«Road July»: en el auto de papá

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La pregunta es ¿qué tienen las road movies que nos movilizan tanto? Ya sea por el paisaje, porque suelen hablar de viajes iniciáticos (de descubrimiento), porque suelen ser historias cálidas, o simplemente porque nosotros también querríamos vivir una historia en el camino; lo cierto es que crean un magnetismo innegable, y si están bien construidas se disfrutan tanto o más que un viaje en sí.

Este es el caso de «Road July,» una amable película argentina, proveniente de la provincia de Mendoza que crea en el espectador la sensación de ser un acompañante más, observador silencioso de un viaje singular.

El director y guionista Gaspar Gómez cuenta la historia, (pequeña), desde dos puntas, la de July, la nena que da título al film, y la de Santiago, el padre al que no conoce. July (la increíble Federica Cafferata) , huérfana de madre que vive con su tía Valeria. Ella (la hermana de su mamá) , está con muchas ocupaciones y por un tiempo no va a poder hacerse cargo de cuidarla. Santiago (Francisco Carrasco en una lograda composición de un hombre irritante pero simpático) vive en su mundo en el que nada más parece que le importa, claro desconoce de la existencia de esa hija de diez años.

Valeria quiere que July pase un tiempo con su abuela en San Rafael, pero no puede llevarla, por eso recurre a su padre, al que le tira dos baldazos, tu ex novia falleció, juntos tuvieron una hija, a la que hay que transportar hasta ese destino.

De ahí en más comienza una clásica road movie argentina en la que padre e hija se descubrirán a sí mismos a lo largo de las rutas mendocinas y dentro de un ponderado Citroën 3cv. Como buen film de caminos, hablamos de una película de personajes, la historia es sencilla y anecdótica como para poner a dos seres extraños a que se crucen en la soledad.

July y Santiago son queribles, personajes de guión pero también deudos de logradas interpretaciones de ambos actores que realmente parecen un padre y una hija que no se conocen. Y hay otro protagonista, el ineludible de este tipo de films, el paisaje, al que Gómez retrata con belleza. Una de las virtudes de «Road July» es encontrar el equilibrio exacto entre una historia cálida, simple, que maneja su propio ritmo – es inútil negar que no estamos frente al frenesí de un tanque – con el profesional cuidado de los rubros técnicos.

El film fue hecho a pulmón con la colaboración de la provincia, pero nada tendrá para envidiar a productor mucho más grandes, el trabajo en fotografía, manejo de cámara y edición es realmente envidiable, y ayuda a que lo que se ve se siga con mayor interés.Vale repetir que no estamos frente a un film para almas que busquen un entretenimiento, «Road July» merece la dedicación y calma del espectador, como en un buen viaje hay que sentarse y maravillarse con lo que se ve por la ventanilla.

Estrenada hace meses en Mendoza esta cinta fue una verdadera sorpresa en la taquilla de dicha provincia, manteniéndose más de diez semanas en cartel y con unas convocatoria muy importante en un complejo cinematográfico mayor; la explicación (si es que se la necesita) tal vez esté en la identificación que provoca.

«Road July» es un pasaje de micro, o las llaves de un auto puestas en el tambor a punto de arrancar; un viaje para que conozcamos a dos personajes, y como se decía en Cars, loo que importa no es la largada ni el resultado del destino final, lo fundamental es disfrutar el trayecto.

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