«Sucker punch» (Mundo surreal): la fantasía no todo lo puede

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Nos ha llegado el último trabajo de Zack Synder, tipo controversial en la industria por la dirección que le imprime a sus proyectos.  Synder,  responsable de la aclamada «300»  es un cineasta que se destaca  siempre por sus por abordar el mundo de la fantasía y el comic, recreando el clima que impregna cada historieta de manera que se vistan de carnadura cinematográfica. No siempre le ha ido bien, pero hay bastante respeto en el medio por sus ideas y concepciones y le fue confiado un proyecto bastante poco usual. Aquí, no hay cómic de referencia, sino un guión pensado por el mismo director, en el cual se volcaron muchas influencias de grandes clásicos del cine de acción y aventuras de estos últimos años y esta mezcla, peligrosa, se convierte en un producto altamente inflamable. Ya les anticipo: amarán «Sucker Punch» o la odiarán. Yo? Bueno, es difícil tomar partido en una discusión acerca de los valores que la cinta posee, pero tiendo a creer que hay mucho aporte de otros films que deslucen y desorganizan bastante la película, llegando al punto que le quitan personalidad. Creo que ese es el mayor problema de «Mundo Surreal»: quiere trabajar con varios niveles que se interrelacionan entre sí y éstos no terminan de cerrar por ningún lado.  Tanta parafernalia técnica ayuda, cuando la idea se apoya en personajes creíbles que transmiten emociones. Eso aquí no pasa. La historia es poco convencional. Y no es que eso sea malo en sí, sino que requiere mucho trabajo hacerla llegar al público. Aquí, sentimos que el relato se ladea peligrosamente en cada curva del guión y descarrila. en más de una oportunidad. Cuidado, durante gran parte del film me sentí conmovido por la banda de sonido y las coreografías de batallas pero… No alcanza tener toda una descomunal maquinaria de efectos, buenas canciones que marcan la acción si no se puede enhebrar un relato interesante.

No todo está perdido para «Sucker Punch». Para entender de que hablamos, hay que internarse en la historia que cuenta. Corren los años 50, Baby Doll (Emily Browning) acaba de perder a su madre. Junto a su hermana, ven venir lo que se avecina: su padrastro quiere apoderarse de la fortuna de su difunta esposa y cuando consulta el testamento descubre que las únicas beneficiarias son las chicas. Eso lo enfurece y va directo a lastimarlas, pero en el camino Baby Doll se enfrentará a sus siniestras intenciones y evitará una tragedia haciéndole frente,  pero será acusada porr el hombre de insanía y será trasladada a una clínica neuropsiquiatrica de dudosa reputación. Allí, ingresará como paciente, con el agravante de que en 5 días vendrán a practicarle una lobotomía (la destrucción de los lóbulos frontales sin ablación, procedimiento bárbaro que se practicaba con furor en Estados Unidos en esos tiempos para «curar» los desórdenes psiquiátricos) y si no logra salir de allí antes de ello, su vida habrá terminado.

Baby Doll conocerá a sus compañeras de nosocomio y las prácticas de quienes lo dirigen, pero es tanta la presión que siente, que su cabecita terminará desconectándose de la realidad, y transportándola a otra distinta, en donde sus características personales cambiarán por completo.

Cuando la protagonista atraviesa el umbral que la aleja del mundo físico real, es donde todos nos miramos en la sala y sonreimos. Synder juega a tomar notas de «Inception» y apoya su construcción en tres niveles paralelos que interactúan entre sí. Estrategia poco efectiva, porque falta sustento dramático para convencernos del camino por el que nos lleva: las chicas, a saber, Sweet Pea, Rocket, Blondie y Amber (sus compañeras en el encierro), nunca logran transmitirnos la más mínima emoción por su destino. En su salvaje fantasía, la protagonista llegará ante un gurú que le dirá que el camino para la libertad, surge de enfrentar una serie de batallas y conseguir cinco elementos para poder lograrla. Baby Doll se sumergirá  entonces en batallas titánicas al estilo Kill Bill (otra enorme influencia) y Matrix para mostrarnos como la chica de aspecto inocente se transforma en una guerrera sanguinaria. Su objetivo, completar una serie de misiones para obtener su pase de salida. Cómo? Qué libertad? De qué nivel quiere escapar? Bueno, de todos. Digamos, por no ser medicada en forma, Baby Doll imaginará un mundo y un sendero a transitar para escaparle a la lobotomía. El resultado, se verá. Lo que si nos queda claro es que las actrices son una banda de adolescentes simpáticas con poca ropa. No mucho más. Y si miramos de lejos la diagramación que Synder propone apoyándose en ellas, estamos en el horno.  Browining tiene una apariencia dulce, al igual que el resto, pero nunca parece convencida de lo que está haciendo. Nunca. No importa. Subimos el volumen, que la banda de sonido todo lo puede y seguimos adelante.

Volviendo a la idea central, «Sucker punch» es un film raro. No para cualquiera. Los adolescentes quizás lo amen (está lleno de alusiones destinadas  a afianzar las posibilidades personales de cada uno, es como un libro de autoayuda de a ratos-?-), el resto lo mirará con desconfianza y saldrá de la sala confundido, cuanto menos. Eso si, habrá disfrutado de una selección de canciones con lenguaje de videoclips (porque cada una juega a eso) única. Absolutamente bien lograda. Eso quedará en mi retina, el resto, prefiero olvidarlo. Ir advertidos y no quejarse, el tipo (Synder) es auténtico. Eso no se le puede negar, aunque no siempre alcanza para crear un trabajo aceptable a todo nivel.

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