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«Tootsie»: en la piel de otro

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Tootsie no tiene una traducción literal, pero sería algo así como “bomboncito” o “querida”. Cualquiera que piensa en ese nombre y ve que en el elenco está Jessica Lange, todo parece cerrar, pero no: acá la querida es Dustin Hoffman. Brillante comedia de Sidney Pollack (quien, claro, también interpreta a un papel en la peli) en donde se cuenta la historia de este actor insoportable que nadie quería emplear porque siempre parecía saber más que el resto, no respetaba la opinión de nadie y estaba destinando a hacer lo que para él equivale a Siberia de cualquier profesión: enseñar.

De repente, y subido a su ego de que él puede afrontar cualquier desafío como actor porque es brillante, se presentó a un casting para una mujer de edad avanzada para una telenovela.

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Y quedó. Las situaciones de enredos son monumentales, pero las cosas se complican cuando se enamora de una compañera de elenco, mientras su alter ego está tan poco interesada en los hombres que se convierte en un imán para ellos y debe mantener su papel ante todo para no quedarse sin trabajo y no hacer que la chica se enoje con él.

Hay que tener en cuenta que retrata esa maravillosa época de los 80s en Nueva York, donde actores jóvenes y otros no tanto, se declaraban en paro y trabajaban de otra cosa para apoyar al arte y al desarrollo de las obras del off-broadway.

Estos chicos no se vendían al sistema, sino que trabajaban y se autofinanciaban. El resultado podría ser o no un bodrio, eso no viene a tema, pero es un actor insoportable en su deseo de resaltar y crear, como lo han hecho muchos en el camino.

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Es un clásico porque tiene un ida y vuelta de diálogos y situaciones sin ir a lo obvio, un maravilloso humor con doble sentido y las interpretaciones más lindas que recuerdo de Bill Murray y Dustin Hoffman. Soy de las que creen que Dustin puede hacerte emocionar hasta cuando limpia los vidrios, pero Murray acá demuestra que es un gran secundario.

Ni hablar de la monumental Teri Garr (todos siempre la recordaremos como la mamá de Phoebe en Friends) que hace gala de todos sus dotes de comedia en cada cuadro que aparece. Esa alma sensible y a punto de reventar de inseguridad y presión. Tan tierna que uno entiende por qué nadie quiere nunca decirle la verdad.

Es una gran película, con la dosis justa de mala leche para que el humor funcione y dosifique el romanticismo para no hacerla empalagosa. Como si todo lo anterior fuera poco, hasta en la piel de su alter ego se da el lujo de ser feminista con frases como: “¡Dorothy! Ni cariño, ni Tootsie…¡Me llamo Dorothy!”. Nadie puede pasarla mal con esta gran película, mucho menos olvidarla.

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