«Una mujer sucede»: tres rostros femeninos

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El cine independiente argentino viene abundando en los últimos años en historias de pueblo chico, películas que no sólo cuantan su relato en los personajes sino en la ambientación del lugar en el que se desarrollan. A este estilo, Una mujer sucede, ópera prima de Pablo Bucca, le otorga una vuelta de tuerca más, y es eso lo que la hace llamativa y le permite destacarse pese a ciertas falencias en el resultado final. Ese “giro” se refiere al hecho de contar tres historias en una, tres diferentes historias sobre un mismo personaje para desentrañar el misterio de su personalidad.

 En medio de la tormenta, un hombre, Santos (Eduardo Blanco) llega a un pueblo aparentemente abandonado, el único lugar que encontrará es el velatorio de una mujer, mujer de la cual desconocemos su nombre y todo dato. En ese solitario y extraño velorio se encuentra el encargado, Villalba (Oscar Alegre) que no sólo le ofrece refugio sino jugar una partida en las cartas; y más tarde se les suma Fernández (Alejandro Awada). Sorpresivamente, estos tres dicen conocer a la muerta, pero cada uno tiene una visión diferente de ella; y así conoceremos sus puntos, sus historias con ella (Viviana Saconne) y finalmente descubriremos quién es… o lo quien nos dicen que es.

Estos ocasionales “camaradas” tuvieron cada uno su romance, pero si bien se trata de la misma mujer, no lo parece, son disímiles entre sí, y en eso estará el desentrañar el misterio. Basada en una novela de Luis Lozano, Una mujer sucede tiene un comienzo interesante, atrapante, misterioso; el problema es que no mantiene el mismo ritmo durante su corta duración.

En su comienzo pareciera adentrarse en una atractiva resolución, hace un buen planteo, casi de film negro; pero pasado ese fuerte arranque se diluye en situaciones más costumbristas, que abren el abanico de género llevándolo al camino del drama, e indefectiblemente la hacen mucho menos interesante, más rutinaria.

Técnicamente sería incuestionable, o por lo menos no se le puede exigir a una producción claramente “económica”; puede ser algo pobre en recursos, pero sabe hacer buen uso. Lo mismo sucede en el plano actoral, el trío masculino aporta buenos labores aunque estan algo atados por cierto esquematismo de guión/novela. Por su parte a Saconne (extrañamente algo avejentada) cuesta no verla en una imposición más “telenovelesca”, igualmente es remarcable la tarea de interpretar a tres mujeres diferentes, aunque sean una sola.


En la bifurcación está el dato de «Una mujer sucede», como historia a narrar no es demasiado sorprendente, pero sí atrae el hecho de poder ver que la personalidad de alguien puede no ser una sola; y así mismo, descubrir cuanto de realidad y cuánto de visión “personalizada” hay en cada relato, y por lo tanto, cuánto de sí mismos Santos, Villalba y Fernández vieron en su concepción de este enigma de mujer.

En definitiva, se está ante un film que comienza con expectativas altas, y al saberse no poder cumplirlas opta por los caminos más convencionales; no es del todo una mala idea, la película llega a buen puerto, con un ritmo más pesado, con un paisaje ya visto, pero concreta su viaje, su planteo, y eso, por lo menos, ya es algo.

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