«Salmon fishing in the Yemen» (Un amor imposible): Nadar contra la corriente

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Venìa esperando con ansias el estreno comercial de «Salmon fishing in the Yemen». La novela en que se basa el guión, es de un inglés ácido como pocos (Paul Torday), quien utiliza la metáfora del título («la pesca del salmón en Yemén») para hablar básicamente, de política. De engaño a los ciudadanos. Y del manejo que la prensa del gobierno hace para manipular la información. Ese es el espíritu del libro, sin dudas. El guionista de «Slumdog Millionaire», Simon Beafoy, fue elegido para transformarlo en una comedia romántica más clásica y menos comprometida ideológicamente.

Lasse Hallström tomó las riendas del asunto (director de «Chocolat» y «The Cider House Rules», gran favorita de este cronista) y reunió un elenco más que interesante para el proyecto cuyas máximas aristas son Ewan McGregor, Emily Blunt y Kristin Scott Thomas. Hay que tener en cuenta que el bestseller de Torday era, si mal no recuerdo, correspondencia, emails, memos, artículos de prensa… El desafío era generar el hilo conductor y alumbrar un producto interesante, dentro del género rom-com.

«Un amor imposible» parte de lo que para nosotros sería un absurdo (alguien en serio puede pensar que con el clima de Yemen se podría plantear pesca de salmones?), presenta un escenario descontracturado, que hay que aceptar para adentrarse en su propuesta.

Conocemos primero a Fred (McGregor), un oscuro técnico del área respectiva (Agricultura y Pesca) quien recibe una petición extraña: es invitado a responder ante la empresa de un jeque «amigo» del gobierno británico, si existe la posibilidad de introducir el movedizo pez en un uadi (cauce seco o estacional) en la región del Yemen. El no tiene mejor idea que aportar alguna estrategia para esa idea, y la gente de prensa del estado que opera en las sombras se pone de buen humor. Patricia, la asesora de imagen del Primer Ministro (Scott Thomas) sabe que de Medio Oriente llegan solo malas noticias y ve el filón para obtener rédito político con el proyecto.

La representante del carismático jeque compuesto por Amr Walked, que lleva adelante la gestión estratégica y el enlace es Harriet Chetode-Talbot (Blunt), una dulce y joven mujer que a pocos días de conocer un novio interesante, lo pierde (militar, el caballero), en una confusa acción de combate, de la que poco y nada se sabe.

Fred y Harriet luego de resolver algunas diferencias, se ponen a trabajar en la delirante idea del título. No quiero olvidarme (dato importante), de decir que nuestro funcionario y pescador  estrella (inventó un modelo de anzuelo y todo!), está casado y en crisis.

La película es muy británica (a pesar de ser dirigida por un sueco). Cuidada en sus aspectos técnicos, irónica de a ratos en los contrapuntos que tiene Scott Thomas con cada interlocutor (no tienen desperdicio), bellamente fotografiada y con dos actores de peso (McGregor y Blunt), quienes despliegan una seducción contenida y simbólica, lejos de lo más tradicional en el género.

En el debe, hay que decir que la historia no logra corporizar con fuerza suficiente el romance de la pareja central. Por mucho que se esfuerzan, no generan la química que enciende a los espectadores.  La idea del absurdo que se esconde en la materialización de la propuesta de pesca, por otra parte, tiene sus desniveles.  De a ratos brilla (cuando el jeque apela a su utopía y se juega la representación de la naturaleza del pez elegido) y por momentos se apaga (en lo mágico de la resolución de los obstáculos que van apareciendo). Esa falta de unidad le juega en contra al producto.

Si debe señalarse tmabién que quizás el registro elegido por Hallström no es todo lo absurdo que necesitaría ser, y su ritmo está lejos de lo que los espectadores latinos prefieren («Love actually» y «Happy-go-luck», son dos ejemplos distintos que ilustran lo que puede el cine inglés dentro de este rango), pero en definitiva, hay que reconocer que «Salmon fishing in the Yemen», se deja ver y hasta puede disfrutarse si se la entiende como un producto singular, más cercano al romance, que a la comedia de sonrisa fácil.

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