«Solos en la ciudad»: Otra rom com a la argentina y van…

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Hace poco leía en alguna revista del medio (creo que en el último número de «Haciendo Cine», pero no puedo asegurarlo), que los directores argentinos de esta camada nueva (un poco posterior al NCA puro y duro), crecieron viendo Hollywood y sus comedias y que esa influencia terminó por filtrarse en sus primeros proyectos al salir a la arena. Ya saben que a nuestra idiosincracia, siempre le cayó mejor el drama costumbrista. Es ahí donde cosechó los mejores resultados en festivales internacionales y nuestro cine marcó diferencias cuando abordaron (aunque sea lateralmente) el tema de los desaparecidos y el gobierno militar posterior al golpe de Estado en 1976.

Es extraño, y saludable, que vayamos saliendo de los dramas y los actores grandes (en edad, digo) protagonizándolos. Me parece saludable que haya sangre nueva que mire y respete al cine comercial, industrial y lo considere vehículo de sus ideas fílmicas. Que quede claro, yo amo el cine. Me engancho con las pochocleras (aunque no me llevo el balde a la sala, prefiero algo más liviano) si me atrae la temática y también la exótica esa (europea, asiática, africana, etc…) que se exhibe en DVD en salas de treinta butacas y que no junta más de 200 espectadores en su única semana de exhibición. Si está bien hecho, lo disfruto y no etiqueto por su procedencia. Por eso, me pone de buen humor que intentemos abrir una veta en el mercado nacional que tenga comedias, de cualquier tipo… Si son románticas, mejor. Creo que tienen una universalidad atrayente y está bien que construyamos en esa dirección. Se hace camino al andar.

Así que «Solos en la ciudad», suma. Antes de entrar a la sala, yo sé que la voy a respetar y valorar por el esfuerzo que significó pensarla siquiera.  Me puse en manos de Diego Corsini (director y guionista) y me entregué a su relato.

Florencia (Sabrina Garciarena) es una abogada relativamente formal que siente que va llegando la hora de encarar objetivos más significativos con su pareja, Santiago (Felipe Colombo). A la salida de una fiesta, los encontramos mirando el río, relajados, felices,… pero no. Algo no anda y en un ratito, ellos se encargan de dinamitar la escena: piensan y sienten distinto sobre los proyectos comunes y eso hace que planteen separarse. El tema central de la cinta es obviamente, recorrer sus historias individuales en las cuales cada uno desde su subjetividad, hará un replanteo forzoso de sus necesidades y posibilidades a la hora de cambiar o volver a apostar por el otro.

Cada uno tiene una fauna de amigotes, conocidos y ex que van a opinar sobre el tema, algunos de buena onda y otros con intenciones de obtener réditos de la cuestión. Habrá situaciones divertidas, que principalmente le van a suceder a Santiago y algunas interesantes discusiones sobre la soledad, el amor y la pareja traídas y recreadas por los secundarios, entre los que se destacan Catherine Fulop (Mariela, una vecina de las necesarias cuando uno entra en crisis) y Mario Pasik, quien se luce como el padre de Florencia (tiene las mejores líneas y aporta mucha claridad en pequeñas dosis). 

¿Es entonces «Solos en la ciudad» una propuesta sólida y redonda? No, definitivamente. La pareja parece desbalanceada, mientras Garciarena es muy carismática y parece haber nacido para este género (es linda y luce natural siempre), a Colombo se le nota cierta confusión en la construcción de su personaje. Está bien que el libro le marca cierto perfil que potencia este aspecto, pero se lo ve… desconcertado y no es sólo por la crisis que atraviesa en la trama, sino nos da la impresión de que le cuesta afirmarse en su rol. Le reconocemos su voluntad (se luce en los momentos divertidos) pero le falta para estar a la altura de su compañera de cartel.

Más allá de eso, creo que donde el film falla es en la creación de esa magia o atmósfera que tienen las grandes comedias románticas donde la platea contiene la respiración ante cada vaivén que acerca o aleja a los protagonistas de su unión definitiva. Quiero decir, no generan esa conexión profunda (perdón pero es así!) que justifica el derrotero que hacen. Quizás sea la falta de química o la manera en que se describen las emociones (y no se viven). Lo cierto es que no logramos identificarnos con ellos a pesar de que deberían ser personajes cercanos a nuestra realidad. Eso resta.

Corsini tiene condiciones y seguramente capitalizará mucha experiencia de este trabajo, así que estoy seguro que sabremos pronto de él y sus nuevos proyectos. «Solos en la ciudad» es despareja pero honesta. Es de los films que se dejan ver, pero de los que esperabamos más.

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