los extraterrestres nos crearon y no Dios? y si así fuera, por qué nos formar parte de nuestra vida, de alguna manera tangible? cómo se generó el ADN humano desde esta conjetura?) y por el otro, dejar contentos a los fans más con una interesante cuota de suspenso de la vieja escuela (ahí si, lo que ya conocemos, persecusiones, ambientes «pegajosos», robots que saben más de lo que dicen, etc, etc…). Funciona entonces la alquimia de «Prometheus»?

Para ser honesto, debo decir que el costado más luminoso es el filosófico, que si aporta material para la discusión y es, por lejos, el más interesante. Las secuencias de acción están bien filmadas aunque el ambiente no es tan claustrofóbico como suponíamos (cosa que se extraña). Sí sentimos que el guión de Jon Spaihts y Damon Lindelof ofrece (al menos en el corte que vimos, quizás en versiones del director más extensas, no sea así) poca fuerza en la caracterización de algunos personajes y un equipo que, excepto el marcado lucimiento de Rapace y Fassbender, no deja recuerdos al cerrar su recorrido.

Sentimos que Scott buscó revitalizar este universo desde un costado místico, que le da sustento al film y que sus seguidores amarán. Sin embargo, para el público más tradicional del género debemos decir que «Prometheus» se toma un tiempo largo para aclimatar la butaca y hacerte vibrar en ella.  Id advertidos.

Más allá de eso, es una buena película y de obligada visión si lo tuyo es la ciencia ficción.

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