«The Smurfs 2» (Los Pitufos 2): Invasión azul en París

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A la hora de evaluar una saga como «Los Pitufos», nunca hay que perder de vista, a quién está dirigida.
Dentro de la franja del público infantil más pequeño, se encuentra el núcleo «duro» de los fans que llenarán las salas para ver esta nueva entrega. Y esta realización, va directo hacia ellos. No se preocupa por entretener a los grandes que acompañan en la sala, con guiños, diálogos divertidos o algo más.

No señor, aquí, todo es para los niños, así que si llegaron a su butaca con esperanzas de divertirse y tienen más de 9 años, la tienen complicada.
No es que «The Smurfs 2» sea una película mala.

Técnicamente, es superior a la anterior y el 3D es realmente bueno (sí, esperable, tomas aéreas de vuelo, caídas, etc…). Los actores tienen un rol menos protagónico (esto sí me parece un acierto, la edulcorada pareja es de lo más flojo de la anterior y aquí no están en el centro de la escena) y los Pitufos copan el terreno para hacer más travesuras que en su primer film.

Raja Gosnell aprendió la lección y sabe lo que su audiencia quiere: ver todo azul. Es decir, nada de temas muy complicados. Escenas de humor físico, algunas líneas que refuerzan la idea de unidad familiar (y corporativa de la comunidad), y mucho carisma en la Pitufina, que es la real protagonista de esta entrega. Eso ofrece. Lo cual, a los más chicos, les basta. Es así. Nada más.
En esta oportunidad, Gargamel (una composición discutible de Frank Azaria, habría que verlo en su idioma original para ser justos con él), traza un plan para capturar a la única mujer del grupo y obtener de ella el secreto de la esencia «pitufa». Esa que le permite seguir usando magia y amenazar con dominar al mundo.

Como siempre, está con su fiel gato (Azrael) y su varita mágica (un poco descontrolada esta vez, les diría), pero está vez, incoporará a su equipo malvado a dos duendes, fallidos intentos de seres parecidos a su objetivo. Estos dos, serían los «hermanos» de Pitufina (si es que se puede así decirlo!).
La idea es que, una vez capturada la heroína, se la coaccione de alguna manera para que hable. Gargamel entonces hará una tarea de seducción y acercamiento, para lograr su objetivo.
Obvio que Papá Pitufo parte desde su aldea, liderando un grupo un poco más carismático que el anterior y viajan a nuestro mundo (donde el malvado es una estrella de la magia en París). Esta vez la acción transcurre íntegramente en la capital gala (excepto una escena en NY), donde hay un respetable trabajo de ensamble de humanos y animación.

Decíamos entonces que la banda azul va al champiñón (perdón, digo, a la casa) de Patrick (Neil Patrick Harris), quien es padre (sigue casado con Grace, la insípida Jayma Mays) de Azul a pedir ayuda para la tarea de recuperar a la hija «pródiga». De allí, sin escalas a la ciudad luz, donde visitaremos todas sus atracciones más físicas (ya verán porqué lo digo)
La película presenta el conflicto de la adopción (Gargamel sería el papá «biológico» de Pitufina y Víctor -Brendan Glesson-, el padrastro de Patrick que intenta ser aceptado con gran entusiasmo pero carga con el rechazo de su hijastro), y bucea superficialmente sobre el poder del medio para modificar lo que uno lleva dentro.
La historia vuelve varias veces sobre esta cuestión (muy de este siglo, con mayoría de familias ensambladas), pero su planteo es bastante limitado y repetitivo.
Lo interesante, sigue siendo, para los más chicos, ver a los Pitufos haciendo de las suyas.
La línea elegida por el guión, sólo dejará satisfechas las ansias de los más pequeños de la familia. Eso sí, seguro que en la taquilla le irá muy bien y que habrá tercera parte (o tenían alguna duda?).

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