«The whistleblower»(La verdad oculta): las víctimas de la post-guerra

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La historia en la que se basa «The whistleblower» es dolorosamente real. El tráfico de personas es una industria en crecimiento en todo el mundo y este film denuncia con firmeza una situación que amenaza cobrar mayor escala si no se arbitran los medios para detenerla. Pasa en la devastada Europa del Este, pero también sucede en América Latina y en particular, en nuestra tierra. El guión de esta producción se sustenta en la investigación que Kathryn Bolkovac, policía de Nebraska que integraba una fuerza de control de la UN, hizo sobre el tema en Bosnia, hacia el año 1999. Ella denunció connivencias entre los mafiosos que traficaban personas, los mandos policiales locales y los funcionarios y diplomáticos puestos por los organismos internacionales. El resultado es un thriller inquietante cuyos valores superan la media a la que estamos acostumbrados.

Bolkovac (Rachel Weisz) es una mujer polícia que ama lo que hace. Su vida personal es complicada, viene de dos divorcios y le cuesta nivelar la pasión por su actividad con sus relaciones. Tanto es así que el juez que actúa en su última separación le da la tenencia de su única hija a su ex esposo. Para peor, él decide irse a vivir a otra ciudad (Atlanta) y llevarse a la niña, lo que hará que Bolkovac deje de verla. Ante esta perspectiva, la oficial buscará el traslado laboral pero éste le será denegado. Sin embargo, el superior que le da la noticia, le ofrecerá algo tentador: unirse a las fuerzas de control (paz) de Bosnia, bajo la órbita de las Naciones Unidas y recibir un salario de 100000 dólares semestrales. Con ese dinero, ella podría mudarse en un tiempo corto cerca de su hija.

 

Ella acepta y viaja a hacer el trabajo con la convicción de que volverá pronto. Sin embargo en tierras europeas, se destacará por su laboriosidad y entrega profesional rápidamente, lo cual llamará la atención de Madeleine Rees (Vanessa Redgrave), jefa de la oficina de Asuntos de Género de la UN. Esta mujer le propondrá otra tarea, de mayor sueldo y jerarquía, pero sobre todo, la posibilidad de hacer algo con la desprotección que viven las mujeres de la post-guerra: abuso, tráfico y violencia doméstica. Bolkovac se pondrá a trabajar con su habitual entrega al tema y se topará con un bar donde hay trata de personas: usan a las jóvenes (en el libro original, cuenta la autora que son mucho más chicas que lo que vemos en el film) como prostitutas para entretener a todo extranjero y local que lo solicite. De ahí es más, veremos como la investigadora se va enfrentando con distintos niveles de protección (recordemos que los extranjeros en ese contexto tienen inmunidad) y un visible quite de colaboración sobre su accionar. En esa red hay muchas conexiones poderosas que reaccionan frente al ataque y quieren separarla de su búsqueda…Pero a pesar de ello, Bolkovac tratará de rescatar a las sufridas adolescentes que claman por su liberación.

Tarea, que como ya se imaginarán, no será nada fácil.

La canadiense Larysa Kondracki hizo, sin dudas ,un sorprendente debut con este relato coescrito por ella y Eilis Kirwan sobre el testimonio original de Bolkovac (pueden buscar, si el tema les interesa, el que la ex-policía escribió junto a Cari Lynn: «The whistleblower: Sex trafficking, Military Contractors and One Woman’s Fight For Justice», de este año). La película tiene mucho clima de documental (lo cual le da mucha credibilidad a cada escena) y se potencia con la sorprendente actuación de Rachel Weisz en el rol principal. La ganadora del Oscar hace todo bien. Usa los registros adecuados, vibra ante cada conflicto y abre su humanidad como nunca antes, lo cual hace que la audiencia se identifique de inmediato con su lucha. No es una heroína clásica, sólo es una mujer con problemas, que se compromete con el trabajo que hace e intenta mitigar el dolor de sus semejantes. Sí, ya se, son los papeles que mejor le sientan a Weisz («The Constant Gardener», por ejemplo) asi que eso era, en cierta manera, previsible. Enorme tarea.

El resto del cast no se queda atrás. A pesar de la fuerza que concentra todas las miradas (la protagonista), los secundarios se lucen en sus roles. Sólo le basta aparecer un rato a David Strathairn para dejar en claro su jerarquía (en el rol de Peter Ward, analista y jefe de Bolkovac). También aportan luz a la sordidez del relato, dos actrices prácticamente desconocidas para mí. Por un lado, la sufrida Raya (joven ucraniana que es el eje del relato estrictamente policial), jugada con acierto por Roxana Condurache y su mejor amiga, Irka, en la que se luce la hermana misma de la directora, Rayisa Kondracki. Ambas están muy bien y se destacan con las pocas líneas que les toca traer: hay mucho trabajo corporal en estas composiciones y se nota.

«La verdad oculta» tiene reminicencias muy lejanas a » Sérpico», «All the President’s Men» y «Erin Brokovich». En todas ellas se habla del tema de las conspiraciones políticas y cómo los intereses económicos prevalecen sobre las buenas intenciones, siempre. No es éste un thriller de escritorio, debo advertirles. Hay mucha violencia y escenas jugadas que conmoverán a la platea. Sí hay que saludar su estreno y acompañarlo, porque la temática que aborda (el tráfico de personas es la industria de mayor crecimiento delictivo en los últimos años) es muy serio. No debería dejarla pasar, un gran estreno.

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