«Tengo ganas de tí»: crecer duele

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A la hora de mostrar “el mundo juvenil”, el cine ha demostrado poder encararlo desde todos los ángulos posibles, desde las películas de surfistas de los ’60, los parranderos de los ’80 (y dentro de la misma década John Hughes y toda la pesadumbrez de la adolescencia), pasando por las generaciones perdidas de Cameron Crow, Gus Van Sant o Richard Linklater. Pero hay una temática que siempre está presente, el del nacimiento del amor; el descubrimiento de la pasión a la par de ir quemando etapas madurativas; de eso el cine ha hecho uso y abuso, y «Tengo ganas de ti» es una muestra cabal de eso, de lo largamente transitado del asunto.

Lo primero que hay que aclara al espectador desprevenido es que estamos frente a una secuela de «Tres metros sobre el cielo», película de 2010 que retrataba la historia de los adolescentes Hache (Mario Casas) y Babi (María Valverde) en un principio incompatibles, pero al final enamorados aunque conflictuados; se trataba de un melodrama sobre el paso de la adolescencia y había mucha tragedia de por medio. La novela italiana de Federico Moccia (de mismo título) tiene una continuación,y es esta la que ahora el mismo equipo de actores, escritor y director, se encargan de adaptar al cine debido al enorme éxito de la primer parte.

Lo extraño en nuestro país, es que «Tres metros sobre el cielo» no fue estrenada en salas, y no tengo registros de un estreno en DVD, Sí se la puede ver actualmente en rotación continua en un canal de TV Cable Premium (para los interesados); y lo que complica más el asunto, haber visto esta primera entrega es casi esencial para entender varios puntos de la secuela.

Aclaro antes de centrarme en el argumento que necesariamente debo tirar spoilers importantes sobre Tres metros… Aquí, Hache regresa a Madrid desde Londres, luego de la tragedia que sufrió el grupo de amigos tras la muerte de Pollo (Álvaro Cervantes, aquí aparece en recuerdos o visiones) que hizo que todo se derrumbara y él y Babi se separasen indefinidamente. Con todos sus conflictos a cuestas, y sin encontrarse con su ex, ahora se le cruza por su camino Gin (Clara Lago), un alma libre, bailarina, fotógrafa, actriz, cantante, y desprejuiciada. Casi de inmediato comienzan el jugueteo y se enamoran; pero Babi está ahí en Madrid, y a la larga se reencontrarán. Hache/Hugo, Gin/Ginebra, y Babi tienen cada uno un pasado a cuestas, y no sólo deberán lidiar con ellos mismos y sus miedos; también estará la enfermedad de la madre de Hugo, una carga pesada para Gin, y los problemas de la hermana y los padres de Babi… y claro, el recuerdo del Pollo.

Al igual que en la anterior entrega, el director Fernando Gonzáles Molina nos entrega una mezcla de comedia romántica con drama, en este caso no adolescente sino ya joven, veinteañero. El primer problema está en la falta de identificación con los personajes. Se puede optar por reflejar a la propia población o hacer un producto de industria, con pretensión de imitar a Hollywood, quizás aquí se busca eso; al igual que sucede localmente con las producciones de Pol-Ka y algunas de ASF, la película parece un film estadounidense menor doblado al español, y eso le quita mucha frescura. Los personajes son clichés (el hecho de que al nombrar a Ginebra piensen en la bebida y no en el Rey Arturo, ya habla de qué tipo de jóvenes son), repiten frases hechas, pomposas (es más, hasta tiene una página de Facebook dedicada a “sus frases”), y esto además de demostrar su condición de construcción literaria y, otra vez, restarle frescura, los vuelve esquemáticamente cursis, irreales.

Casas es el protagonista exclusivo, y si bien tiene la pinta de una mezcla entre Ryan Reynolds y Taylor Lautner, calladito se defiende mejor; una mueca, una ceja levantada y actúa mejor que cuando habla. Valverde y Lago también son lindas y actúan un poquito mejor que el muchacho. Atención con la hermana de Babi, personaje irritante si los hay tanto en guión como en caracterización.

Algo logrado en sus pretensiones, «Tengo ganas de ti» no envidiará nada desde lo técnico al cine de grandes estudios, la factura en ese sentido no es sobresaliente pero sí correcta. Gonzáles Molina (que también dirigió el despropósito de «Fuga de Cerebro» pero también la muy interesante tira «Los Hombres de Paco») hace un buen uso de un presupuesto que se nota abultado.

En definitiva, gustará a aquellos jóvenes que no tengan mayores pretensiones que ver su telenovela compactada en una duración algo extensa para este film pero aún así corta respecto a algo episódico; y sobre todo, gustará a quienes conozcan y gusten de la primera entrega. El resto puede sentirse algo perdido a pesar de su simple argumento.

 

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